TeoCotidiana
Una mujer sentada sola de espaldas en una sala, en blanco y negro
Reflexión
· 8 min de lectura

¿Dios me perdona si aborté?

Estaba sangrando y creía que eso era el castigo. Me escribió esa noche para preguntarme si se iba a condenar.

Una muchacha me escribió la noche del día en que abortó. Estaba sangrando mucho y estaba segura de dos cosas: que eso era el castigo de Dios y que se iba a condenar. Ninguna de las dos era cierta.

Yo no tenía nada inteligente que decirle.

Lo que hice fue escucharla. Después oré por ella. Y le insistí en una sola cosa: que Dios no estaba ahí para castigarla ni para echarla al infierno, sino para abrazarla y acompañarla en medio de lo que estaba viviendo. Que la idea de Dios, desde siempre, ha sido estar en medio de lo difícil para nosotros, que quiere cambiar nuestro miedo y dolor y culpa en realidades de bienestar y amor.

Si escribiste esa pregunta en el buscador, lo más probable es que estés donde estaba ella.

Ella creía que el cuerpo estaba dictando sentencia

Eso es lo que hace la teología del castigo: convierte cualquier cosa que te pase en la factura. En la cuenta de cobro que Dios te pasa para recordarte cuán mala persona eres, y cuán digno o digna de condenación.

El sangrado no era Dios cobrando venganza. Era su cuerpo, que acababa de pasar por una cirugía clandestina. En nuestros países eso es un negocio, y de los grandes: sin asepsia, sin control, sin un cuidado intencional por el bienestar de la mujer. Entra, paga, corta, sale.

Y no es un caso raro. La Organización Mundial de la Salud calcula que la mayoría de los abortos que se practican en América Latina y África son peligrosos: unos tres de cada cuatro. Y que cada año siete millones de mujeres de países en desarrollo terminan hospitalizadas por las complicaciones.

Si estás leyendo esto con esa misma idea encima, no la sacaste del evangelio. Te la enseñaron.

Los gritos a la entrada, la soledad de la salida

Hay una imagen que no me puedo sacar de la cabeza, y tiene que ver con la entrada de las clínicas legales de aborto en países como Estados Unidos.

A la entrada hay gente gritando. Gritándoles que es pecado lo que van a hacer. Intentando persuadirlas de que no entren, intentando culpabilizarlas, intentando que el miedo haga el trabajo. Es la teología del miedo aplicada en la puerta, contra una mujer que llega decidida y que casi siempre llega sola.

Y a la salida no hay nadie.

Nadie se queda a esperarla. No hay una mano que la abrace, no hay una cercanía para la mujer que ya hizo lo que hizo. Los mismos que gritaban a la entrada ya no están. Porque el grito era contra la decisión, no a favor de ella.

Yo he pensado mucho en qué haría si me encontrara a una mujer entrando a ese lugar. Le regalaría mi empatía. Buscaría conocer un poco más de su historia y de las razones de su decisión. Daría todo lo que estuviera en mis manos, me pondría a su servicio, e intentaría que en esa empatía y en esa ayuda ella no tomara esa decisión.

Pero sin amenazas de infierno. Ya es suficiente infierno pasar por una ruptura, por el señalamiento de la sociedad y por la culpa propia.

Y si al fin decide entrar, la esperaría. Si ella me lo permite, la abrazaría. Y daría todo lo que estuviera a mi disposición para que tenga bienestar físico y emocional.

Porque en esa soledad de la salida —acompañada por alguien conocido, tal vez, o por nadie— está la figura de un Jesús lleno de empatía que la abraza con amor para borrarle la vergüenza.

Si tú saliste de un lugar así y no había nadie esperándote, eso es lo que quiero que sepas: sí había alguien. Aunque no lo vieras y aunque nadie te lo haya dicho después.

Un Dios que se baja de los pedestales

Lo que yo creo de Dios es esto: que Jesús es la imagen de un Dios que se baja de los pedestales para habitar con nosotros y con nosotras en nuestro día a día. No uno que mira desde arriba a ver quién falla.

