Iba de La Ceja a Medellín en bus, con mi hijo. Yo vengo poco a la ciudad: me acalora, me sofoca, me molesta. Había sido una semana pesada, de esas en las que uno está más cansado de lo que quisiera, y escuchando a Marcos Vidal me fui quedando dormido.
Escuché bombas. Había polvo por todas partes, me dolían las piernas, había sangre, y mi hijo, abrazado a mí, no paraba de gritar: «¡Papá! ¡Papi! ¡Papaaá!».
Me desperté. Él seguía dormido, recostado en mí. El bus seguía bajando hacia Medellín. Fueron unos pocos minutos de sueño y me quería morir de la angustia. Pensé en los papás de Gaza y en los papás de Israel que oyen eso mismo despiertos, en la calle de su casa. Lloré en ese bus. Oré, y seguí llorando.
Por esos mismos días, en muchas iglesias de América Latina se izaba la bandera de Israel junto al púlpito, se oraba por la victoria de su ejército y circulaban cadenas que pedían que Gaza desapareciera del mapa. Y en la otra orilla empezaba a circular lo contrario: gente que, indignada por Gaza, terminaba echándoles la culpa de todo «a los judíos». A mí me duelen las dos cosas.
¿Qué significa «bendeciré a los que te bendijeren»?
Casi siempre que alguien defiende al Estado de Israel desde la iglesia, aparece el mismo versículo. Se lo dijo Dios a Abram:
«Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.»Génesis 12:3 · Reina Valera 1960
La primera mitad se cita mucho. La segunda casi nunca. Y la segunda es la que dice para qué: para que las familias de la tierra, todas, fueran benditas. Abram no tenía Estado, ni frontera, ni ejército. Era un viejo que salió de su tierra con su esposa, sus ovejas y una promesa que no iba a ver cumplida.
Pablo leyó esa promesa y dijo que ahí ya estaba anunciado el evangelio para los que no eran judíos:
«Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.»Gálatas 3:8 · Reina Valera 1960
Y unos versículos más adelante: «si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois» (Gálatas 3:29). En Jesús, Dios hizo hijos e hijas de Abraham de todas las naciones de la tierra. Un palestino de Belén, una judía de Tel Aviv, un campesino de Urabá: todos caben en esa promesa.
Jesús, que era judío, casi nunca se presentó con un título nacional. Se llamaba a sí mismo «el hijo del hombre», que en su lengua quiere decir algo tan sencillo como «el ser humano». Se puso del lado de los hijos de Adán, de la humanidad entera.
Por eso el nombre no alcanza. El Estado de Israel se llama como el pueblo de la Biblia, así como Colombia se llama así por Colón, y a nadie se le ocurre que el gobierno de turno sea la tripulación de las tres carabelas. Las decisiones de ese gobierno, las bombas sobre Gaza, los camiones de comida que no dejan entrar, no representan el Reino de Dios. Y su bandera no es un símbolo del corazón del evangelio.
¿Qué significa orar por la paz de Jerusalén?
El otro versículo que se repite es el del salmo:
«Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman.»Salmo 122:6 · Reina Valera 1960
Sí. Oremos por la paz de Jerusalén. Pero pedir paz y hacerle barra a un ejército son dos oraciones distintas. Una pide que dejen de morir niños. La otra pide que ganen los nuestros.
Jesús también oró por Jerusalén. Cuando la vio desde el monte, lloró:
«Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.»Lucas 19:41-42 · Reina Valera 1960
Esa ciudad esperaba a un Mesías que echara a los romanos a punta de espada. Él llegó montado en un burro, lloró por lo que se venía, y días después, cuando Pedro sacó la espada para defenderlo, lo paró en seco: «Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán» (Mateo 26:52). Y le sanó la oreja al criado del sumo sacerdote, el que venía a arrestarlo, al que Pedro había herido (Lucas 22:51).
Orar por la paz de Jerusalén, entonces, incluye a los judíos que viven allá, a los musulmanes, a los cristianos y a todos los demás, tengan o no tengan bandera religiosa, tengan o no tengan bandera política.
¿Quiénes mueren en Gaza?
El 7 de octubre de 2023, Hamás entró en Israel, mató a cerca de 1.200 personas y se llevó a 251 secuestradas. Eso es terrorismo, y ojalá quienes lo hicieron respondan ante la justicia. Nada de lo que sigue lo borra.
Lo que vino después, según el Ministerio de Salud de Gaza, son más de setenta mil personas muertas. En septiembre de 2025, una comisión de investigación de las Naciones Unidas concluyó que Israel cometió genocidio en Gaza. El gobierno de Israel rechazó el informe. Pero si un grupo terrorista mata civiles, un Estado no puede responder matando civiles. «Yo maté civiles porque Hamás mató civiles» no es defensa. Es admitir que se hizo lo mismo.
