
La cuenta de Instagram de Vástago acaba de publicar una foto de Alex Sampedro con la frase «¡Bienvenido a la familia vástago!». Debajo decía: «Con más de 20 años de trayectoria, Alex ha construido una carrera musical marcada por la sensibilidad, la honestidad y canciones que conectan con la vida y la fe». Y al final: «Nos alegra acompañarlo en esta nueva etapa de distribución. ¡Estamos felices de compartir este camino juntos!».
Vástago Producciones es el sello discográfico de Jesús Adrián Romero, el cantautor mexicano que muchos en América Latina crecimos escuchando en la iglesia. Romero lo fundó y lo preside, y desde ahí produce y distribuye música cristiana. Desde el 30 de septiembre, por lo menos quince canciones de Alex Sampedro aparecen en YouTube con la marca de Vástago.
El 19 de octubre, días antes del anuncio, Alex había publicado en Facebook un comunicado personal en el que pedía perdón. Una de sus frases era «Hoy comienzo una nueva etapa». El sello habló de «esta nueva etapa de distribución». Puede ser casualidad. A mí me llamó particularmente la atención.
Quién es Alex Sampedro
Alex Sampedro, José Alejandro Sampedro Ángel, es un cantautor, violinista y predicador evangélico español. Fue pastor de la Comunidad Cristiana Valentia, en Alboraya, cerca de Valencia. Esa comunidad pertenece a la Federación de Iglesias Apostólicas Pentecostales de España (FIAPE), la denominación que la cobija. Dirige la Academia de la Biblia, una plataforma de cursos bíblicos en línea, y trabajó en proyectos de la Alianza Evangélica Española como Alianza Joven. Sus canciones se cantan en España y en toda América Latina, donde hizo giras durante años. También fue el representante en Europa de la academia e625 dirigida y fundada por Lucas Leys.
Cómo llegamos hasta aquí
Alex dejó sus funciones de pastor en Valentia en enero de 2024, y la salida se hizo oficial ese verano. No hubo una explicación pública. Al año siguiente, según Protestante Digital, «retomó parte de su ministerio musical y de enseñanza en 2025».
Las preguntas llegaron por las redes. En el verano de 2025 circulaban «informaciones, comentarios y rumores», y la FIAPE salió a responderlos. Confirmó que Alex ya no era pastor y que lo que hiciera desde entonces en el extranjero era «de iniciativa particular», sin el respaldo de su iglesia. Anunció un comité para saber «si hay más hechos», retomó el «proceso disciplinario y de restauración integral de Alejandro y su familia» y pidió que cesara «algo parecido a un juicio mediático».
Ese comunicado no cerró el asunto. La Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) es la entidad que representa a las iglesias evangélicas ante el Estado español. Su comisión permanente se había reunido varias veces «para afrontar las preocupantes informaciones recibidas durante el verano», y en octubre escribió a las iglesias de la Comunidad Valenciana. Dijo que Alex «no es ministro de culto acreditado por FEREDE» desde que dejó el pastorado. Y lamentó «profundamente el daño y el dolor ocasionado a todas las mujeres que hayan podido ser afectadas». Como la FEREDE no tiene competencia sobre los asuntos internos de sus iglesias, dejó las medidas en manos de Valentia y de la FIAPE. Contó que la FIAPE había creado una comisión «formada íntegramente por mujeres profesionales» para recibirlas, escucharlas y atenderlas, y les pidió que apoyaran «a las mujeres afectadas, a la congregación que ha sufrido y sigue sufriendo». Al final escribió que esperaba que «pronto FIAPE pueda dar información de todo lo realizado».
Ese «pronto» llegó quince días después, y lo dio la propia iglesia. En un comunicado conjunto con la FIAPE, el Consejo de Valentia publicó el primer texto que reconoció una «conducta moralmente reprochable» y «pecados de índole moral» que causaron «dolor y quebranto en diversas mujeres y sus familias». La iglesia pidió perdón, aclaró que eso no implicaba «en modo alguno una asunción de responsabilidad institucional ni jurídica» y prometió tres cosas: un plan de atención profesional y legal para las mujeres afectadas, una auditoría contable independiente y una revisión de su organización.
