TeoCotidiana
Una mano sostiene un plato de comida en una cocina humilde
Reflexión
· 6 min de lectura

¿De qué nos salva Dios?

Nos enseñaron que la salvación es lo que pasa después de morirnos. Y mientras tanto, la vida se nos está pasando aquí.

La salvación del evangelio no empieza cuando te mueres. Jesús salvaba a cada persona de lo que la estaba matando ese día: el hambre, la enfermedad, la vergüenza, la soledad. Preguntarte de qué te salva Dios hoy no es rebajar el evangelio. Es tomárselo en serio.

A alguien, en algún momento, le pareció buena idea hacer una lista. Estas son las cosas que todos deben creer. Estas son las cosas que todos deben aceptar. Estas son las maneras en que todos se deben vestir.

Una lista de chequeo es cómoda. Le facilita mucho la vida a quien administra una denominación: uno mira, marca, y ya sabe quién está adentro y quién está afuera. El problema es lo que pasó al armarla. Se metieron como fundamento dogmas específicos que en realidad son secundarios, y se sacaron del fundamento varias de las ideas universales del evangelio.

Y una de las casillas donde eso se nota más es la de la salvación.

De dónde nos viene la costumbre de no preguntar

Esto tiene una historia y vale la pena contarla, porque cuando uno la conoce deja de sentir que está haciendo algo malo al preguntar.

A comienzos del siglo XX, en Estados Unidos, unos autores cristianos se enfrentaron a otros. Los que llamaban liberales estaban buscando en Jesús un mensaje para la modernidad, y para eso lo desmitificaban: querían llegar a lo fáctico, a lo que se pudiera sostener con un acercamiento científico. A un grupo de cristianos de otras líneas eso no le gustó nada, y publicaron una revista que se llamó Los fundamentos.

Ahí se codificaron las creencias sobre las que no podía haber ninguna duda. Sobre esos temas no se preguntaba: se creía. Esto es así y punto.

De ahí venimos. No de la Biblia: de una pelea editorial de hace cien años, en otro país, en otro idioma. Y esa costumbre de estandarizar lo que se debe pensar —y de mirar feo al que pregunta— se nos quedó pegada como si fuera parte del evangelio.

Nos enseñaron que la salvación pasa después de la muerte

El marco con el que entendemos lo salvífico es la muerte. Cuando alguien pregunta de qué nos salva Dios, la respuesta que a todos y todas nos enseñaron tiene que ver con lo que va a pasar cuando nos muramos: la obra de Jesús viene a salvarnos del infierno, del castigo eterno, de las llamas donde hay llanto y crujir de dientes por los siglos de los siglos. Para que podamos estar en el cielo, donde hay fiesta y cantos por los siglos de los siglos.

Y no vengo a decirte que eso es mentira. Vengo a decirte que se nos volvió lo único, y que esa idea inundó tanto nuestra manera de pensar lo divino que descuidamos la obra del evangelio en el día a día nuestro y en el de las personas que tenemos al lado.

Evangelio significa buena noticia. Y una buena noticia que solo sirve después del entierro es una noticia bastante rara. Nosotros y nosotras somos seres emocionales, seres que piensan y seres con cuerpo. Si la salvación de Dios no toca esas tres cosas hoy, entonces no está tocando nada de lo que somos.

Jesús salvaba a cada quien de lo que tenía encima

Cuando uno se acerca al evangelio encuentra a un Jesús que salva a las personas según su necesidad concreta.

Si alguien llegaba enfermo —enfermo, no con hambre— él no le daba de comer: lo curaba. Si alguien llegaba con hambre y no enfermo, le daba de comer. Ese dar, ese darse, era la salvación específica para esa persona específica, en ese momento específico, en esa realidad específica.

Fíjate en las veces que Jesús dice tu fe te ha salvado. Nunca se lo dice a alguien que acaba de recitar un credo. Se lo dice a gente que se le acercó con lo que traía encima.

La mujer que llevaba doce años sangrando se acercó con una idea muy clara: que él podía salvarla de esa enfermedad. Doce años gastando lo que tenía en médicos, doce años impura según la ley, doce años sin poder tocar a nadie sin volverlo impuro también. Se acercó por detrás, a tocarle el borde del manto, porque ni siquiera se sentía con derecho a pedirlo de frente. Y Jesús le dijo: tu fe te ha salvado.

La mujer que le lavó los pies con lágrimas no llegó con una enfermedad. Llegó con otra cosa: con el peso de ser señalada en su propio pueblo, con una necesidad emocional y social muy concreta. Y Jesús le dijo lo mismo.

De tanto pensarnos una salvación venidera se nos olvidó revisar cuáles son las salvaciones cotidianas con las que el evangelio quiere llenarnos.

Los infiernos que uno vive antes de morirse

Hay un infierno que no es un lugar futuro. Es no saber cómo va a pagar uno el arriendo del mes que entra. Es la enfermedad que no se le quita a la mamá de uno. Es levantarse a las cuatro de la mañana durante años a un trabajo que no alcanza. Es el hijo que no llama. Es la culpa que uno arrastra desde hace tanto que ya la confunde con su propio carácter. Es sentarse en la última banca de una iglesia donde uno creció y sentir que ya no cabe.

De eso también salva Dios. No después: ahora, y casi siempre a través de alguien.

Y ahí está la parte incómoda, porque si la salvación es cotidiana, entonces también es tarea nuestra. Al enfermo lo curaba él; a la gente con hambre le dio de comer con lo que unos discípulos consiguieron. Una iglesia que solo sabe hablar del más allá se libra muy barato del más acá.

La pregunta que sí importa

En un intento por estandarizar el mensaje cristiano nos olvidamos de las realidades particulares. Y las realidades particulares son las personas.

