Hace unos años, en mis redes, varias personas me preguntaron si una mujer puede ser pastora, y otras afirmaron, sin preguntar, que no. Les contesté lo mismo que te voy a decir ahora, empezando por un dato sencillo: hoy hay pastoras. Las iglesias luteranas, anglicanas y metodistas ordenan mujeres, y también las Asambleas de Dios y otras agrupaciones pentecostales. Algunas de esas pastoras siguen esta página. Ejercen, igual que los hombres, funciones de cuidado y acompañamiento, y, igual que los hombres, hay ejemplos loables y otros lamentables.
Es decir que la discusión no es si puede haber pastoras. Ya las hay. La discusión es si la Biblia lo prohíbe, y para eso hay que leer los textos completos, no uno solo.
Sin las mujeres no hay evangelio
Antes de los versículos, quiero poner sobre la mesa una idea que me parece tan bonita como real: sin las mujeres no hay buena noticia. Sin las mujeres no hay la puesta en escena del plan de salvación.
Tengo una lista que vengo organizando hace años, y cada año le anexo algo. Jesús es hijo de mujer: de una campesina del primer siglo que dijo «hágase en mí» y no solo prestó el vientre, sino el corazón, el alma y las fuerzas para maternar la Palabra hecha carne. El primer milagro de Jesús lo provocó una mujer, su mamá, que no aceptó un no por respuesta en una boda donde se acabó el vino. El Reino de los cielos, dijo Jesús, «es semejante a la levadura que tomó una mujer» (Mateo 13:33): de entrada, la mujer es el referente para explicar a Dios.
El ministerio de Jesús estaba financiado por mujeres:
«Y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.»Lucas 8:2-3 · Reina Valera 1960
Jesús tocó y se dejó tocar por mujeres que, según la ley, ni él debía tocar ni ellas debían tocarlo. A la del flujo de sangre, que contaminó a media multitud para llegar a él, no la regañó: «tu fe te ha salvado». La celebró, no la recriminó. La dignificó, no la insultó. La levantó.
La primera persona a la que Jesús resucitado se le apareció, y a la que mandó a anunciarlo, fue una mujer:
«Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar las nuevas a los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.»Juan 20:17-18 · Reina Valera 1960
La primera predicadora de la resurrección fue una mujer, enviada por Jesús, a unos hombres que, según Lucas, no le creyeron. Todavía no le creen.
Qué dice 1 Timoteo 2:12, y qué dice el resto
El versículo que se usa para cerrar la discusión es este:
«Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.»1 Timoteo 2:12 · Reina Valera 1960
Léelo con honestidad: es una carta de Pablo a Timoteo sobre una iglesia concreta, la de Éfeso, con problemas concretos, en una ciudad cuyo templo más famoso, el de la diosa Artemisa, estaba lleno de sacerdotisas. Y si lo lees como una ley universal, tienes que explicar por qué el mismo Pablo, en otras cartas, hace todo lo contrario.
Porque Pablo saluda a una diaconisa:
«Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea; que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.»Romanos 16:1-2 · Reina Valera 1960
Febe fue diaconisa. Pablo la encomienda, la llama por su cargo, pide que la reciban. El mismo requisito que algunos usan para excluir a las mujeres del diaconado, «marido de una sola mujer», no le impidió a ella ejercerlo. Si ese argumento no funciona para el diaconado, hay que explicar por qué funcionaría para el pastorado.
La manera en que Pablo enviaba sus cartas a las iglesias era a través de servidores, hombres y mujeres. Esas personas llevaban la carta, la leían en voz alta, y si la iglesia tenía preguntas, las explicaban. Eso es ministerio de la Palabra. Es, básicamente, lo que hacemos hoy al predicar. Y fue Febe, muy probablemente, quien llevó la carta a los Romanos.
