TeoCotidiana
Una loma alargada con forma de casco de barco, entre cerros secos, al oriente de Turquía
La formación Durupınar, Turquía, en 2009 · Zorka Sojka · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
Análisis
· 10 min de lectura

Por Tomás Castaño Marulanda

¿Encontraron el arca de Noé?

Una broca se partió a cuatro metros bajo tierra en una loma de Turquía, y los titulares dijeron que el arca estaba confirmada.

En septiembre de 2026 un equipo empezó a perforar una loma con forma de barco, a veintinueve kilómetros del monte Ararat, y los titulares dijeron que el arca de Noé estaba «confirmada al cien por ciento». Soy creyente, y me emocionaría que fuera verdad. Por eso mismo quiero poner en una misma página lo que dicen los que perforan y lo que dicen los científicos que no están en el proyecto, y después decir por qué, sea lo que sea que saquen de ahí, eso no es lo que hace que alguien crea en Dios.

El 23 de septiembre de 2026, a cuatro o cinco metros bajo tierra, la broca de una perforadora se partió contra una capa más dura que la piedra caliza. Fue en Durupınar, una loma con forma de casco de barco, de ciento sesenta y cuatro metros de largo, en una ladera cerca del pueblo de Doğubayazıt, al oriente de Turquía, a unos veintinueve kilómetros del monte Ararat. El equipo que perforaba dijo que esa capa podía ser madera petrificada.

Tres días después, un periódico europeo tituló: «El arca de Noé está confirmada al cien por ciento, dicen los científicos». Y en la misma nota, más abajo, decía que nadie ha desenterrado ningún barco. En español la noticia salió con títulos parecidos: «¿Encontraron el arca de Noé?», «Luego de 4.300 años, arqueólogos encuentran bajo tierra el posible paradero del arca de Noé».

A mí me emocionaría que la encontraran. Soy creyente. El arca de Noé es parte de lo que leo en la Biblia y de las imágenes y narraciones legendarias con las que crecí, y sería emocionante que apareciera de verdad un arca donde se resguardó la vida de una familia y de muchos animales. Pero más allá de eso, no quiero subirme a la ola de que sí es, sin pruebas fehacientes.

Yo no soy geólogo. Lo que puedo hacer es leer lo que se ha dicho, poner en una misma página argumentos y razones de lo que dice cada lado (científicos creyentes y científicos escépticos), y después decir lo que me mueve, me parece y me asusta de este tipo de noticias y olas de «verificación bíblica».

Lo que dicen los que están perforando

La loma la vio por primera vez un capitán del ejército turco, İlhan Durupınar, en una foto aérea de la OTAN, en octubre de 1959. Por eso lleva su nombre. Desde 1977 la promovió Ron Wyatt, un anestesista estadounidense que buscaba objetos de la Biblia por su cuenta, y desde entonces hay gente que dice que es el arca: mide unos ciento sesenta metros, y Génesis 6:15 dice que el arca medía trescientos codos de largo, que según cómo se mida el codo da más o menos eso.

Lo de 2026 es distinto de lo de antes por una razón: es la primera excavación con permiso oficial. La dirige un arqueólogo turco, Cenker Atila, de la Universidad Cumhuriyet de Sivas, con unos veinte investigadores de cinco países, y la impulsa un grupo llamado Noah's Ark Scans, cuyo fundador, Andrew Jones, es el vicepresidente del proyecto. Estuvieron unos noventa días en el sitio, desde finales de junio.

Esto es lo que ellos reportan. Un radar que penetra el suelo detectó anomalías con bordes regulares, algunas en ángulo recto, y posibles cavidades. Sacaron cerca de mil muestras de tierra en ciento cincuenta puntos, y dicen que adentro de la loma hay un cuarenta por ciento más de carbono que afuera. Recogieron fragmentos de cerámica en la superficie. Perforaron hasta dieciocho metros, encontraron cavidades con lodo y agua, y capas de lo que llaman «material orgánico rico». Y a los cuatro o cinco metros de profundidad, la broca se partió contra una capa más dura que la piedra caliza.

También esto, que se lee menos: Jones dijo que es demasiado pronto para decir que encontraron el arca, que las muestras se van a laboratorios independientes, que los resultados salen en el invierno de 2026 a 2027 y que la publicación completa es para 2027. Y en la misma semana dijo: «Creemos que la formación Durupınar son los restos del arca de Noé». Las dos frases son suyas. El «cien por ciento» no salió de un laboratorio: salió de un titular.

