TeoCotidiana
Una mujer abraza y consuela a su amiga, sentadas en un sofá junto a una ventana
Reflexión
· 8 min de lectura

Por Tomás Castaño Marulanda

¿La depresión es falta de fe?

A un paralítico lo bajaron por un hueco que abrieron en el techo. Y el evangelio dice que Jesús vio la fe de quienes lo llevaban.

El 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Y en muchas iglesias, a quien tiene depresión le explican lo que le pasa con tres palabras: falta de fe.

Cuando dije que quería estudiar derecho, me dijeron que no, que los abogados son mentirosos profesionales. Cuando dije que quería estudiar filosofía, que el conocimiento envanece. Y cuando dije que quería estudiar psicología, la respuesta fue esta:

«Los psicólogos no son de Dios, porque solo a Dios le pertenecen nuestros pensamientos.»

Suena piadoso. Pero si la mente le pertenece solo a Dios, cuando se enferma el asunto queda entre Dios y tú, y nadie más tiene permiso de meter la mano: ni la psicóloga, ni el psiquiatra, ni la pastilla. Y si el asunto es entre Dios y tú, y no se arregla, la culpa ya tiene dueño. Te falta algo. Te falta fe. Porque obviamente no vamos a decir que hubo algo mal del lado de Dios, que es perfecto.

De ahí salen las frases que tanta gente ha escuchado estando enferma: que la depresión es «falta de Dios», que la ansiedad es «un ataque espiritual», que lo que hay que hacer es orar más.

La depresión no es falta de fe. Es una enfermedad, y necesita ser tratada por profesionales. Orar más no necesariamente la cura.

«¿Quién pecó?»

La idea de que detrás de una enfermedad hay una culpa es muy vieja. En la lista de maldiciones del Deuteronomio, las que le caerían al pueblo si desobedecía, hay una que junta los ojos y la mente:

«Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu.»Deuteronomio 28:28 · Reina Valera 1960

Si la locura y la ceguera estaban en la lista de los castigos, cualquiera que naciera ciego o perdiera la razón quedaba bajo sospecha. Alguien tuvo que haber hecho algo. Por eso, en el evangelio de Juan, cuando los discípulos ven a un hombre ciego de nacimiento, lo primero que preguntan no es cómo ayudarlo. Preguntan quién tiene la culpa:

«Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.»Juan 9:2-3 · Reina Valera 1960

Como el hombre había nacido así, la sospecha alcanzaba hasta a sus papás. Jesús descartó las dos opciones: no pecó el hombre, no pecaron sus papás.

La pregunta sigue viva, con otras palabras. ¿Le falta fe a la muchacha que no se puede levantar de la cama en medio de un ataque depresivo? ¿O es que su familia no ora lo suficiente? Cuando empezó la pandemia, en 2020, hubo iglesias que «decretaban» que ningún virus las podía tocar porque eran hijas del rey, y a quien se contagiaba le decían que era por falta de fe. Es la lógica del evangelio de la prosperidad, que promete salud y plata a quien tiene fe, y que la historiadora Kate Bowler estudió durante diez años.

El Dios del evangelio hizo el camino contrario. Para salvar a la gente, se volvió vulnerable como la gente.

Donar a este proyecto

Barro, saliva y un poco de vino

Jesús no le dio al ciego una explicación. Hizo esto:

«Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.»Juan 9:6-7 · Reina Valera 1960

En ese tiempo la saliva era un remedio conocido para los ojos. Plinio el Viejo, un naturalista romano del primer siglo, recomienda en su Historia natural, una enciclopedia de treinta y siete libros, untar en los ojos enfermos la saliva de una persona en ayunas. Jesús, que en otros relatos sana con una palabra, esta vez usó un remedio que la gente de su tiempo conocía, y mandó al hombre a lavarse en un estanque.

Pablo escribió cartas enteras sobre la fe. Tenía un discípulo joven, Timoteo, al que llamaba «verdadero hijo en la fe» (1 Timoteo 1:2), y que se enfermaba seguido del estómago. En la carta que le mandó no le pidió que revisara su fe. Le recomendó un remedio:

«Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.»1 Timoteo 5:23 · Reina Valera 1960

Y al final de la segunda carta le cuenta, sin dar ninguna explicación, que dejó enfermo a uno de sus compañeros de viaje: «a Trófimo dejé en Mileto enfermo» (2 Timoteo 4:20).

La oración es un refugio, pero no reemplaza a la medicina. La pastilla que te recetó la psiquiatra y la cita de cada semana con el psicólogo no le compiten a tu fe.

Gratis · PDF · 17 páginas

Si esto te está sirviendo: el primer capítulo de Jesús para la vida real te lo mando al correo, sin costo.

Revisa tu correo y confirma — ahí va el capítulo.

Cada artículo nuevo también sale en el canal de WhatsApp. Síguelo y te llega ahí, sin depender de ningún algoritmo.

Si algo de esto te sirvió, te habló al corazón o quieres contarme tu historia, escríbeme a teocotidiana [arroba] gmail.com.

Tengo fe y tengo ansiedad

Lo digo por mí. Cuando algo me altera y me dispara la ansiedad, se me apaga todo: hago las cosas con el esfuerzo mínimo, y no soy capaz de dejar de pensar en lo que me tiene así. Pocas cosas me ponen de esa manera, y la plata es una de ellas. Una vez un asunto de dinero me tuvo varios días a la deriva, con ganas de apagarme.

