De niño salí una vez a pedir dulces por el barrio, vestido con mi uniforme de karate. Para el cristianismo que yo conocía, el karate era del diablo, el uniforme era del diablo y el 31 de octubre era del diablo. También lo eran las caricaturas de Tazmania y el Súper Nintendo.
Volví a salir muchos años después, con mi hijo vestido de Spiderman. El día anterior le había dicho que, si no encontrábamos gente regalando, nosotros comprábamos para regalar. No le gustó mucho la idea, hasta que vio a los papás de otros niños disfrazados caminando con paquetes en la mano. Compramos confites, masmelos y frunas. Se los di, él dio a su alrededor, y le gustó cómo se siente dar.
Salí inseguro y volví feliz. En la cabeza de esos niños no había diablos, ni druidas, ni paganos que sacrifican niños. Había papás, amigos, la calle, sonrisas y dulces.
La víspera de Todos los Santos
Halloween es una forma escocesa de acortar All Hallows' Even, «la víspera de Todos los Santos». Hallow es una palabra del inglés antiguo que quiere decir «santo».
Las primeras comunidades cristianas recordaban a sus mártires, las personas a quienes mataron por seguir a Jesús. En Roma, desde el año 609, a todos los mártires se les recordaba el 13 de mayo. En el siglo VIII, el papa Gregorio III dedicó un 1 de noviembre una capilla de la basílica de San Pedro a todos los santos. En el siglo IX, Gregorio IV pidió que esa fiesta se celebrara en toda la iglesia.
Por nombre y por fecha, entonces, el 31 de octubre es la noche anterior a una fiesta cristiana: la de quienes vivieron y murieron siguiendo a Jesús. Eso se olvida cada vez que alguien dice que el Halloween es del diablo.
¿Y el Samhain?
La otra parte de la historia es irlandesa. En Irlanda, el Samhain marcaba el paso del verano al invierno, y caía en la misma fecha. Mucho de lo que se repite sobre esa fiesta, los druidas, los sacrificios, los muertos que vuelven, tiene menos respaldo del que parece.
Lisa Bitel enseña historia de la Irlanda medieval en la Universidad del Sur de California. Según ella, de las tradiciones paganas irlandesas casi no quedó nada fuera de las leyendas que unos clérigos cristianos escribieron hacia el año 800, cuatro siglos después de que la isla empezara a convertirse. En esas leyendas el Samhain es una noche de banquetes y de magia. La noche de sacrificios la armaron, sobre todo, folcloristas británicos del siglo XIX como James Frazer, que buscaban en las costumbres del campo los restos de una religión antigua. Bitel lo resume así: «El Samhain es irlandés. El Halloween no». De una fiesta a la otra, lo único que pasó fue la fecha.
Tampoco hay pruebas de que el papa haya fijado la fiesta el 1 de noviembre para tapar el Samhain. El historiador Kyle Smith explica que esa fecha ya se celebraba en muchos lugares de Europa, y que Gregorio IV la extendió a toda la iglesia. Los disfraces y el pedir dulces de casa en casa llegaron mucho después: los llevaron a Estados Unidos inmigrantes escoceses e irlandeses, a mediados del siglo XIX, y allí el comercio los volvió un negocio de temporada.
En Colombia la fiesta se volvió de los niños. La Ley 724 de 2001 puso el Día de la Niñez el último sábado de abril, pero en la calle el día de los niños es el 31 de octubre, y hasta la Alcaldía de Bogotá ha invitado a celebrarlo con ese nombre. En una encuesta de Fenalco, la federación de los comerciantes del país, el 77 % de los encuestados dijo que iba a comprar dulces para regalar.
«Pero tiene raíces paganas»
Si todo lo que tiene visos de pagano hubiera que sacarlo de la vida cristiana, habría que empezar por la semana. El lunes es el día de la Luna, el martes es de Marte, el miércoles de Mercurio, el jueves de Júpiter y el viernes de Venus, dioses romanos que no tienen nada que ver con nuestra fe. Y habría que dejar de decir ojalá: la heredamos del árabe hablado en España, y significa «si Dios quiere», con el nombre de Alá adentro.