Jesús fue —y es— salvación de los infiernos que cada uno vivía y vive, en el contexto que le dibujó las historias en las que está enmarcado. El tuyo no es el mío. Por eso la lista de chequeo nunca iba a funcionar.

¿De qué te salvó Dios a ti?

Primera lámina del carrusel

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10 láminas · @teocotidiana

Una taza de café sostenida en la mano, con tejados y montaña al fondo
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Se llama «Nuevos Comienzos» y habla del miedo que da empezar algo. Lo escribí pensando en cuando estaba arrancando el pódcast y llevaba meses sin atreverme a grabar.

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Jesús para la vida real, de Tomás Castaño Marulanda
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Prólogo de José Chacón · Tomás Castaño Marulanda
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Hablan del libro

De las páginas «Hablan de…» de la edición impresa
Si este libro es tu primera aproximación al evangelio, felicidades, te vas a inmunizar contra la religiosidad
Cesar Soto · Chile
Escritor. Pastor Asociado en Austin New Church y pastor de la comunidad «Amor Original». Maestría en Estudios Teológicos Latinos, Palmer Theological Seminary.
No aporta ningún enfoque teológico nuevo, ni propone un nuevo acercamiento doctrinal a la vida cristiana… y esa es la buena noticia
Noa Alarcón · España
Editora y traductora especializada en teología y ciencias bíblicas. Estudió Filología Hispánica y Hebrea.
Su autor vuelve a narrar la historia con una cercanía y ternura que contagian el deseo de volver nuevamente a los brazos de Jesús
Almendra Fantilli · Argentina
Licenciada en Comunicación Social y fotógrafa. Directora del documental «El Culto».
Tomás contribuye en buena hora a recordar que estamos en mora, con dos milenios de atraso, y lo hace por una vía que no goza de buena prensa: abordar preguntas simples, sin pedigrí
Alvin Góngora · Colombia
Master en Estudios Teológicos. Docente universitario. Editor de Traducciones en Tearfund. Editor de este libro.
Puede ser el texto que al leerlo te haga sentir menos sola y enajenada en la ola de pensamientos que de pronto llegaron a cuestionarlo todo
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Doctora en geografía humana. Docente de la Universidad de Barcelona.
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Sergio Ramírez Lozano · Colombia
Director de traducciones e interacción bíblica, Sociedad Bíblica Colombiana. Ph.D. en Psicología y Magíster en Ciencias Bíblicas.
Lo que viene · en construcción

Dios sigue ocurriendo

El devocional. Veintidós capítulos que siguen a Jesús desde el pesebre hasta las heridas que conservó después de resucitar — no para explicarlo, sino para encontrarlo donde uno vive.

Todavía no tiene fecha. Quien esté en la lista de correo se entera primero, y verá capítulos sueltos antes de que salga.

Avísame cuando salga
I

Dios se acercó

Nació pequeño, en la noche, en el exilio, en la vida ordinaria.

II

Jesús y la vida humana

Se cansó. Lloró. Tocó lo intocable. Puso una mesa donde cabes.

III

El Reino y la humanidad

El diablo también ofrecía poder. El padre salió corriendo.

IV

La cruz

El templo lo enojó. No se haga mi voluntad. ¿Por qué me has abandonado?

V

Resurrección y esperanza

Tomás necesitó tocar. Lo reconocieron. Conservó sus heridas.

Tomás Castaño Marulanda
Quién escribe esto

Tomás Castaño Marulanda

Crecí en un barrio pobre, violento y peligroso, con todas las carencias imaginables y todos los peligros imaginables. La iglesia local en la que crecí me salvó la vida: me dio un lugar, me dio identidad, me dio el amor que necesitaba para ser fuerte frente al contexto, y me dio razones para no aceptar las ofertas de dudosa procedencia que el barrio siempre tenía listas para un muchacho como yo.

Y en esa misma iglesia me tocaron las espinas. Cuando empecé a hacer preguntas que desbordaban las respuestas permitidas por el pastorado, se explotó la burbuja. Salí abruptamente del lugar donde me había construido durante años y me quedé sin saber a dónde pertenecía.

Ya sé que la metáfora de la rosa es un cliché. No encontré ninguna otra que se adaptara mejor. He sufrido las espinas del cristianismo y también he vivido su belleza, el olor a dulce, la alegría de la esperanza. Y creo que hay algo que decir en las dos direcciones.

Hay espinas que nunca debieron existir: el abuso psicológico, emocional, espiritual y también sexual, cometido por personas y organizaciones que alegando ser agentes de Dios actuaron como el diablo. Cuando escribo sobre eso no lo hago desde afuera. Y frente a esas heridas sigo creyendo que la belleza de Jesús tiene una caricia de sanidad.

De ahí salió TeoCotidiana: reflexiones diarias sobre Jesús, escritas en los ratos libres. Después vinieron el pódcast y Jesús para la vida real, con prólogo de José Chacón. Ahora estoy escribiendo dos libros más: un devocional que se llama Dios sigue ocurriendo y otro que se llama Qué cristianismo tan extraño.

Camino buscando aportar en la construcción de una iglesia donde los rechazados y las rechazadas, las ovejas negras, encuentren aceptación y cercanía.

«El lugar más alto al que quiero que me lleve Dios es a los pies de las personas.»

Esto no es la verdad verdadera. A lo sumo son ideas que me han acompañado, y que te dejo aquí por si te sirven en el camino.

El pódcast

Dieciocho episodios sobre las preguntas que en la iglesia se responden rápido y en la vida no.

Todos los episodios
018Verdadera alabanza y adoración
017No es la palabra de Dios
016Una fe subversiva
011El cristianismo es un proceso
009El infierno
008¿Diezmar o no diezmar?
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