Están colgados en un exhibidor, en fila, con su código de barras y su etiqueta de precio. Palos de madera lijada, largos, del ancho de una regla. Al lado hay libros infantiles y un tapiz bordado que dice «Tu amistad endulza mi vida. ¡Feliz día!». Es una librería cristiana. Y eso que están vendiendo son palos para pegarle a un niño.
Cada uno trae su versículo impreso a lo largo:
«La necedad está ligada en el corazón del muchacho; Mas la vara de la corrección la alejará de él.» · «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.» · «La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre.»Proverbios 22:15 · 13:24 · 29:15 · Reina Valera 1960
Y uno de ellos, el rojo, el más largo de todos, dice así:
«Padres criad en disciplina y amonestación del Señor. Efesios 6:4.»
Ahí me detuve. Porque ese versículo no empieza ahí.
El versículo que le cortaron la mitad
Efesios 6:4, completo, dice esto:
«Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.»Efesios 6:4 · Reina Valera 1960
La primera mitad del versículo es una prohibición dirigida a los papás. Y es la prohibición de hacer lo que ese palo está fabricado para hacer.
Alguien se sentó a diseñar esa etiqueta. Alguien midió el espacio, escogió la tipografía, mandó a imprimir. Y en algún punto de ese proceso alguien decidió dónde empezaba la cita. No es un descuido de imprenta. Es una edición. Le quitaron al versículo justo la parte que les estorbaba y dejaron el pedazo que les servía de licencia.
Y por si faltara algo: a varios de esos palos les pusieron el dibujito de una ovejita.
Guarda ese detalle. Vuelvo a él más adelante.
Nadie lee la Biblia literalmente. Ni ellos
La pregunta que llega, la que la gente escribe de noche y con miedo, es esta: ¿eso es literal? ¿Tengo que pegarle a mi hijo porque la Biblia dice que hay que corregir con vara?
Si de verdad cumpliéramos todo lo que está escrito, sin filtro y sin contexto, no estaríamos discutiendo por un palo de librería. Estaríamos haciendo esto:
«Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre… entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad… Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá.»Deuteronomio 21:18-21 · Reina Valera 1960
Nadie hace eso. Ni el que fabrica el palo, ni el que lo cuelga en la vitrina, ni el pastor que lo recomienda desde el púlpito. Todos, absolutamente todos, estamos escogiendo qué leemos al pie de la letra y qué no.
Entonces la pregunta ya no es si filtramos. Es con qué filtro. Y esa pregunta sí la tienes que responder tú, porque de tu respuesta depende un niño.
Proverbios no es una ley: es un refranero
Hay algo anterior a todo esto, y tiene que ver con qué clase de libro es Proverbios.
Harold Segura —pastor bautista caleño, director de Fe y Desarrollo de World Vision para América Latina, que lleva años escribiendo sobre teología de la niñez— hizo esta relectura y llegó a algo que ya no me puedo quitar de encima. Proverbios es un libro sapiencial: su asunto es la sabiduría, la maduración de una persona entera. En sus palabras: «la vara no es la enseñanza más relevante, mucho menos la prescripción exclusiva».
Y sobre la palabra misma, Segura señala que en hebreo significa muchas cosas —báculo, cayado, cetro, bastón— y que el significado depende del pasaje. «Sólo en algunos casos es, de manera directa, una vara de castigo físico.»
Piénsalo por el lado del idioma que hablas todos los días. «No matarás» es una orden. «Al que madruga Dios le ayuda» no lo es: es una manera de decir algo.
Y cuando uno agarra un refrán y lo vuelve reglamento pasa algo que ya conocemos, porque lo hemos hecho con otras cosas: el versículo deja de decirnos algo y empieza a autorizarnos algo preconcebido.
Eso es lo que se llevaron los que descolgaron ese palo de la vitrina. No se llevaron un consejo de crianza. Se llevaron un permiso, con el versículo impreso al lado para que nadie tuviera que dar explicaciones en la casa.
Y eso nunca se dice con su nombre. Nadie dice «le pegué porque me sacó la piedra y porque podía». Se dice corrección. Se dice disciplina. Se dice «es por tu bien, mijo». Igual que a la humillación pública en la iglesia le decíamos restauración.
El que paga es el mismo de siempre: el que no se puede ir.
La palabra que nadie se detiene a mirar
A mí lo que me desarmó fue una palabra.
La palabra que se traduce «vara» en Proverbios es shevet. Es la misma palabra —la misma— que aparece en el salmo más leído de toda la Biblia:
«Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.»Salmos 23:4 · Reina Valera 1960
Léelo otra vez. La misma vara que según ellos existe para golpear a un hijo es la que, en el Salmo 23, infunde aliento. La que consuela. La que uno agradece que esté cerca cuando va caminando por lo más oscuro de su vida.
Nadie, nunca, ha leído el Salmo 23 pensando «qué alivio, Dios me va a dar unos correazos».
Para qué servía la vara de verdad
El pastor cargaba dos palos, no uno. La vara era un garrote corto y grueso, a veces con un nudo en la punta: con eso se enfrentaba al animal que venía por el rebaño. El cayado era el largo, el del gancho, y con ese guiaba, enderezaba el camino y sacaba del hueco a la oveja que se había caído.