Por eso lo que a esa muchacha le hacía falta esa noche no era un veredicto. Era el rostro compasivo, acompañante, abrazador y empático de Dios en medio de las dudas y de las culpas.

He orado muchas veces por las mujeres que han abortado, y siempre pido dos cosas. Que se encuentren con el abrazo de Dios y se sepan amadas. Y que Dios las sane del dolor físico, y también de las dolencias sociales: las de la familia, las de los amigos, y las de los cristianos que las rechazan, las condenan y las llenan de discursos de odio.

Si eres una de ellas, esa oración es por ti.

Aclaremos algo

No estoy de acuerdo con el aborto. Lo he dicho muchas veces y lo sigo diciendo, y este artículo no viene a proponerlo, ni a defenderlo, ni a decir que da lo mismo.

Viene a otra cosa. Porque el debate no es si estamos o no de acuerdo: ya es una realidad, y el tamaño de esa realidad se puede medir. La Organización Mundial de la Salud calcula 73 millones de abortos al año en el mundo. Tres de cada diez embarazos terminan así. Y América Latina tiene la tasa más alta del planeta.

Setenta y tres millones. Eso ocurre todos los días, y ocurre también dentro de nuestras iglesias aunque no nos demos cuenta, o nos hagamos los que no nos damos cuenta. Y frente a alguien que ya está adentro de esa realidad, la pregunta cristiana deja de ser cómo condenarla mejor.

Y antes de seguir hay que poner un texto completo, porque solemos citar la mitad:

«Como está escrito: No hay justo, ni aun uno.»Romanos 3:10 · Reina Valera 1960
«por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia.»Romanos 3:23-24 · Reina Valera 1960

Ni aun uno. Ahí no hay lista de casos, ni escalafón de gravedades: estamos todos adentro, y estamos adentro por la misma razón.

Entonces sí, la mujer que abortó es pecadora. Pero no por haber abortado. Lo es exactamente por lo mismo que tú y que yo: ser pecador tiene que ver con ser humano.

Y por eso mismo quedamos justificados todos por lo mismo, que no es nuestro comportamiento.

Qué lleva a una mujer hasta ahí

Las razones casi nunca son las que se suponen desde afuera.

Es que no tiene con quién contar. Es la falta de oportunidades, y eso lo niega mucha gente de clase media que jamás ha pisado las periferias de nuestras ciudades. Es la certeza de que ese niño o esa niña no va a tener dónde vivir bien. Es una violación, a veces del propio familiar.

Y hay una que nos toca de frente: hay mujeres que abortan para que su comunidad eclesial no se entere. Porque ya vieron cómo quedan marcadas las que resultan embarazadas sin estar casadas, y saben que esa marca no se borra con los años. El discurso que iba a cuidar la moral terminó empujando la decisión que decía combatir.

Los hombres también abortan

Y en esa cuenta falta alguien.

Un hombre aborta cuando abandona a su suerte a la mujer que dejó embarazada. Cuando tiene sexo sin pensar en anticonceptivos ni en las consecuencias. Cuando no pone medio dólar para lo que ella necesita. Cuando la maltrata física, emocional o psicológicamente durante ese embarazo. Cuando no aporta un ambiente de bienestar para ella y para el bebé, siga o no siga con ella.

Todo eso empuja hacia la misma puerta. Pero al final la cuenta se le pasa a una sola persona, y al otro no le pasa nada.

Lo que nos toca

Nos volvimos expertos en pelear por los derechos de los no nacidos y nos descuidamos en accionar el amor en unas sociedades que no dan bienestar. Ese desbalance deja ver una moralidad endeble.

Gritar en la puerta es lo más fácil y lo más inútil que podemos hacer. El lugar de la iglesia es construir una realidad social donde tomar esa decisión sea cada vez menos factible. Y eso se hace con acompañamiento, con oportunidades, con comida, con una comunidad donde una mujer embarazada y sola no tenga que esconderse.

Es el amor el que transforma, no nuestras acusaciones.

