El 7 de agosto, en su posesión, el presidente de Colombia cerró su discurso con un grito: «¡Viva Cristo Rey!». Desde entonces cierra así sus discursos. Semanas después un juez le ordenó pedir disculpas por el acto religioso de esa posesión, que vulneró la neutralidad religiosa del Estado. Se disculpó, apeló, y lo sigue diciendo.
No voy a decir su nombre. Los colombianos que me leen ya saben quién es, y en el resto de América Latina hay presidentes parecidos, que integran a Dios en sus discursos y a los pastores en sus gabinetes. Tampoco vengo a discutir si un presidente puede o no puede decir esa frase; eso lo están discutiendo los jueces.
Lo que vengo a preguntar es otra cosa: ¿y qué rey es Cristo Rey?
De dónde viene el grito «Viva Cristo Rey»
La frase, como tal, no está en la Biblia.
La fiesta de Cristo Rey la instituyó el papa Pío XI en 1925. Y el grito se volvió consigna de guerra muy rápido: en México, con los cristeros, entre 1926 y 1929, se gritaba antes de entrar en combate; en España lo adoptaron los requetés carlistas. «Viva Cristo Rey» nació como grito de bando, y los bandos se definen por quién es el enemigo.
Jesús, cuando le pusieron el título de rey, no tenía bando. Tenía una cruz y un clamor que no fue de venganza contra sus asesinos, sino de perdón. Un grito que nació para pelear no es la voz del que se dejó clavar en una cruz.
¿Qué significa «Cristo Rey» según la Biblia?
Para saber qué rey es, hay que ir al evangelio. Cuando el poder lo llamó rey, lo dejó por escrito, en un letrero:
«Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.»Juan 19:19 · Reina Valera 1960
Lo escribió el gobernador que lo mandó a matar. Ese letrero explicaba el delito: lesa majestad, dejarse reconocer como rey sin que el imperio lo hubiera aprobado. Y antes del letrero, los soldados ya le habían hecho su propia coronación:
«Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!»Marcos 15:17-18 · Reina Valera 1960
Cada vez que alguien grita «Viva Cristo Rey» desde una tarima, yo pienso en ese letrero y en esa corona.
Cuando lo quisieron coronar, se escondió
Y no es que no haya tenido la oportunidad de ser rey de verdad.
Después de multiplicar los panes, la gente quiso hacerlo rey. Era lo que llevaban siglos esperando: el ungido que echaría a Roma y sentaría a Israel en el trono de las naciones. Reconocer un rey que el imperio no había aprobado era un delito, y esa gente estaba dispuesta a cometerlo por él, porque acababa de darles de comer.
«Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.»Juan 6:15 · Reina Valera 1960
Tenía el momento, la multitud convencida y una causa justa. Y se fue solo al monte. Lo cuento con más detalle en ¿Debemos gobernar con la Biblia?, porque esa escena es el centro de toda esta conversación: el único que tenía derecho a que le gritaran «viva el rey» se escondió de los que querían gritárselo.
«Mi reino no es de este mundo» no dice lo que creemos
Frente al gobernador, Jesús sí aceptó la palabra rey. Pero la frase casi nunca la leemos completa:
«Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.»Juan 18:36 · Reina Valera 1960
Usamos esa frase para decir que a Jesús no le interesaba lo de acá, que lo suyo era el cielo. Pero la frase sigue: «mis servidores pelearían». Parado frente al representante del poder militar más grande del mundo conocido, le está diciendo algo muy concreto: yo no tengo ejército.
A mí me ha servido, desde hace años, reemplazar la palabra «mundo» por «sistema». La palabra griega es cosmos, y en boca de Jesús frente a Pilato no habla de otro planeta: habla de otro sistema de valores. El sistema del imperio es la conquista, apaciguar por medio de ejércitos y espadas, tomar la tierra por la fuerza y, con esa misma fuerza, organizar la economía y el gobierno. Es como si le dijera: «mi reinado no se basa en los sistemas de tu reinado».