Pablo saluda a una apóstol:
«Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, que son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo.»Romanos 16:7 · Reina Valera 1960
Nuestra Biblia dice «Junias», en masculino. Pero ese nombre masculino no aparece en ningún documento ni inscripción de la antigüedad; el femenino Junia era un nombre romano común. En el griego original la diferencia está en un acento que los manuscritos más antiguos no traen, y los padres de la iglesia, Orígenes, Jerónimo, Juan Crisóstomo, leyeron sin dudar el nombre de una mujer. Crisóstomo, en el siglo cuarto, predicó sobre ella: «cuán grande la sabiduría de esta mujer, considerada digna del título de apóstol». El primero que la leyó como hombre fue Egidio de Roma, a finales del siglo trece; Lutero la puso en masculino en su traducción de 1522, y así llegó a nuestras Biblias. Las ediciones críticas del griego devolvieron el femenino, Junia, desde 1998. Hay quien discute si Pablo la llama apóstol o dice que los apóstoles la conocían bien; incluso leído así, Pablo pone a una mujer entre sus parientes, sus compañeros de prisión y los que llegaron a Cristo antes que él.
Pablo da por hecho que las mujeres oran y profetizan en público en la iglesia de Corinto (1 Corintios 11:5), y solo discute cómo deben cubrirse la cabeza al hacerlo. Y en Hechos, cuando el elocuente Apolos predica con conocimiento incompleto, es una pareja la que lo corrige:
«Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.»Hechos 18:26 · Reina Valera 1960
Priscila enseñó teología a un predicador. Lucas la nombra primero.
«Cabeza» no significaba «el que manda»
El otro argumento es que el hombre es «cabeza» de la mujer. La palabra griega es kephalé, y en el griego de esa época no era la palabra corriente para «el que manda», el que gobierna, el que está por encima: se usaba para el origen, la fuente, como la cabeza de un río. Leerla como jerarquía de poder es imponer una categoría del siglo veintiuno sobre un texto del siglo primero.
Y el texto que más se cita, Efesios 5, está hablando del matrimonio, no de la iglesia. En el contexto inmediato dice que así como Cristo es cabeza de la iglesia, «se entregó a sí mismo por ella» (Efesios 5:23-25). No se está hablando de gobernar, sino de entregarse hasta las últimas consecuencias. Es un asunto de servicio y de sacrificio, no de autoridad y de gobierno.
Hay una frase de Pablo que no era teología abstracta sino una fórmula bautismal, lo que se decía al momento de bautizarse, la declaración ética de la comunidad cristiana:
«No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.»Gálatas 3:28 · Reina Valera 1960
En el bautismo, la división que ponía al hombre por encima de la mujer dejaba de existir. No hay una jerarquía de gobierno ni una jerarquía de autoridad: todos y todas estamos al mismo nivel dentro del proyecto del Reino de Dios.
El problema de fondo es la palabra «autoridad»
Lo que hace difícil esta conversación no son los textos. Es la idea que tenemos del pastorado.
Si ser pastor es ser «la autoridad», el que manda, la voz innegable de Dios para la vida de los demás, entonces claro que la pregunta de quién puede serlo se vuelve una pelea de poder. Pero el pastor o la pastora no es tu autoridad. Ellos no son el reemplazo de tus padres, no son la voz de Dios para tu vida. Existen para acompañar y cuidar con amor, no para controlar. De eso escribí en ¿hasta dónde llega la autoridad de un pastor?.
Jesús lo dijo sin rodeos: los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, «pero no será así entre vosotros». En la última cena tomó la toalla e hizo el oficio que en una casa de la época hacían las mujeres o los esclavos. Si el pastorado es tomar la toalla, la pregunta de si una mujer puede tomarla se contesta sola: llevan dos mil años tomándola.
Entonces, ¿puede una mujer ser pastora?
Puede, y lo ha hecho desde el principio. Febe, Junia, Priscila, las profetisas de Corinto, María Magdalena enviada por Jesús. Lo que cambió no fue la Biblia: fue la Edad Media, que cambió el género de un nombre, y una tradición que convirtió un versículo para una iglesia con problemas en una ley para todas.
En TeoCotidiana hemos tenido un equipo de pastores y pastoras, sí, pastoras, en femenino, acompañando necesidades de hombres y mujeres de distintos países. Donde hay una mujer que cuida, enseña y acompaña a su comunidad con fidelidad al evangelio, hay ministerio pastoral. Lo llamemos o no así.
Jesús mandó a una mujer a predicar la resurrección. Lo que él mandó, ninguna iglesia lo puede prohibir.
https://teocotidiana.org/puede-una-mujer-ser-pastora-segun-la-biblia/
La versión corta salió en Instagram
0 láminas · @teocotidiana