Había un palo para defender y un palo para guiar. Ninguno de los dos era para castigar a la oveja. La vara apuntaba hacia afuera, contra el lobo. Nunca hacia adentro, contra el rebaño.
Un pastor que le pegara a sus ovejas con la vara no estaría pastoreando. Sería aquello de lo que las ovejas necesitaban ser defendidas.
Y ahora vuelve al dibujito de la ovejita pegado en el palo.
Le pusieron una oveja a la herramienta con que le van a pegar al hijo. No entendieron nada. La oveja del cuento no es la que recibe los golpes: es la que la vara protege.
El filtro se llama Jesús
Yo trato de pasar cada tema por lo que Jesús dijo y por cómo vivió. Y el asunto de la paternidad le aparece todo el tiempo: él entendía a Dios como papá. Pagola señala algo que a mí me parece la clave — que los rasgos con los que Jesús describe a Dios como padre están hechos de características de los padres y de las madres de su época, mezcladas.
Y esas características de madre están en lo más cotidiano. La que se despierta a las tres de la mañana porque el niño tosió distinto. La que sabe cuál juguete es el que lo calma. La que come frío porque estaba soplándole la comida a otro. Todos los días, sin que nadie la aplauda, porque le nace.
Eso es lo que Jesús está diciendo de Dios: que nos está criando.
El papá que corrió
El hijo menor pidió la herencia antes de tiempo, que en ese mundo era como decirle al papá «ojalá te murieras ya», y se fue a gastársela lejos. Atentó contra el honor de la familia y rompió todos los códigos. Cuando volvió, arruinado, el papá tenía la autoridad para castigarlo. La tenía incluso para llevarlo a la puerta de la ciudad, que es lo que decía aquel texto de Deuteronomio.
Hizo esto:
«Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.»Lucas 15:20 · Reina Valera 1960
Cuando aún estaba lejos. O sea que estaba mirando el camino. Llevaba quién sabe cuánto mirando el camino. Y corrió.
No hubo reclamo antes de que se fuera ni sermón cuando volvió. Timothy Keller le dedicó un libro entero a este relato, El Dios pródigo, y el título es la tesis: el derrochador no es solo el hijo. El papá también derrocha. Derrocha perdón, y lo derrocha antes de que se lo pidan.
El muchacho venía con un discurso ensayado desde el camino. Lo había armado frase por frase: que ya no era digno de llamarse hijo, que lo recibiera como a uno de los trabajadores. Nunca alcanzó a decirlo completo. El papá le cayó encima a besos antes de que terminara.
Ese relato no es un manual de crianza. Es sobre cómo es Dios. Pero si Dios como papá y como mamá es nuestro modelo, entonces ya sabemos que el castigo físico —aunque fuera «merecido»— no es parte de la ecuación.
Criar es mirar el camino. Es salir corriendo cuando el otro todavía viene lejos. Es abrazar antes de preguntar. Es besar antes de que el hijo alcance a decir lo que venía ensayando para que lo perdonaran.
Eso no cabe en los golpes de un palo.
En casa
En casa escogimos la crianza respetuosa. Acompañamos a nuestro hijo, intentamos entenderlo dentro de lo que él alcanza a sentir y a hacer a su edad, intentamos estar.
Y claro que hay «no». Hay lugares donde no se puede estar y cosas que no se pueden agarrar. Le explicamos por qué. Y hay veces en que simplemente lo sacamos de donde está, o le toca vivir la consecuencia de haber hecho lo que le dijimos que no hiciera. Cuando llora, lo abrazamos, le seguimos explicando y nos quedamos con él en la frustración. No lo dejamos solo.
Hemos visto los cambios. El respeto que nos tiene no nos lo ganamos a los gritos: a veces está a punto de hacer algo y voltea a mirarnos para saber si estamos de acuerdo. Y entre las palabras que ya usa todos los días están estas cuatro:
por favor, gracias, te amo, perdón.
No las aprendió a punta de golpes. Las aprendió porque las oye, y porque lo tratamos como él merece que lo traten.
Si esto te está sirviendo: el primer capítulo de Jesús para la vida real te lo mando al correo, sin costo.
Revisa tu correo y confirma — ahí va el capítulo.
Dos cosas antes de cerrar
No te estoy invitando a criar como yo. Yo también me equivoco y voy aprendiendo sobre la marcha. Te estoy invitando a otra cosa: a ser el papá o la mamá que Jesús describía cuando hablaba de Dios. El que mira el camino. El que corre.
Y si a ti te pegaron citándote un versículo, quiero que leas esto despacio: eso no venía de Dios. Venía de alguien que agarró un refrán de hace tres mil años y lo usó como permiso, o que le cortó la mitad a un versículo para que le cuadrara. Lo que te hicieron tiene nombre, y no es corrección. Es la misma lógica de ese evangelio que en vez de sanarte te cobra: te hace pagar el precio de algo que era gratis.
Tu vara: ¿apunta al lobo o apunta a tu hijo?
https://teocotidiana.org/que-significa-corregir-con-vara-en-la-biblia/
La versión corta salió en Instagram
9 láminas · @teocotidiana