Me dijeron que iba a sentir a Dios si cumplía con esto: nada de cerveza, ni vino. No bailar. No ir a cine. Nada de rock. No juntarse con «mundanos». Y yo quería sentir a Dios.
Lo hice. Dejé de ser como era, dejé lo que entendía y lo que no tenía sentido, dejé cosas «por si las moscas». No bailé, no bebí, no fumé. Sentí la aprobación de la iglesia; bueno, no del todo, siempre fue una aprobación incompleta, siempre había algo más por dejar. Y en todo lo que iba dejando, a Dios seguía sin poder encontrarlo.
Lo de la cerveza, en particular, nunca lo entendí. La Biblia habla constantemente del vino que tomaban, incluso Jesús con sus amigos. Cuando era líder de jóvenes me metí en problemas por decir en voz alta que la cerveza no tenía nada de malo y que nadie podía comprobar lo contrario con la Escritura en la mano. Nadie pudo. Sigo esperando.
¿Qué dice la Biblia sobre tomar alcohol?
Empecemos por lo que dijeron de Jesús los religiosos de su tiempo:
«Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.»Mateo 11:19 · Reina Valera 1960
Ese era el insulto. Y era la descripción más exacta que le hicieron: un hombre que comía, que bebía y que se sentaba a la mesa con la gente que la religión había descartado. Jesús nunca se disculpó por eso. Al contrario, se comparó con Juan el Bautista, que no comía ni bebía, para decir que a los dos los criticaron por igual: al que ayunaba y al que comía.
Y su primera señal no fue sanar a nadie:
«Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros.»Juan 2:6 · Reina Valera 1960
Seis tinajas de piedra, de las grandes. Más de cuatrocientos litros de agua que servía para los rituales de purificación, convertidos en vino de fiesta, cuando ya la fiesta iba avanzada y el vino se había acabado. Y el maestresala se sorprende de que el mejor vino haya llegado al final. Jesús cambió el agua de la religión por vino de fiesta.
Lo que sí condena la Biblia: emborracharse
Pero la Biblia no celebra la borrachera:
«No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.»Efesios 5:18 · Reina Valera 1960
Y Proverbios advierte que «el vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio» (Proverbios 20:1). Fíjate en la palabra: yerra. Pecar, en el evangelio, es errar en el blanco, como la flecha que no da donde se apuntaba; lo desarrollé en ¿es pecado tatuarse, bailar o maquillarse?. El problema no es la bebida; es perderse, hacer daño, dejar de amar.
Por eso, si tienes un problema con el licor, si eres alcohólico y una cerveza te va a desbordar, es mejor que no te tomes ni una. No porque la cerveza sea pecado, sino porque en tu condición particular esa cerveza abre una puerta que sí lleva a acciones de desamor: con tu familia y contigo. Cada quien decide según su vida. Pero que a alguien no le convenga no convierte la cosa en pecado.
«Mundano» nunca fue el bar
La palabra con la que nos asustaban era esa: mundano. Nos enseñaron que el «mundo» estaba en una pista de baile, en una pantalla de cine o en una copa de vino, y que había que aislarse para estar limpios.
Santiago, que sí usa la palabra, no la conecta con la música ni con el trago:
«Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?»Santiago 2:2-4 · Reina Valera 1960
Eso es lo mundano para Santiago: afrentar al pobre y adular al rico. Y cuando llega a la frase famosa, la de que la amistad del mundo es enemistad contra Dios, lo que viene antes son «guerras y pleitos», codicia y envidia. La palabra griega es cosmos, y en la pluma de Santiago es un sistema de valores que interrumpe el amor por el otro. En la de Juan, es cualquier cosa que denote falta de amor. Mundano no es un lugar. Es un sistema: el desprecio, la fuerza, la injusticia.
Santiago define la religión pura sin mencionar una sola bebida:
«La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.»Santiago 1:27 · Reina Valera 1960
Entonces, ¿es pecado tomar cerveza?
No. Jesús lo dijo sin rodeos, cuando lo acusaron de que sus discípulos comían sin lavarse las manos:
«Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre.»Marcos 7:15 · Reina Valera 1960
Y dio su propia lista de lo que sale del corazón y sí contamina:
«Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez.»Marcos 7:21-22 · Reina Valera 1960
Busca «cerveza» en esa lista. No está. Lo que sí está es la soberbia: la del que mira por encima del hombro al que toma, o al que no. Eso era el fariseísmo que Jesús no aguantaba: gente muy cuidadosa con lo que entraba por la boca y muy descuidada con lo que salía de ella.
El evangelio sí te confronta, pero no para que dejes la cerveza: para que aprendas a amar. Si en la mesa del bar hablas mal del que no está, o si llevas años midiendo tu santidad por una lista de cosas que dejaste mientras se te olvida visitar al huérfano y a la viuda, ahí está lo que Jesús llamó contaminación. La lista de lo que es pecado cambió cada vez que le convino a quien la escribía. La lista de Jesús no ha cambiado.
A Dios lo encontré donde estaba Jesús: en la mesa, comiendo y bebiendo con la gente que la religión había descartado.