Lo que dicen los científicos que no están en el proyecto

En 1996 el geólogo Lorence Collins publicó en el Journal of Geoscience Education un artículo cuyo título ya lo dice todo: «Falsa "arca de Noé" de Turquía, expuesta como una estructura geológica común». Su conclusión fue que la loma es un sinclinal, un pliegue de capas de roca sedimentaria, y que las «paredes» que otros veían son concentraciones naturales de dos minerales de hierro, limonita y magnetita. Las supuestas anclas de piedra de los alrededores son andesita, una roca volcánica del mismo lugar, no piedras traídas desde Mesopotamia en un barco.

El dato que a mí más me llama la atención es quién firmó ese artículo con él: David Fasold, el hombre que había pasado más de diez años defendiendo que la loma era el arca y que había escrito un libro entero para probarlo. Revisó las muestras con el geólogo y firmó que era natural.

Los arqueólogos que trabajan en universidades dicen algo más de fondo. Jodi Magness, de la Universidad de Carolina del Norte, lo resume así: «La arqueología no es una búsqueda de tesoros». Génesis 8:4 no dice que el arca reposó en el monte Ararat: dice que reposó «sobre los montes de Ararat», en plural, que era el nombre de un reino antiguo, Urartu, que se extendía por lo que hoy es Armenia, el oriente de Turquía y parte de Irán. No hay una montaña que buscar. Eric Cline, de la Universidad George Washington, agrega que aunque alguien encontrara madera, no habría manera de conectarla con Noé.

Y hay contrapartes que no son de científicos escépticos, sino de cristianos que creen en el diluvio al pie de la letra. Answers in Genesis, el ministerio creacionista que construyó una réplica del arca de tamaño real en Kentucky, tiene un geólogo, Andrew Snelling, que desde 2021 dice que Durupınar no es el arca: está en un valle y no en una montaña, descansa sobre lava de un volcán que hizo erupción después del diluvio, y las imágenes de radar «quedan sujetas a la interpretación de quien las interpreta». Snelling ni siquiera espera que el arca exista todavía: cree que la familia de Noé la desarmó para hacer casas con la madera.

Aaron Judkins, un arqueólogo cristiano que dirigió una expedición al Ararat en 2013 y que visitó Durupınar ese mismo año, publicó el 28 de septiembre de 2026 una declaración sobre lo de este mes. Dice que la cerámica recogida en la superficie, sin capa de suelo que la fechara, es la cerámica normal de cualquier aldea antigua de esa región; que las muestras de «madera petrificada» de años anteriores resultaron ser basalto y caliza, sin la estructura celular que la madera petrificada conserva; y que el cuarenta por ciento más de carbono, por sí solo, no demuestra que haya un barco enterrado. Lo mismo advierte, con otras palabras, la nota de El Universo que salió en español. Judkins cierra con una frase que yo firmaría: «La buena teología no necesita mala arqueología». Y yo le añadiría que ni siquiera depende de una buena arqueología: una excavación impecable, con permiso, laboratorio y revisión por pares, tampoco sería la base de lo que creemos sobre esas narraciones.

Ese es el cuadro completo. Puede que en 2027 el laboratorio diga que hay madera. Puede que diga que es piedra, como dijo la geología en 1996. Yo no sé cuál de las dos va a ser el resultado, y no me voy a subir a la ola de ninguna mientras no haya pruebas consistentes y acordadas en la comunidad científica.

El ladrillo

Lo que sí sé es lo que pasa cada vez que sale una noticia así. Pasó con el sudario de Turín, con la tumba de Jesús, con cada piedra con una inscripción. La noticia se vuelve un ladrillo más de un edificio que se está construyendo desde hace años: el de la apologética moderna, la de los que se memorizan los argumentos de sus referentes para contestarle a cualquiera que los cuestione. Cada hallazgo, real o supuesto, se pega en esa pared como una prueba de que Dios existe.

Yo suelo alejarme de esos movimientos, y no porque me falte fe. Es que no creo que si Dios existe sea la pregunta importante. La pregunta es qué clase de Dios promovemos, proclamamos y proponemos. El asunto no es defender la existencia de Dios, sino el tipo de Dios que nos existe. Y el Dios de la apologética suele ser distante, intocable e implacable; el Dios en el que yo creo es humano, cercano y constantemente amoroso.

