Me etiquetaron en la publicación de un pastor con sesenta y tantos mil seguidores. El argumento era este: cualquier persona de izquierda no es de Dios.
Y no lo decía porque sí. Lo decía con un texto en la mano.
«Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.»Mateo 25:32-33 · Reina Valera 1960
Ahí está, decía. Las ovejas a la derecha. Las cabras a la izquierda. La Biblia lo dice.
Y la gente en los comentarios aplaudiendo, y fuego, y amén.
El versículo del cine
Los viejitos de la iglesia donde crecí decían que ir a cine era pecado. Y cuando uno preguntaba dónde dice eso, abrían la Biblia con toda la certeza del mundo:
«Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.»Salmos 1:1 · Reina Valera 1960
Silla. Ahí está: las sillas del cine.
Ese salmo se escribió cientos de años antes de que existiera el cine. Pero en la manera en que a ellos les enseñaron a leer, si la palabra aparecía, el texto estaba hablando de eso.
Con la derecha y la izquierda pasa lo mismo, y se puede fechar.
La izquierda y la derecha nacieron en 1789
Nacieron en Francia, en la Asamblea Nacional, entre agosto y septiembre de 1789. Se estaba debatiendo si el rey conservaba el poder de vetar las leyes. Los que defendían ese poder del rey se fueron a sentar a la derecha del presidente de la asamblea. Los que se oponían, a la izquierda. Y de ahí quedó, por dónde se sentaron.
El texto de Mateo se escribió más de mil setecientos años antes de esa sesión.
Quien lo escribió y quienes lo escucharon por primera vez no tenían manera de estar hablando de modelos económicos ni de partidos modernos, porque esas categorías no existían. Igual que el salmista no estaba hablando de Cine Colombia, ni de Cinépolis, ni de Cineplanet, ni de Yelmo.
¿Y entonces qué era la derecha?
Queda la pregunta honesta: si no es política, ¿por qué el texto pone a unos a un lado y a otros al otro?
Porque en ese mundo la derecha era el puesto de honor. «Siéntate a mi diestra», dice el salmo 110. De Jesús se dice que «se sentó a la diestra de Dios». Y cuando Jacob va a bendecir a sus dos nietos, cruza los brazos a propósito para poner la mano derecha sobre la cabeza del menor, porque esa era la mano de la bendición.
Hay una escena que lo deja del todo claro. La mamá de Santiago y Juan se le acerca a Jesús a pedirle un favor para sus hijos:
«Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.»Mateo 20:21 · Reina Valera 1960
Está pidiendo los dos lados. Porque los dos son buenos: son las sillas de al lado del rey.
Y basta con darle la vuelta al asunto. Si Jesús está sentado a la derecha de Dios, entonces Dios está a la izquierda de Jesús. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo, y en esa misma escena. Porque la derecha y la izquierda no son propiedades de nadie: dependen de dónde esté parado el que mira.
Lee dos renglones más abajo
Somos expertos en sacar un versículo, recitarlo y decir «ahí dice». Y casi siempre la respuesta está en lo que va inmediatamente después, que nadie lee.
Porque el texto no deja en el aire quiénes quedan a un lado y quiénes al otro. Lo dice con nombre propio:
«Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.»Mateo 25:35-36 · Reina Valera 1960
Y a los de la izquierda les dice lo contrario: tuve hambre y no me dieron de comer, fui forastero y no me recogieron, estuve enfermo y en la cárcel y no me visitaron.
Lo que separa a unos de otros en ese texto no es en cuál lado del espectro ideológico político se encuentran, sino qué hicieron cuando tuvieron el hambre del otro enfrente.
Dar de comer. Dar de beber. Recibir al que llegó de otra parte. Vestir al que está desnudo. Visitar al enfermo. Ir a la cárcel a acompañar al que quedó preso.
En esa escena nadie pregunta por el color político de nadie. Ni por la bandera ideológica que levantaba, ni por el modelo económico que defendía, ni por a quién le puso el voto. Todas las preguntas son sobre el amor por los demás.
Para qué sirve el molde
¿Y por qué insistir en que los de un lado de los modelos económicos y las posturas políticas no pueden ser cristianos?
Es una estrategia mediática. Es una estrategia política. Porque si convencemos a los cristianos de que solo se es cristiano dentro de un molde específico —de lo político y de lo económico—, entonces es más fácil decirle al cristianismo: ustedes no pueden ser diferentes de como necesitamos que sean, ni pensar distinto de como necesitamos que piensen. Y a quien le sirve un bloque de votos que no se mueve no es a Dios: es a una campaña.
Si ser de derecha es lo bueno y lo de Dios, entonces no queda nadie que critique las injusticias de la derecha. Y las hay. Y las hay en la izquierda también.
Mi candidato es de derecha, entonces si hizo algo malo yo me callo, porque ser de derecha es lo cristiano. O al revés: mi candidato es de izquierda y ese es el ungido de Dios, entonces si hizo algo malo yo me callo. Tenemos un montón de mesías en el discurso político evangélico, y algunos hasta se organizaron en partido.
El papel de la iglesia es levantar la voz contra las injusticias vengan de donde vengan. Del partido que venga. Eso es lo que en el fondo está preguntando quien pregunta si un cristiano puede protestar.
El problema no es tener una posición, como en por quién debe votar un cristiano. El problema es entregarle el corazón a una postura política y económica sobre la que damos por sentado que es buena en sí misma. Y no lo es. Ninguna lo es.
El color político de la iglesia
Sí hay cristianos de derecha y hay cristianos de izquierda.
Lo que no es cierto es que ser cristiano sea ser de derecha, y tampoco es cierto que sea ser de izquierda. Lo cristiano trasciende las dos posturas y alza la voz contra lo malo que se haga dentro de las dos.
Un amor que se acerca a los excluidos. Que cuestiona los discursos de exclusión. Que entrega pan donde hay hambre, cobijo donde hay frío, compañía donde hay soledad.
Eso no es de izquierdas y eso no es de derechas. Eso es del evangelio.
Y si a ti ya te lo dijeron —que no eres cristiano, que estás engañado, que te alcanzó la oscuridad— por cómo piensas de lo público, quiero decirte que eso no salió del texto. Salió del molde. Puedes estar equivocado en política, como estamos todos en algo. Lo que nadie puede hacer es sacarte del rebaño por eso.
No podemos pretender ver a Jesús sentado a la diestra de Dios si no estamos dispuestos a verlo sentado a la diestra de las prostitutas, los zelotas y los publicanos.