La Alianza Evangélica Española, en cuyos proyectos juveniles había trabajado Alex, habló un mes más tarde de una «conducta inmoral» que «afectó a un número amplio de mujeres». Dijo que su «mayor preocupación es la situación de las víctimas conocidas» y de las «posibles víctimas aún no identificadas».
Ningún tribunal ha juzgado el caso. La agencia EFE informó en enero de 2026 que, entre las denuncias contra líderes evangélicos recogidas en España, «no hay ningún caso judicializado»: es muy difícil reunir pruebas, y muchas mujeres no quieren ser revictimizadas. Lo que sabemos, lo sabemos por las palabras de esas instituciones. Y son las que uso aquí.
Después de eso no encontré nada nuevo de Valentia, de la FIAPE ni de la FEREDE, y tampoco los resultados de la comisión de mujeres ni de la auditoría. La siguiente palabra fue la de Alex, en octubre de 2026.
Lo que dice y lo que calla su comunicado
El comunicado de Alex abre con estas palabras: «Hoy quiero compartir con vosotros un mensaje desde el arrepentimiento y la esperanza de un nuevo comienzo». Dice que falló y que pecó. Dice que desde enero de 2024 se relegó «de todos mis cargos y compromisos». Agradece a su esposa, a sus hijos, a «familiares, pastores, terapeutas y amigos» que lo sostuvieron. Y pide perdón: «Hoy os pido perdón a todos, sin excusas, por mi pecado y el dolor que he causado. Reconozco que pude haber sido un tropiezo para vuestra fe y que os he agraviado».
A todos. En el comunicado no aparece la palabra «mujeres», ni la palabra «víctimas», ni una frase dirigida a ellas. Los únicos destinatarios que le pone a su perdón son quienes lo seguían: «vuestra fe», «os he agraviado». Agradece a los terapeutas que lo acompañaron a él, pero no dice nada de las mujeres que la propia FIAPE reconoció como afectadas, ni del plan para atenderlas.
Escribe también: «no puedo hacerme responsable de nada que no haya hecho». No dice qué hizo ni qué no hizo. Y en cuanto a haberse relegado de todo, ya vimos que, según Protestante Digital, en 2025 había retomado parte de su ministerio musical y de enseñanza.
Y se despide: «Gracias a ti, que sigues aquí, en esta comunidad virtual. También sigo aquí. Espero poder servirte y acompañarte de alguna manera».
El comunicado se movió rápido. Reactivoz, un medio cristiano juvenil, lo copió completo en Instagram ese mismo día y lo presentó como el mensaje del «cantautor, escritor y pastor», aunque Alex no es pastor desde 2024. Historymaker, un portal cristiano de Argentina, lo publicó al día siguiente, y sobre la frase «no puedo hacerme responsable de nada que no haya hecho» escribió que esa distinción «merece ser respetada sin convertirla en motivo de nuevas especulaciones». El periodista Hernán Restrepo escribió en X que Alex había reconocido «su pecado (adulterio)» y que «los cristianos necesitamos aprender a perdonar». Alex no usa esa palabra. En los comentarios hubo de todo: unos pedían perdonar y restaurar, y otros preguntaban por qué no aparecían las mujeres.
Tampoco la usaron la FIAPE, Valentia, la FEREDE ni la Alianza Evangélica. «Adulterio» la pusieron otras personas, desde afuera, y esa palabra cambia la historia: un adulterio es una falta entre dos adultos, y de un adulterio no se habla con «mujeres afectadas», con un plan de atención profesional y legal ni con «víctimas». Las instituciones sí hablaron así.
Lo que cuenta una mujer
Seneca Falls es una organización evangélica española que trabaja por la igualdad entre hombres y mujeres en la iglesia. Su proyecto Voz de Agar recibe y acompaña a mujeres que vivieron violencia y abuso en espacios de fe. En julio de 2025 publicó en YouTube «Rompiendo el silencio: primer paso hacia la libertad», un video en el que una mujer con la voz distorsionada cuenta su historia.
Ella no dice su nombre, y aquí lo cuidamos. Lo traigo porque cuenta, desde adentro, lo que vive una mujer cuando quien ella señala tiene un púlpito y miles de seguidores. Cuenta que llegó a España «con la esperanza de una nueva vida y un refugio espiritual». Estaba de duelo, sola, sin trabajo y sin papeles. Cuando quiso hablar de lo que le había pasado, una pastora le aconsejó pasar página. Y meses después supo que circulaba otra versión, en la que ella era la mujer peligrosa que acechaba a su agresor. Dice: «Él tenía apoyo psicológico, familiar y poder para intimidarme, mientras yo me sentía desprotegida y sola». Y dice: «Nadie se había acercado a mí, ni se había sentado a escuchar mi versión, ni a preguntar cómo estaba».