En agosto de 2026, después del terremoto en Colombia, un grafiti quedó en pie y mucha gente dijo «milagro». Escribí entonces que me costaba imaginar un Dios más preocupado por conservar una pared que por sostener una vida humana. Con la loma de Turquía me pasa igual: no tenemos que convertir cada coincidencia en una intervención divina para encontrar razones para creer.

Lo que Jesús dijo que haría creer al mundo

De niño, en la iglesia, cantábamos una canción que me hacía un taco en la garganta: «Unidos, unidos, en su nombre unidos». Crecí en una iglesia donde se alentaba a expresar las emociones, y lloré más de una vez oyéndola. Con los años entendí de dónde salía esa canción. Salía de la oración de Jesús la noche antes de morir, tal vez el relato más nostálgico del Nuevo Testamento:

«Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.»Juan 17:20-23 · Reina Valera 1960

Jesús tuvo una noche para pedir algo por los que iban a creer después, y no pidió pruebas. No pidió que apareciera una barca ni una piedra ni una inscripción. Pidió que fuéramos uno, para que el mundo crea. Léelo despacio: la condición para que el mundo crea es la unidad de los que ya creen. El mundo no cree porque no hay unidad. Simple, sencillo, desgarrador.

Y unidad no es que una idea rija sobre las otras. Es conversarlas en el amor del evangelio.

La creencia del mundo no pende de las amenazas de infierno. No pende del cientifismo con el que algunos quieren probar la existencia de Dios. No pende de una broca partida en una loma de Turquía. Es la unidad, la cercanía, la solidaridad, la comunión, lo que convence al mundo de que nuestra fe es cierta: que las personas coman en el hambre, sean visitadas en la soledad y vistan en el frío, y que lo hagan juntos los que hasta ayer se peleaban por doctrina. La gente no cree por lo fáctico. Cree por lo práctico.

Por eso, si en 2027 sacan madera de esa loma, yo me voy a alegrar como se alegra uno con cualquier hallazgo, y mi fe va a estar puesta exactamente donde está puesta hoy. Y si sacan piedra, también. Nuestra fe no depende de un vestigio: el autor y consumador de la fe es un Dios vivo que nos habla, habita entre nosotros y nosotras, nos guía a todas las cosas y que, la última noche, pidió unidad «para que el mundo crea».

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Si sacan madera, nadie va a creer por eso. Si sacan piedra, nadie va a dejar de creer. El mundo cree cuando nos ve unidos.

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Jesús para la vida real, de Tomás Castaño Marulanda
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Hablan del libro

De las páginas «Hablan de…» de la edición impresa
Si este libro es tu primera aproximación al evangelio, felicidades, te vas a inmunizar contra la religiosidad
Cesar Soto · Chile
Escritor. Pastor Asociado en Austin New Church y pastor de la comunidad «Amor Original». Maestría en Estudios Teológicos Latinos, Palmer Theological Seminary.
No aporta ningún enfoque teológico nuevo, ni propone un nuevo acercamiento doctrinal a la vida cristiana… y esa es la buena noticia
Noa Alarcón · España
Editora y traductora especializada en teología y ciencias bíblicas. Estudió Filología Hispánica y Hebrea.
Su autor vuelve a narrar la historia con una cercanía y ternura que contagian el deseo de volver nuevamente a los brazos de Jesús
Almendra Fantilli · Argentina
Licenciada en Comunicación Social y fotógrafa. Directora del documental «El Culto».
Tomás contribuye en buena hora a recordar que estamos en mora, con dos milenios de atraso, y lo hace por una vía que no goza de buena prensa: abordar preguntas simples, sin pedigrí
Alvin Góngora · Colombia
Master en Estudios Teológicos. Docente universitario. Editor de Traducciones en Tearfund. Editor de este libro.
Puede ser el texto que al leerlo te haga sentir menos sola y enajenada en la ola de pensamientos que de pronto llegaron a cuestionarlo todo
Ana Belén · Ecuador
Doctora en geografía humana. Docente de la Universidad de Barcelona.
Este libro ayudará a una generación a ver cuán hermoso es Jesús en verdad
Sergio Ramírez Lozano · Colombia
Director de traducciones e interacción bíblica, Sociedad Bíblica Colombiana. Ph.D. en Psicología y Magíster en Ciencias Bíblicas.
Lo que viene · en construcción

Dios sigue ocurriendo

El devocional. Veintidós capítulos que siguen a Jesús desde el pesebre hasta las heridas que conservó después de resucitar — no para explicarlo, sino para encontrarlo donde uno vive.