Ellos también estaban repartiendo cargos
Sus amigos más cercanos tampoco lo entendieron al principio. Jacobo y Juan le pidieron sentarse a su derecha y a su izquierda cuando estuviera en su gloria. Solemos leerlo como si hablaran del cielo. No: creían que en cualquier momento Jesús iba a tomar Jerusalén, y estaban preguntando por los puestos de ese gobierno. Acá, antes de morirse.
«Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.»Marcos 10:42-43 · Reina Valera 1960
En la última cena, en vez de repartir cargos, se quitó el manto, tomó una toalla y les lavó los pies. Ese oficio, en una casa de la época, lo hacían las mujeres o los esclavos. Cuando esperaban un rey que ocupara el trono, él lavó pies. El Reino no llegó por la puerta grande. Llegó por la puerta de atrás, entre la gente ordinaria. Y eso no fue un accidente. Fue la estrategia.
Los reyes siempre han tenido religiosos al lado
Esto no es nuevo. Cuando Herodes quiso saber dónde nacía el rey que amenazaba su trono, reunió a los jefes del sacerdocio y a los maestros de la ley, y ellos le dieron el dato bíblico exacto: en Belén. La interpretación estaba bien. Y con esa interpretación correcta, Herodes mandó a matar a los niños.
Ese es el problema de Herodes: una maldad que usa la lectura correcta de las Escrituras para promover un proyecto contrario al proyecto del Reino de Dios. Los reyes pueden tener a su lado a gente que interpreta bien la Biblia, y usar esa interpretación correcta para proyectos incorrectos. Hay interpretaciones correctas de las Escrituras que se usan en contravía del evangelio.
Los profetas ya lo habían visto siglos antes:
«Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.»Miqueas 3:11 · Reina Valera 1960
Esa es la alianza de siempre entre el palacio y el templo: la Biblia deja de ser el libro que cuestiona al poder y se convierte en el amuleto que lo legitima. Y un gobierno que se pone encima el nombre de Dios se gana una cosa antes de gobernar: que criticarlo se sienta como criticar a Dios. Es el mismo truco de decir que la izquierda no es de Dios y el mismo de pedirle a la gente que se calle en nombre de Dios. Cuando la iglesia se vuelve el club de fans del poderoso, deja de ser el cuerpo del Galileo.
Sí, el evangelio es político
El evangelio es político. Jesús fue crucificado por ser incómodo para el poder político y el sistema religioso de su tiempo.
Pero la política del evangelio no son espectáculos virales de oración por candidatos, ni un grito al final de un discurso. Es el amor por el otro aunque sea diferente. Y eso incluye las diferencias partidistas. Es muy fácil prostituir el evangelio con el poder político; lo difícil es lo otro, lo que se explica en por quién debe votar un cristiano: medir a cada candidato con la misma vara, sin que ninguno pueda esconderse detrás de Dios.
Cuando Jesús se llamó Rey a sí mismo
Hay una escena en la que Jesús se pone a sí mismo el título de Rey. Y en esa escena el Rey no reparte cargos ni pide vivas. Pregunta quién dio de comer.
«Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis.»Mateo 25:34-35 · Reina Valera 1960
Ahí no pregunta a quién le gritaste viva, sino a quién le diste de comer, a quién recogiste, a quién visitaste en la cárcel. «Viva Cristo Rey» se dice así: dando de comer.
¿A qué rey le estás gritando viva?
Si Cristo es Rey, su corona fue de espinas, su trono una cruz y su gabinete unos pescadores. No necesita que nadie grite por él desde una tarima. Necesita que alguien le dé de comer al que tiene hambre.
Que el rey que te encuentre hoy sea el de la toalla, no el del trono.
Al Rey lo coronaron con espinas y le clavaron el título en una cruz. Ese es el Cristo Rey del evangelio: no reina desde el poder, reina sirviendo.
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