Y palestino no es sinónimo de Hamás, así como el Estado de Israel no es sinónimo de los judíos. En Gaza viven musulmanes y también cristianos, de las iglesias más antiguas del mundo. El 19 de octubre de 2023, un ataque israelí cayó junto a la iglesia ortodoxa de San Porfirio, donde se refugiaban familias cristianas y musulmanas, y mató por lo menos a dieciocho personas. La parroquia católica de la Sagrada Familia recibía cada noche la llamada del papa Francisco, que desde el comienzo de la guerra preguntaba cómo estaban, hasta que murió. En julio de 2025, un proyectil israelí la alcanzó: tres muertos y el párroco herido.
Jesús nació en Belén. Belén queda hoy en Cisjordania, y para ir de allí a Jerusalén hay que pasar un muro y un puesto de control. El evangelio de Mateo cuenta que, cuando nació, un rey mandó matar a los niños del pueblo, y que su familia tuvo que huir a otra tierra para salvarle la vida. Cada vez que veo a un papá de Gaza con su hijo en brazos buscando para dónde correr, pienso que Jesús sigue naciendo por allá, huyendo de los nuevos Herodes.
¿Criticar a Israel es antisemitismo?
La indignación por Gaza se está desviando en muchas partes hacia el odio a los judíos. El 14 de diciembre de 2025, en la playa de Bondi, en Sídney, dos hombres dispararon contra una celebración de Janucá y mataron a quince personas, entre ellas una niña de diez años. Ninguna de esas personas tomó una decisión de guerra. Las mataron por ser judías.
Odiar a un pueblo por las decisiones de su gobierno es repetir el ciclo de odio que el evangelio vino a romper. Y los cristianos tenemos una historia que no nos deja hablar de esto a la ligera. Durante siglos, desde los púlpitos, se llamó a los judíos «el pueblo que mató a Jesús», y con esa idea se justificaron expulsiones, masacres y persecuciones en media Europa. Cuando llegó el nazismo, buena parte de las iglesias alemanas se quedó callada, o aplaudió. Unos pocos se opusieron. A uno de ellos, Dietrich Bonhoeffer, lo ahorcaron en 1945.
Jesús era judío. Lo circuncidaron al octavo día, aprendió de su mamá y de su papá las oraciones y los rituales de la fe judía, leía las Escrituras en la sinagoga de su aldea. María era judía. Los doce eran judíos. Pablo, el que nos llevó el evangelio a los que no lo éramos, escribió:
«Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.»Romanos 11:1 · Reina Valera 1960
Rechazar el antisemitismo es coherencia con nuestra propia raíz. Y además, el mundo judío no piensa en bloque. Dentro de Israel, familias de los secuestrados han salido a las calles a protestar contra su propio gobierno. En octubre de 2023, cientos de judíos se sentaron en la estación Grand Central de Nueva York a pedir un alto al fuego en Gaza, y se los llevaron detenidos. Hay judíos y judías, en Israel y fuera de Israel, que se oponen a lo que su gobierno hace en Gaza, y muchos lo hacen desde su fe.
¿Un cristiano debe apoyar a Israel?
Entonces, ¿de qué lado estoy? Del lado de las víctimas, de un lado y del otro. No estamos para justificar los muertos de ninguno de los dos bandos. Estamos para acompañar a los que lloran en los dos.
Eso significa decir con firmeza que el Estado de Israel está haciendo cosas inhumanas en Gaza, sin creer que tenemos la autoridad para odiar a los judíos. Significa no confundir teología con geopolítica. Significa atreverse a decir que la vida de un niño en Gaza vale lo mismo que la vida de un niño en Tel Aviv. Y significa revisar el corazón con una pregunta sencilla: si lloramos a los niños muertos de un lado y los del otro no nos quitan el sueño, todavía no hemos entendido el evangelio.
Pedro lo entendió en la casa de Cornelio, un centurión romano. Él mismo lo dijo al entrar: para un judío era abominable juntarse con un extranjero (Hechos 10:28). Y ahí, en esa casa:
«Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas.»Hechos 10:34 · Reina Valera 1960
Ese día en el bus, con mi hijo dormido encima, no oré por un bando. Oré por los papás. Por los de Gaza y por los de Israel, por los que buscan a sus hijos entre los escombros y por los que esperan que les devuelvan a los suyos.
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¿Razones para orar por Israel? Es parte de la humanidad que Dios ama. ¿Razones para orar por Palestina? Es parte de la humanidad que Dios ama. Dios no hace acepción de personas.
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