Pablo tuvo que responder algo parecido en Corinto. Allá, buena parte de la carne del mercado había pasado antes por los altares de los templos paganos: se ofrecía el animal, una parte se quemaba o se la comían los sacerdotes, y el resto salía a la venta. Había creyentes que no sabían si podían comprarla. Pablo les contestó:
«Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios.»1 Corintios 8:4 · Reina Valera 1960
Y les dijo qué hacer en la carnicería:
«De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud.»1 Corintios 10:25-26 · Reina Valera 1960
Yo creo que la adoración es intencional: uno adora cuando decide adorar. Un niño que se disfraza y pide dulces no está adorando al diablo; está jugando con sus amigos de la cuadra. Y Satanás no tiene días suyos. Todos los días son creados por Dios y para Dios, también el 31 de octubre:
«Este es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él.»Salmos 118:24 · Reina Valera 1960
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Para quien tiene miedo
Pablo sabía que no todo el mundo en Corinto podía comerse esa carne tranquilo:
«Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.»1 Corintios 8:7 · Reina Valera 1960
Si creciste oyendo, cada octubre, que esa noche se robaban niños para sacrificarlos, es normal que se te apriete el estómago cuando tu hijo o tu hija te pide un disfraz. Ese miedo no lo inventaste tú: te lo repitieron durante años desde el púlpito, en testimonios y en cadenas de WhatsApp. Y tiene sentido que todavía te cueste soltarlo.
A los creyentes de Roma, Pablo les dejó una regla para quien come y para quien no come:
«El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.»Romanos 14:3 · Reina Valera 1960
Si en tu casa el 31 se queda adentro, con una película y unas crispetas, nadie tiene por qué mirarte por encima del hombro. Y si en la casa del lado salen todos disfrazados, nadie tiene por qué condenarlos desde un púlpito.
Una fiesta de golosinas y disfraces
Lo que no tiene nada de inocente es el discurso del miedo. Cada octubre vuelven los testimonios de ex satánicos de no sé cuántos grados, y mucha gente termina asustada con una fiesta de golosinas y disfraces. ¿No que la luz vence las tinieblas? ¿No que el amor se lleva lejos el temor?
«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.»1 Juan 4:18 · Reina Valera 1960
Mucha energía para unos niños pidiendo dulces, y muy poca para el abuso en los espacios de fe: el emocional, el psicológico, el físico y hasta el sexual, cometido por líderes cristianos contra la gente que tenían que cuidar. Eso sí debería asustarnos.
El disfraz que le ponemos a Jesús
Si vamos a hablar de disfraces, hay uno que me preocupa más que el de Spiderman: el que le ponemos a Jesús. Lo disfrazamos de nacionalista, de racista, de alguien que está a favor de separar a la gente, de rey implacable y distante. Lo disfrazamos de nuestros gustos y de nuestras moralidades personales, de nuestros prejuicios, de nuestros miedos y de nuestras costumbres. Y a ese disfraz le seguimos diciendo «Jesús», para quedar bien parados como gente piadosa.
Por qué salgo con mi hijo
Entonces, ¿es pecado celebrar Halloween? Yo creo que no, y salgo a pedir dulces con mi hijo. Porque quiero y puedo. Porque no es el cumpleaños de Satanás. Porque mi hijo es feliz dando y recibiendo dulces, yo soy feliz viéndolo, y Dios es feliz viéndonos felices.
Mi hijo espera todo el año a que llegue octubre. Para él significa disfraz y dulces, compartir, dar y recibir. Significa también que ya viene su cumpleaños, y después la Navidad. Lo que a mí me dijeron que era del diablo se volvió una fiesta suya, y yo lo acompaño a ser feliz.
¿Y Dios? Ahí está, todos los días, en cada proceso. Yo no sé qué hacían en esa fecha hace siglos. Lo que sí sé es que la noche que salí con él vestido de Spiderman vi a Jesús en dar y recibir, en sonreír y compartir, en los colores, en la gente de la cuadra, en los niños y en mi hijo.
De los 365 días del año que Dios hizo, ninguno se lo dedicó al diablo: tampoco el 31 de octubre.






