TeoCotidiana
Una mesa larga servida en un patio, con varias sillas vacías
Reflexión
· 6 min de lectura

¿Quién puede sentarse en nuestra mesa?

Toda casa tiene sus señas. Y con esas señas aprendimos, sin darnos cuenta, a saber quién es de la casa y quién no.

A Jesús lo acusaron de comer con la gente equivocada. No era un descuido: era el método. Con quién se sienta una iglesia dice más de ella que su declaración de fe.

Toda casa tiene sus señas. La forma de orar. El vocabulario. La ropa del domingo. La lista de lo que uno no hace.

Nadie las escribió en ninguna parte. Uno las aprende viendo: cómo se saluda, cuándo se dice amén, qué canciones se saben de memoria, qué chiste se puede hacer y cuál no. Y con esas señas, sin darnos cuenta, aprendimos algo más: a saber quién es de la casa y quién no.

Es rapidísimo. La persona entra, abre la boca, y en treinta segundos ya sabemos si es de los nuestros. No lo decimos. No hace falta.

Quién no podía subir al templo

Esto no lo inventamos nosotros. En tiempos de Jesús había gente que sencillamente no podía acercarse a Dios, y las razones eran de dos tipos.

Unos no podían por impuros: la ley les cerraba la puerta. Otros no podían por plata: llegar al templo costaba, y el animal del sacrificio costaba más. Y estaba el que juntaba las dos cosas — el enfermo y pobre, doblemente rechazado, doblemente segregado. Y todavía había un escalón más abajo: ser pobre, enferma y mujer. Un rechazo mucho más grande, mucho más profundo, mucho más difícil de sobrellevar.

Y estaban las brechas morales, que son las que todavía nos cuestan. Quienes no se consideraban aptos para acercarse a Dios, pues no se acercaban. Las prostitutas, las mujeres de mala fama, porque eran impuras. Los recolectores de impuestos, que trabajaban para el imperio. Los zelotas, que querían tumbarlo a la fuerza.

Esas son, exactamente, las personas de las que Jesús se rodeaba.

«Amigo de pecadores» era un insulto

Dime con quién andas y te diré quién eres. Los fariseos decían de Jesús que era amigo de pecadores, y no lo decían como elogio: lo decían como prueba. Si anda con esos, tiene que ser uno de esos.

«Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.»Lucas 5:30-32 · Reina Valera 1960

Fíjate dónde ocurre la escena. No en una discusión teológica ni en una plaza: en una comida. Y fíjate en el verbo del reclamo: coméis y bebéis. Lo que los escandalizaba no era lo que Jesús enseñaba. Era con quién se estaba sentando.

Porque comer con alguien, en esa cultura, no era un trámite. Era decir públicamente: este es de los míos.

A la diestra de las prostitutas, los zelotas y los publicanos

A nosotros nos enseñaron la escena final: Jesús sentado a la diestra del Padre. Y es una imagen preciosa, no la estoy discutiendo.

Pero los que la escribieron llegaron ahí después de un proceso. Antes de verlo allá, lo vivieron sentado a la diestra del campesino, del pescador, de la pecadora. De hombres y mujeres que eran impuros e intocables. De trabajadores rasos, de perseguidos políticos, de desplazados. De gente que había vivido la dificultad de la vida, porque la vida en general es difícil.

No podemos pretender ver a Jesús sentado a la diestra del Dios Padre si no estamos dispuestos a verlo sentado a la diestra de las prostitutas, los zelotas y los publicanos.

Ese es el orden. Primero la mesa de acá, y desde ahí se entiende la de allá.

La mesa no es nuestra

Y aquí está el error que cometemos con las mejores intenciones: creer que la mesa es de la casa, y que por lo tanto nosotros decidimos quién entra.

Cuando decimos «todos son bienvenidos» pero la señora que llega distinta se sienta sola las tres primeras veces, la frase no significó nada. Cuando el muchacho pregunta algo que incomoda y le cambiamos el tema con cariño, ya le dijimos que no cabe. Nadie lo echó. No hizo falta: las señas de la casa hicieron el trabajo.

Yo también las usé. Durante años supe, apenas alguien abría la boca, si era o no era de los nuestros. Y me sentí muy cómodo sabiéndolo.

Poner un puesto más no es un gesto de generosidad nuestro. Es reconocer que el que invita no somos nosotros.

¿A quién no has invitado nunca a tu mesa?

Primera lámina del carrusel

La versión corta salió en Instagram
9 láminas · @teocotidiana

Una taza de café sostenida en la mano, con tejados y montaña al fondo
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Se llama «Nuevos Comienzos» y habla del miedo que da empezar algo. Lo escribí pensando en cuando estaba arrancando el pódcast y llevaba meses sin atreverme a grabar.

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Jesús para la vida real, de Tomás Castaño Marulanda
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«Jesús para la vida real» es un grano más en medio de muchos y muchas que están alzando la voz y sus historias para que estén al servicio de la gente y sus necesidades y sus procesos.