Lo que yo veo
Creo en el arrepentimiento y creo en la restauración. Creo que Alex Sampedro puede y debe ser restaurado. Lo dije desde el primer episodio de Mesa Segura, el pódcast de la Red Colombiana contra el Abuso en Espacios de Fe que hacemos con la psicóloga Lina Montoya: el caso me genera compasión, y algunas personas me odiaron por decirlo.
Pero cuando una conducta les causó dolor a mujeres concretas, el arrepentimiento tiene que tenerlas en cuenta a ellas. No basta con que quien causó el daño hable de su pecado, de su proceso y de su nueva etapa. Si lo que se pone delante es él, con su lugar en el ministerio y su nombre internacional, ellas quedan invisibles. Además me queda la sensación de que el comunicado seguido del anuncio de vástago es un arrepentimiento que busca amortiguar su "entrada triunfal" a plataformas ministeriales. Busca legitimar con su confesión, la posibilidad de volver al ruedo ministerial
Zaqueo era «jefe de los publicanos, y rico» (Lucas 19:2). Los publicanos cobraban los impuestos de Roma entre su propia gente, y era tan común que cobraran de más que Juan el Bautista les había dicho: «No exijáis más de lo que os está ordenado» (Lucas 3:13). Un jefe de publicanos no era un pecador cualquiera: era alguien con poder sobre otros. Por eso, cuando Jesús se hospedó en su casa, en Jericó, todos murmuraban porque había entrado «a posar con un hombre pecador» (Lucas 19:7).
Jesús llegó primero. La gracia llegó antes que cualquier reparación, y esa gracia también alcanza a Alex. Pero lo que Zaqueo hizo con ella es lo que este caso necesita mirar. Se puso de pie y habló de dinero y de cuentas: «He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado» (Lucas 19:8). Su palabra no fue para la multitud que murmuraba. Fue para los pobres y para cada persona a la que le había cobrado de más, y le costó la mitad de lo que tenía. Solo entonces Jesús dijo: «Hoy ha venido la salvación a esta casa» (Lucas 19:9).
Eso es lo que me enseña Zaqueo para este caso. El perdón de Alex va dirigido «a todos», a quienes lo seguían, a «vuestra fe». Es un perdón para la multitud. Zaqueo, en cambio, miró a la cara a quienes habían recibido el daño y puso sobre la mesa algo que le dolía. Aquí, según las instituciones, quienes recibieron el dolor son mujeres concretas. Un arrepentimiento como el de Zaqueo empezaría por ellas: preguntarles qué necesitan, reparar lo que se pueda reparar y dejar que eso ocurra y genere sanidad y restauración antes de cualquier regreso a los púlpitos.
Lo que propone Seneca Falls
Seneca Falls ha seguido este caso. Cuando Valentia y la FIAPE reconocieron la conducta, escribió en Instagram que «finalmente se reconoce la gravedad de los hechos cometidos por Alex Sampedro a muchas mujeres ante el peso de la evidencia de los testimonios de muchas de ellas». Y en su comunicado sobre el caso, la Alianza Evangélica invitó a escribirle a Voz de Agar a todas las mujeres que sew sintieran víctimas de ese caso.
En octubre de 2026, Seneca Falls publicó un carrusel en Instagram y un artículo en su web, «Pastor y oveja», sobre los procesos de restauración de cualquier líder. Estos recursos nos sirven para pensar este caso particular y otros similares.
El carrusel empieza por el poder: «Un pastor tiene autoridad espiritual. Por eso el "sí" de una mujer de su congregación no es un "sí" libre: es un consentimiento viciado. Y la responsabilidad de guardar esa frontera es entera de quien tiene el poder». Cuando el micrófono lo tiene uno solo, la responsabilidad también es de uno solo.