Todavía no tiene fecha. Quien esté en la lista de correo se entera primero, y verá capítulos sueltos antes de que salga.

Avísame cuando salga
I

Dios se acercó

Nació pequeño, en la noche, en el exilio, en la vida ordinaria.

II

Jesús y la vida humana

Se cansó. Lloró. Tocó lo intocable. Puso una mesa donde cabes.

III

El Reino y la humanidad

El diablo también ofrecía poder. El padre salió corriendo.

IV

La cruz

El templo lo enojó. No se haga mi voluntad. ¿Por qué me has abandonado?

V

Resurrección y esperanza

Tomás necesitó tocar. Lo reconocieron. Conservó sus heridas.

Tomás Castaño Marulanda
Quién escribe esto

Tomás Castaño Marulanda

Crecí en un barrio pobre, violento y peligroso, con todas las carencias imaginables y todos los peligros imaginables. La iglesia local en la que crecí me salvó la vida: me dio un lugar, me dio identidad, me dio el amor que necesitaba para ser fuerte frente al contexto, y me dio razones para no aceptar las ofertas de dudosa procedencia que el barrio siempre tenía listas para un muchacho como yo.

Y en esa misma iglesia me tocaron las espinas. Cuando empecé a hacer preguntas que desbordaban las respuestas permitidas por el pastorado, se explotó la burbuja. Salí abruptamente del lugar donde me había construido durante años y me quedé sin saber a dónde pertenecía.

Ya sé que la metáfora de la rosa es un cliché. No encontré ninguna otra que se adaptara mejor. He sufrido las espinas del cristianismo y también he vivido su belleza, el olor a dulce, la alegría de la esperanza. Y creo que hay algo que decir en las dos direcciones.

Hay espinas que nunca debieron existir: el abuso psicológico, emocional, espiritual y también sexual, cometido por personas y organizaciones que alegando ser agentes de Dios actuaron como el diablo. Cuando escribo sobre eso no lo hago desde afuera. Y frente a esas heridas sigo creyendo que la belleza de Jesús tiene una caricia de sanidad.

De ahí salió TeoCotidiana: reflexiones diarias sobre Jesús, escritas en los ratos libres. Después vinieron el pódcast y Jesús para la vida real, con prólogo de José Chacón. Ahora estoy escribiendo dos libros más: un devocional que se llama Dios sigue ocurriendo y otro que se llama Qué cristianismo tan extraño.

Camino buscando aportar en la construcción de una iglesia donde los rechazados y las rechazadas, las ovejas negras, encuentren aceptación y cercanía.

«El lugar más alto al que quiero que me lleve Dios es a los pies de las personas.»

Esto no es la verdad verdadera. A lo sumo son ideas que me han acompañado, y que te dejo aquí por si te sirven en el camino.

Cartel oficial del documental Él entre nosotros, 2016

Cartel del estreno · Teatro Lido, Medellín

Aquí empezó todo

Él entre nosotros

Antes de los carruseles, antes del pódcast y antes del libro, hubo una cámara recorriendo Medellín.

Dirigí este documental en 2016 para preguntar algo sencillo: cómo se vive la fe en Jesús aquí, en esta ciudad, contada por la gente que la vive. Sin actores y sin púlpito. Lo hicimos entre muchos, con el colectivo IXOYE.

Se estrenó el 5 de diciembre de 2016 en el Teatro Lido, con entrada libre y más de mil personas inscritas. Un año después lo subimos completo a YouTube, para que no tuviera puerta de entrada.

De ahí salió todo lo demás.

❧Mención especial del juradoDespertar Film Festival · Bogotá · 2017

Entrar al archivo del documental

Colombia · 2016 · Rodado en Medellín
Dirección: Tomás Castaño Marulanda · Colectivo IXOYE

El pódcast

Dieciocho episodios sobre las preguntas que en la iglesia se responden rápido y en la vida no.

Todos los episodios
018Verdadera alabanza y adoración
017No es la palabra de Dios
016Una fe subversiva
011El cristianismo es un proceso
009El infierno
008¿Diezmar o no diezmar?
El primer capítulo, gratis «Nuevos Comienzos» en PDF · te llega al correo

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