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Prólogo de José Chacón · Tomás Castaño Marulanda
Edición independiente · ISBN 979-8371758729

Hablan del libro

De las páginas «Hablan de…» de la edición impresa
Si este libro es tu primera aproximación al evangelio, felicidades, te vas a inmunizar contra la religiosidad
Cesar Soto · Chile
Escritor. Pastor Asociado en Austin New Church y pastor de la comunidad «Amor Original». Maestría en Estudios Teológicos Latinos, Palmer Theological Seminary.
No aporta ningún enfoque teológico nuevo, ni propone un nuevo acercamiento doctrinal a la vida cristiana… y esa es la buena noticia
Noa Alarcón · España
Editora y traductora especializada en teología y ciencias bíblicas. Estudió Filología Hispánica y Hebrea.
Su autor vuelve a narrar la historia con una cercanía y ternura que contagian el deseo de volver nuevamente a los brazos de Jesús
Almendra Fantilli · Argentina
Licenciada en Comunicación Social y fotógrafa. Directora del documental «El Culto».
Tomás contribuye en buena hora a recordar que estamos en mora, con dos milenios de atraso, y lo hace por una vía que no goza de buena prensa: abordar preguntas simples, sin pedigrí
Alvin Góngora · Colombia
Master en Estudios Teológicos. Docente universitario. Editor de Traducciones en Tearfund. Editor de este libro.
Puede ser el texto que al leerlo te haga sentir menos sola y enajenada en la ola de pensamientos que de pronto llegaron a cuestionarlo todo
Ana Belén · Ecuador
Doctora en geografía humana. Docente de la Universidad de Barcelona.
Este libro ayudará a una generación a ver cuán hermoso es Jesús en verdad
Sergio Ramírez Lozano · Colombia
Director de traducciones e interacción bíblica, Sociedad Bíblica Colombiana. Ph.D. en Psicología y Magíster en Ciencias Bíblicas.
Lo que viene · en construcción

Dios sigue ocurriendo

El devocional. Veintidós capítulos que siguen a Jesús desde el pesebre hasta las heridas que conservó después de resucitar — no para explicarlo, sino para encontrarlo donde uno vive.

Todavía no tiene fecha. Quien esté en la lista de correo se entera primero, y verá capítulos sueltos antes de que salga.

Avísame cuando salga
I

Dios se acercó

Nació pequeño, en la noche, en el exilio, en la vida ordinaria.

II

Jesús y la vida humana

Se cansó. Lloró. Tocó lo intocable. Puso una mesa donde cabes.

III

El Reino y la humanidad

El diablo también ofrecía poder. El padre salió corriendo.

IV

La cruz

El templo lo enojó. No se haga mi voluntad. ¿Por qué me has abandonado?

V

Resurrección y esperanza

Tomás necesitó tocar. Lo reconocieron. Conservó sus heridas.

Tomás Castaño Marulanda
Quién escribe esto

Tomás Castaño Marulanda

Crecí en un barrio pobre, violento y peligroso, con todas las carencias imaginables y todos los peligros imaginables. La iglesia local en la que crecí me salvó la vida: me dio un lugar, me dio identidad, me dio el amor que necesitaba para ser fuerte frente al contexto, y me dio razones para no aceptar las ofertas de dudosa procedencia que el barrio siempre tenía listas para un muchacho como yo.

Y en esa misma iglesia me tocaron las espinas. Cuando empecé a hacer preguntas que desbordaban las respuestas permitidas por el pastorado, se explotó la burbuja. Salí abruptamente del lugar donde me había construido durante años y me quedé sin saber a dónde pertenecía.

Ya sé que la metáfora de la rosa es un cliché. No encontré ninguna otra que se adaptara mejor. He sufrido las espinas del cristianismo y también he vivido su belleza, el olor a dulce, la alegría de la esperanza. Y creo que hay algo que decir en las dos direcciones.

Hay espinas que nunca debieron existir: el abuso psicológico, emocional, espiritual y también sexual, cometido por personas y organizaciones que alegando ser agentes de Dios actuaron como el diablo. Cuando escribo sobre eso no lo hago desde afuera. Y frente a esas heridas sigo creyendo que la belleza de Jesús tiene una caricia de sanidad.

De ahí salió TeoCotidiana: reflexiones diarias sobre Jesús, escritas en los ratos libres. Después vinieron el pódcast y Jesús para la vida real, con prólogo de José Chacón. Ahora estoy escribiendo dos libros más: un devocional que se llama Dios sigue ocurriendo y otro que se llama Qué cristianismo tan extraño.

Camino buscando aportar en la construcción de una iglesia donde los rechazados y las rechazadas, las ovejas negras, encuentren aceptación y cercanía.

«El lugar más alto al que quiero que me lleve Dios es a los pies de las personas.»

Esto no es la verdad verdadera. A lo sumo son ideas que me han acompañado, y que te dejo aquí por si te sirven en el camino.

El pódcast

Dieciocho episodios sobre las preguntas que en la iglesia se responden rápido y en la vida no.

Todos los episodios
018Verdadera alabanza y adoración
017No es la palabra de Dios
016Una fe subversiva
011El cristianismo es un proceso
009El infierno
008¿Diezmar o no diezmar?
El primer capítulo, gratis «Nuevos Comienzos» en PDF · te llega al correo

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