Uno de esos días, de regreso a la casa en la moto, en el frío, empecé a orar:

Dios, sálvame,
necesito ser salvado por ti.
No que no haya vivido tu salvación
en momentos así antes,
sé que me has salvado
y que me vas a salvar,
pero necesito decirlo
y sentir que lo escuchas.

En esa oración la fe estaba entera: sé que me has salvado y que me vas a salvar. Y la ansiedad también estaba entera. Una no espantó a la otra.

Esa vez el problema era de plata, y cuando se resolvió llegó el alivio. Pero no todas las ansiedades ni todas las depresiones son así, y no todas tienen la misma solución ni la misma necesidad. Cuando la ansiedad es una enfermedad, necesita diagnóstico y tratamiento. La fe aporta, pero no es la solución mágica ni la única.

Tampoco la salvación de Dios se vive igual en todas las personas. A algunas, Dios las saca de la tristeza de un día para otro: ese es uno de los escenarios posibles, no el único. A otras les hace saber que está ahí en medio de la depresión y de la ansiedad. Y para unas cuantas, la salvación va a ser encontrar al terapeuta adecuado, el que las ayude a atravesar su enfermedad. Ninguna de esas salvaciones es mejor que otra. Jesús sanó a personas enfermas, alimentó a personas con hambre y les dio esperanza a personas que la habían perdido: a cada quien, según lo que necesitaba.

La fe de los cuatro

En Capernaúm, un pueblo de pescadores a la orilla del mar de Galilea, se corrió la voz de que Jesús estaba en una casa, y llegó tanta gente que ya no cabía nadie ni en la puerta. Marcos cuenta lo que pasó:

«Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.»Marcos 2:3-5 · Reina Valera 1960

Las casas de esos pueblos eran de un piso, con el techo plano: vigas de madera y, encima, ramas y barro seco. Por eso se podía abrir a mano.

Marcos no cuenta qué pensaba el hombre de la camilla, ni cuánta fe tenía. Cuenta lo que hicieron quienes lo llevaron. Y dice que lo que Jesús vio fue la fe de ellos.

En la depresión hay temporadas en las que las fuerzas no alcanzan ni para levantarse de la cama, mucho menos para orar o para creer. En esas temporadas, la fe la pueden poner otros. Es la amiga que te busca una psicóloga y llama diez veces hasta conseguir la cita. Es el hermano que te acompaña a la sala de espera y se queda afuera hasta que sales. Es quien te pregunta, sin regañar, si ya te tomaste la pastilla. Es la persona que te escucha sin sacarte un versículo.

Una iglesia puede ser esos cuatro, o puede ser la multitud que no deja pasar. El papa León XIV pidió que en octubre de 2026 se orara «por la pastoral de la salud mental», para superar el estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales. Es una petición que nos sirve a todas las iglesias, católicas y evangélicas.

Si a ti no te alcanza la fe en este momento, no te estás quedando por fuera de Dios. Deja que te lleven. Y si eres de quienes acompañan, no le midas la fe a quien está en la camilla de un psiquiátrico, o en la cama en su casa sin ser capaz de levantarse: busca con esa persona la ayuda que necesita.

Sobre Elías y la tristeza escribí en ¿Es pecado estar triste?.

Cuando no te alcance la fe, que te alcance la de quienes abren el techo.

¿Conoces a alguien a quien le dijeron que su depresión era falta de fe?
Facebook Telegram X
Dona y haz parte de este proyecto

Nadie compró una sanidad. Alguien sostuvo el pan del camino.

Jesús sanaba gratis, y con él andaba un grupo de personas, especialmente mujeres, que sostenía ese camino con sus bienes (Lucas 8:3). Lucas nombra a algunas de ellas: María Magdalena, Juana, Susana, «y otras muchas».

Aquí pasa algo parecido. Lo que acabas de leer es gratis, y cada mes algo de lo que escribo llega a entre 800 mil y 2 millones de personas. No hay publicidad, ni patrocinadores, ni una iglesia detrás: lo sostienen quienes deciden ser parte de esto. A ese grupo te invito.

Un café es una donación a TeoCotidiana: el valor de un café, una sola vez o cada mes, con tarjeta, en Buy Me a Coffee.

Cada café cuenta.

— Tomás Castaño Marulanda

Desde Colombia, sin comisionesNequi o Bancolombia (llave) · 300 424 1270
Por qué pido esto y a dónde va tu café →
Gratis · PDF · 17 páginas

Léete el primer capítulo

Se llama «Nuevos Comienzos» y habla del miedo que da empezar algo. Lo escribí pensando en cuando estaba arrancando el pódcast y llevaba meses sin atreverme a grabar.

Te lo mando al correo. Ese es el único requisito: dime a dónde te lo envío y en un minuto lo tienes.

¿Lo prefieres completo? «Jesús para la vida real» está en Amazon, en papel y en Kindle.

Te llega un correo para confirmar; al confirmarlo recibes el PDF. Y te aviso el día que salga «Dios sigue ocurriendo». No le paso tu correo a nadie y te puedes salir cuando quieras.

Cada artículo nuevo también sale en el canal de WhatsApp. Síguelo y te llega ahí, sin depender de ningún algoritmo.

Si algo de esto te sirvió, te habló al corazón o quieres contarme tu historia, escríbeme a teocotidiana [arroba] gmail.com.

Revisa tu correo. Te llegó un mensaje para confirmar. Dale clic y ahí mismo te mando el capítulo. Si no lo ves en un minuto, mira en Promociones o Spam.
El primer capítulo, gratis «Nuevos Comienzos» en PDF · te llega al correo

Revisa tu correo y confirma.