
En Colombia casi no hay Día del Padre sin «Mi viejo». Suena en la emisora mientras se pela la papa para el almuerzo, suena en el carro camino a la casa de la abuela, suena en el celular de alguien que no alcanzó a decirle a su papá lo que quería decirle. Es de esas canciones que no se escuchan: se lloran.
Lo que mucha gente no sabe es que el hombre que la cantaba quiso ser sacerdote.
Quién fue
Piero Antonio Franco De Benedictis nació el 19 de abril de 1945 en Gallipoli, en el sur de Italia. Llegó niño a la Argentina con su familia, y creció entre Banfield, en el conurbano de Buenos Aires, y Allen, un pueblo de Río Negro.
De muchacho entró al seminario de Villa Devoto con la idea de ordenarse. Allí, en 1964, quedó grabada una de sus primeras canciones, y allí se le despertó la sensibilidad por la gente que después iba a llenar todo lo que cantó.
No se ordenó. Dejó el seminario, pero no dejó a la gente.
Le cantó a quienes nadie nombra
Con el poeta José Tcherkaski armó una dupla que duró casi tres décadas. La letra de «Mi viejo» es de Tcherkaski: la escribió pensando en su propio papá, un inmigrante ruso que llegó a la Argentina en 1930 y murió cuando José tenía catorce años. Piero le puso la música y la voz, y la canción se volvió de todos los hijos y de todas las hijas.
Después vino «Pedro Nadie», que ganó en 1970 un festival en Río de Janeiro. Un hombre sin nombre, puesto en el centro de la canción.
Jesús hizo lo mismo en una de sus parábolas:
«Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico.»Lucas 16:19-21 · Reina Valera 1960
Fíjate en el detalle: el rico, que tenía todo, no tiene nombre. El mendigo de la puerta, sí. En el relato de Jesús importa quien nadie miraba. Y eso, más que cualquier sermón, es el evangelio.
La canción protesta más vieja
En 1973 Piero sacó un disco que se llamó «Para el pueblo lo que es del pueblo». La idea es tan sencilla que asusta: devolverle a la gente lo que es suyo.
Esa denuncia no la inventó la canción protesta. En el evangelio de Lucas, la primera canción la canta una muchacha embarazada, de un pueblo sin importancia, y es una canción protesta:
«Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.»Lucas 1:52-53 · Reina Valera 1960
María canta que Dios le da la vuelta a la mesa: quienes estaban arriba quedan abajo, y quienes pasaban hambre se sientan a comer. Nos acostumbramos a recitarlo bonito en Navidad y se nos olvidó que es una denuncia.
Por cantar, el exilio
En los setenta Piero cantó «Que se vayan ellos», contra la represión. Y por canciones como esa, el que tuvo que irse fue él: a comienzos de 1976 intentaron secuestrarlo en Buenos Aires, y se exilió en Italia y después en España.
Cerca de Madrid se dedicó a la tierra, a una huerta orgánica. Volvió a la Argentina en 1981, cuando la dictadura entraba en su final, y en los años siguientes armó granjas educativas para adolescentes de barrios vulnerables.
Me gusta esa imagen: un hombre que expulsan de su casa por cantar, y que en tierra ajena, en vez de amargarse, siembra. La semilla que se entierra, el árbol que crece despacio, el fruto que otros comen. Jesús habló así del reino.
Colombiano por la paz
Colombia le dio la ciudadanía en 1994, y lo nombró embajador de la paz. Piero se lo tomó en serio: cantó gratis en Urabá y en el resguardo de López Adentro, en el Cauca, regiones golpeadas por la violencia. Cuando se negociaba la paz se sentó a hablar con las guerrillas, en La Habana y en Medellín, y en 2016 apoyó el sí.
Ese mismo año recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical, y dijo algo que dice mucho de él: «Ser colombiano es más importante que recibir un Grammy». Y sobre nosotros dijo esto: «Uno no puede creer que seres tan hermosos, tan lindos y un país tan maravilloso, no pueda ponerse de acuerdo».
«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.»Mateo 5:9 · Reina Valera 1960
Hijos e hijas de Dios no son quienes predican la paz de lejos, desde la comodidad. Son quienes van hasta donde está la herida.
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Pan y paz
La canción que más se volvió oración sin pedir permiso fue «Soy pan, soy paz, soy más». Acompañó el regreso de la democracia en el Cono Sur.
Pan y paz. Lo primero que Jesús nos enseñó a pedir para el día fue el pan:
«El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.»Mateo 6:11 · Reina Valera 1960
Y la paz era lo que repartía cuando partía ese pan en la mesa con quienes nadie invitaba: los publicanos, las mujeres de mala fama, los enfermos, los extranjeros. El reino de Dios cabe en una mesa así.
Por qué lo traigo aquí
Porque no hace falta un púlpito para anunciar el reino. A veces basta poner a los últimos en el centro y negarse a odiar. Piero lo hizo durante más de sesenta años, con una guitarra.
Él mismo lo dijo sin adornos: «Yo soy un hombre común, con buenas intenciones, ese es el legado más allá de la música».
Un hombre común que le cantó al viejo cansado, al Pedro que no era nadie, al pueblo despojado y a un país que no lograba ponerse de acuerdo. Si eso no se parece al amor al prójimo, no sé qué se le parece.
Gracias, Piero.
No le hizo falta ordenarse para anunciar el reino: le bastó una guitarra y los últimos en el centro.