Cada quien va a vivir su propio proceso

A ti te espera lo mismo que a todos: tu propio proceso. El camino con Jesús irá transformando lo que haya por transformar, paso a paso, poco a poco, día a día. Igual que a quienes no han abortado ni lo piensan como posibilidad.

El evangelio no es una fábrica de cristianos en serie. Cada quien vive a Jesús desde su propia realidad, y cada quien está en un momento distinto del camino.

En ese camino, en ese proceso, en esa progresión de altibajos constantes que llamamos vida, Dios nos recuerda que busca estar cerca en cada momento —aunque sean momentos difíciles y oscuros— para brindarnos su abrazo, su ternura y su amor inquebrantable.

Entonces sí

Volvamos a tu pregunta, que es con la que llegaste.

Sí. Dios te perdona.

Somos justificados y justificadas sea cual fuere la categoría moral que le demos a nuestras fallas humanas. El perdón nunca dependió de esa escala.

Si tu pregunta empieza con otro «si» —si fui infiel, si le fallé, si peco muchas veces—, esa la respondí completa en ¿Dios me perdona si…?.

Dios te sigue amando, te acerca, te dignifica. Le sigues importando como siempre. Dios no para de amarte.

¿Conoces a alguna mujer que lleve años con esta culpa?
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Jesús para la vida real, de Tomás Castaño Marulanda
El libro · ya publicado

Jesús para la vida real

«Jesús para la vida real» es un grano más en medio de muchos y muchas que están alzando la voz y sus historias para que estén al servicio de la gente y sus necesidades y sus procesos.

En papel y en Kindle. Y si quieres probarlo antes, el primer capítulo está aquí arriba, gratis.

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Prólogo de José Chacón · Tomás Castaño Marulanda
Edición independiente · ISBN 979-8371758729

Hablan del libro

De las páginas «Hablan de…» de la edición impresa
Si este libro es tu primera aproximación al evangelio, felicidades, te vas a inmunizar contra la religiosidad
Cesar Soto · Chile
Escritor. Pastor Asociado en Austin New Church y pastor de la comunidad «Amor Original». Maestría en Estudios Teológicos Latinos, Palmer Theological Seminary.
No aporta ningún enfoque teológico nuevo, ni propone un nuevo acercamiento doctrinal a la vida cristiana… y esa es la buena noticia
Noa Alarcón · España
Editora y traductora especializada en teología y ciencias bíblicas. Estudió Filología Hispánica y Hebrea.
Su autor vuelve a narrar la historia con una cercanía y ternura que contagian el deseo de volver nuevamente a los brazos de Jesús
Almendra Fantilli · Argentina
Licenciada en Comunicación Social y fotógrafa. Directora del documental «El Culto».
Tomás contribuye en buena hora a recordar que estamos en mora, con dos milenios de atraso, y lo hace por una vía que no goza de buena prensa: abordar preguntas simples, sin pedigrí
Alvin Góngora · Colombia
Master en Estudios Teológicos. Docente universitario. Editor de Traducciones en Tearfund. Editor de este libro.
Puede ser el texto que al leerlo te haga sentir menos sola y enajenada en la ola de pensamientos que de pronto llegaron a cuestionarlo todo
Ana Belén · Ecuador
Doctora en geografía humana. Docente de la Universidad de Barcelona.
Este libro ayudará a una generación a ver cuán hermoso es Jesús en verdad
Sergio Ramírez Lozano · Colombia
Director de traducciones e interacción bíblica, Sociedad Bíblica Colombiana. Ph.D. en Psicología y Magíster en Ciencias Bíblicas.
Lo que viene · en construcción

Dios sigue ocurriendo

El devocional. Veintidós capítulos que siguen a Jesús desde el pesebre hasta las heridas que conservó después de resucitar — no para explicarlo, sino para encontrarlo donde uno vive.

Todavía no tiene fecha. Quien esté en la lista de correo se entera primero, y verá capítulos sueltos antes de que salga.