Después viene el tiempo. En «Pastor y oveja» escriben: «La prisa por volver suele revelar que el centro de la preocupación sigue siendo el líder: su vocación, su sustento, su imagen, su necesidad de sentirse útil». Y en el carrusel: «La restauración de una persona no es la restauración de su ministerio. Y un arrepentimiento verdadero no tiene prisa por volver al púlpito». Una persona puede sanar, estar en su casa y sentarse a la mesa de su comunidad sin subirse de inmediato a un escenario.
Y al final, la pregunta por quién responde. Si un equipo acompañó el proceso, dice el artículo, es ese equipo «el que debería firmar el alta, por escrito, con nombres y apellidos, y asumiendo públicamente la responsabilidad de su valoración». Porque «un alta sin firmantes no es un alta: es una decisión que nadie quiere asumir».
Por qué tengo reservas
Yo no sé lo que hay en el corazón de Alex. No me toca saberlo. Lo que sí veo es el orden de las cosas: unas canciones con la marca del sello de Jesús Adrián Romero; luego, un comunicado que pide perdón a todos; y al final, una bienvenida «a la familia». Todo en menos de un mes.
Me preocupa que un perdón que no nombra a las mujeres sirva, en la práctica, para que el regreso a la música y a los escenarios parezca resuelto. En inglés se habla de social proof («prueba social»): cuando muchas personas aplauden, lo que pasó empieza a parecer un caso cerrado. Un comunicado que se compartió en muchas cuentas, un sello que le da la bienvenida y, al lado, unas mujeres de las que el comunicado no dice una sola palabra.
Si Alex fuera un desconocido, su perdón sería un asunto de su casa y de su iglesia. Pero tiene veinte años de canciones y un público en dos continentes, y por eso los aplausos pesan. Cada aplauso a un perdón que no las nombra deja a esas mujeres, otra vez, por fuera de la historia, invisibles, sin nombre. En la práctica, el evangelio lucha por darle voz y lugar a esas personas invisibilizadas por sistemas y estructuras de abuso.
Somos muy rápidos para darle gracia al famoso. Se la damos en un comentario, en un «amén», en un «todos pecamos», en un «los cristianos necesitamos aprender a perdonar». ¿Y la gracia para quienes se reconocen víctimas de ese famoso? A la mujer del video de Voz de Agar, una pastora le aconsejó pasar página. Ella contó que nadie se había sentado a preguntarle cómo estaba. La gracia que a él le llega en una tarde de comentarios, ¿quién se la está dando a ellas?
Hay quienes me han escrito que los cristianos somos los únicos que matamos al soldado caído. Les he contestado que el soldado caído de esta historia son las mujeres que se reconocen víctimas y que hemos invisibilizado. Ellas quedaron heridas en el camino mientras corríamos a levantar al predicador famoso.
Las preguntas que faltan
Marcos Zapata, presidente de la Alianza Evangélica Española, escribió en su columna personal de Protestante Digital sobre cualquier líder que vuelve al ministerio después de un proceso de restauración. Su pregunta es «quién ha evaluado su restauración y quién asume la responsabilidad de avalar su regreso al ministerio». Y una convicción: «nadie debería restaurarse a sí mismo».
Yo hago mía esa pregunta para este caso. Alex agradece en su comunicado a «familiares, pastores, terapeutas y amigos», pero no dice quiénes son, ni quién da por terminado el proceso. Zapata escribe también que «la verdadera amistad pastoral no consiste en facilitarle a un amigo su regreso al púlpito, sino en ayudarle a caminar en la verdad, incluso cuando esa verdad le impida regresar».
Antes de un micrófono, antes de un disco y antes de una bienvenida, hay preguntas que alguien tendría que poder contestar en público:
¿Alguien habló con las mujeres que dieron su testimonio? ¿Qué pasó con el plan de atención y con la auditoría que anunció la FIAPE? ¿Quiénes acompañaron el proceso de Alex, y quién dice que ya terminó? ¿Alguien les preguntó a ellas qué piensan de esta nueva etapa?
Esas preguntas también son para quienes celebran. Para el sello que lo recibe, para las iglesias que mañana lo inviten a dar sermones y para cada uno de nosotros cuando ponemos un «amén» debajo de un comunicado y celebramos el arrepentimiento y la gracia. No le estoy cerrando la puerta a Alex. Lo que pido es que la gracia no sirva para que quien tenía poder pase la página mientras no sabemos si alguien acompañó a esas mujeres.
La gracia también alcanza a Alex. Pero el escenario puede esperar; la pregunta por ellas, no.
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