Avísame cuando salga
I

Dios se acercó

Nació pequeño, en la noche, en el exilio, en la vida ordinaria.

II

Jesús y la vida humana

Se cansó. Lloró. Tocó lo intocable. Puso una mesa donde cabes.

III

El Reino y la humanidad

El diablo también ofrecía poder. El padre salió corriendo.

IV

La cruz

El templo lo enojó. No se haga mi voluntad. ¿Por qué me has abandonado?

V

Resurrección y esperanza

Tomás necesitó tocar. Lo reconocieron. Conservó sus heridas.

Tomás Castaño Marulanda
Quién escribe esto

Tomás Castaño Marulanda

Crecí en un barrio pobre, violento y peligroso, con todas las carencias imaginables y todos los peligros imaginables. La iglesia local en la que crecí me salvó la vida: me dio un lugar, me dio identidad, me dio el amor que necesitaba para ser fuerte frente al contexto, y me dio razones para no aceptar las ofertas de dudosa procedencia que el barrio siempre tenía listas para un muchacho como yo.

Y en esa misma iglesia me tocaron las espinas. Cuando empecé a hacer preguntas que desbordaban las respuestas permitidas por el pastorado, se explotó la burbuja. Salí abruptamente del lugar donde me había construido durante años y me quedé sin saber a dónde pertenecía.

Ya sé que la metáfora de la rosa es un cliché. No encontré ninguna otra que se adaptara mejor. He sufrido las espinas del cristianismo y también he vivido su belleza, el olor a dulce, la alegría de la esperanza. Y creo que hay algo que decir en las dos direcciones.

Hay espinas que nunca debieron existir: el abuso psicológico, emocional, espiritual y también sexual, cometido por personas y organizaciones que alegando ser agentes de Dios actuaron como el diablo. Cuando escribo sobre eso no lo hago desde afuera. Y frente a esas heridas sigo creyendo que la belleza de Jesús tiene una caricia de sanidad.

De ahí salió TeoCotidiana: reflexiones diarias sobre Jesús, escritas en los ratos libres. Después vinieron el pódcast y Jesús para la vida real, con prólogo de José Chacón. Ahora estoy escribiendo dos libros más: un devocional que se llama Dios sigue ocurriendo y otro que se llama Qué cristianismo tan extraño.

Camino buscando aportar en la construcción de una iglesia donde los rechazados y las rechazadas, las ovejas negras, encuentren aceptación y cercanía.

«El lugar más alto al que quiero que me lleve Dios es a los pies de las personas.»

Esto no es la verdad verdadera. A lo sumo son ideas que me han acompañado, y que te dejo aquí por si te sirven en el camino.

Cartel oficial del documental Él entre nosotros, 2016

Cartel del estreno · Teatro Lido, Medellín

Aquí empezó todo

Él entre nosotros

Antes de los carruseles, antes del pódcast y antes del libro, hubo una cámara recorriendo Medellín.

Dirigí este documental en 2016 para preguntar algo sencillo: cómo se vive la fe en Jesús aquí, en esta ciudad, contada por la gente que la vive. Sin actores y sin púlpito. Lo hicimos entre muchos, con el colectivo IXOYE.

Se estrenó el 5 de diciembre de 2016 en el Teatro Lido, con entrada libre y más de mil personas inscritas. Un año después lo subimos completo a YouTube, para que no tuviera puerta de entrada.

De ahí salió todo lo demás.

❧Mención especial del juradoDespertar Film Festival · Bogotá · 2017

Entrar al archivo del documental

Colombia · 2016 · Rodado en Medellín
Dirección: Tomás Castaño Marulanda · Colectivo IXOYE

El pódcast

Dieciocho episodios sobre las preguntas que en la iglesia se responden rápido y en la vida no.

Todos los episodios
018Verdadera alabanza y adoración
017No es la palabra de Dios
016Una fe subversiva
011El cristianismo es un proceso
009El infierno
008¿Diezmar o no diezmar?
El primer capítulo, gratis «Nuevos Comienzos» en PDF · te llega al correo

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