TeoCotidiana
El buen samaritano de Van Gogh subiendo al herido a su caballo, en azules y amarillos
Vincent van Gogh, «El buen samaritano», 1890 · Dominio público · Wikimedia Commons
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Por Tomás Castaño Marulanda

Amy-Jill Levine: Quién es y tres libros para empezar a leerla

A comienzos de los años sesenta, en el bus del colegio, una niña le dijo a Amy-Jill Levine, de siete años, que ella había matado a nuestro Señor. Con los años se volvió la biblista judía que lee las parábolas de Jesús como las oyeron sus primeros oyentes.

Amy-Jill Levine es una biblista judía estadounidense, nacida en 1956. Enseñó Nuevo Testamento y estudios judíos en la Universidad Vanderbilt entre 1994 y 2021, y pasó su vida académica desmontando las lecturas cristianas que convierten a los judíos en los villanos del evangelio. Su libro sobre las parábolas devuelve cada historia de Jesús al público judío que la oyó por primera vez.

A comienzos de los años sesenta, Amy-Jill Levine tenía siete años y vivía en North Dartmouth, un pueblo de Massachusetts donde casi todos los vecinos eran católicos de origen portugués. Un día, en el bus del colegio, una compañera le dijo: «Tú mataste a nuestro Señor». Amy-Jill le contestó que ella no había matado a nadie, que si uno mata a alguien se da cuenta. La otra niña insistió: se lo había dicho el sacerdote. Amy-Jill llegó a la casa llorando, «¡maté a Dios!», y su mamá la calmó diciéndole que Dios estaba bien, que seguía vivo.

Después les anunció a sus papás lo que iba a hacer. Iría a catequesis con sus amigas católicas dos tardes por semana, sin dejar la escuela hebrea, para averiguar de dónde salía esa enseñanza tan llena de odio. Y para pararla.

Quién es Amy-Jill Levine

Amy-Jill Levine (1956), en el Kirchentag, el gran encuentro de las iglesias protestantes alemanas, en Núremberg, 2023. Foto: Concord · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
Amy-Jill Levine (1956), en el Kirchentag, el gran encuentro de las iglesias protestantes alemanas, en Núremberg, 2023. Foto: Concord · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Estudió religión e inglés en Smith College y en 1984 se doctoró en la Universidad de Duke, con una tesis sobre el evangelio de Mateo. Enseñó primero en Swarthmore y desde 1994 en Vanderbilt, en Nashville, entre la facultad de teología y el departamento de estudios judíos. En 2021 se jubiló de Vanderbilt y pasó a Hartford International University, en Connecticut.

Es judía practicante: pertenece a Sherith Israel, una sinagoga ortodoxa de Nashville, y se describe con humor como una ortodoxa poco ortodoxa. Buena parte de su trabajo ha sido enseñarles el Nuevo Testamento a cristianos. Muchas de sus guías de estudio para grupos las publicó Abingdon, la editorial de la Iglesia Metodista Unida. En la primavera de 2019 dio un curso de Nuevo Testamento en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, la escuela donde el Vaticano forma a sus biblistas, y fue la primera persona judía en hacerlo. En 2026, la Asociación Bíblica Católica de Estados Unidos la eligió presidenta.

El contexto en que escribió

El sacerdote del que escuchó decir que los judíos habían matado a Jesús aquella niña del bus no se estaba inventando algo nuevo. Repetía lo que la iglesia había enseñado durante siglos: que la culpa era de todo el pueblo judío, el de entonces y el de todas las épocas, y que por eso Dios lo había rechazado. De esa enseñanza se alimentaron los guetos, las expulsiones y, en el siglo veinte, el silencio de muchas iglesias frente a los campos de exterminio. En 1965, pocos años después de aquel día en el bus, el Concilio Vaticano II declaró que la muerte de Jesús no se puede atribuir a todos los judíos de aquel tiempo ni a los judíos de ahora.

Un documento, sin embargo, no cambia el impacto de lo que se ha dicho desde el púlpito de manera consistente, por siglos, de un día para otro. El prejuicio se quedó en la manera de predicar: el fariseo como ejemplo de hipocresía, la ley judía como una cárcel de la que Jesús vino a sacarnos, el templo como un negocio y el judaísmo entero como el fondo oscuro sobre el que brilla el evangelio. Levine escribe contra eso desde los salones de clase donde se forman los pastores, con los mismos textos en la mano.

Lo que propone

Jesús era judío, y no un judío a medias. En 2006 publicó The Misunderstood Jew, el judío malentendido, un libro sobre la iglesia y lo que ella llama el escándalo del Jesús judío. Jesús iba a la sinagoga los sábados, «conforme a su costumbre» (Lucas 4:16), discutía la ley con otros maestros judíos, citaba a los profetas de Israel y les enseñaba a judíos. Cuando un predicador pinta de negro al pueblo de Jesús para que Jesús se vea mejor, pierde a los dos: a Jesús y a la cultura a la que perteneció. Levine lo aprendió en aquella catequesis: el mismo Nuevo Testamento se puede leer y salir de él antisemita, o se puede leer sin segregar con discursos de odio al pueblo que dio lugar al pensamiento del evangelio. Eso lo decide el que lee.

Las parábolas no son para quedarse tranquilos. Si uno oye una parábola de Jesús y piensa «qué bonita», dice Levine, no la escuchó bien. Para ella, las parábolas nos obligan a hacernos preguntas que generalmente preferimos evitar, y nos ponen delante cosas que ya sabemos y no queremos reconocer: por ejemplo, que en nuestra casa o en nuestra iglesia falta alguien y nadie ha notado que no está. En la de la oveja perdida, un oyente judío del primer siglo no habría visto una ilustración del pecado y del perdón. Habría visto a un pastor que tiene noventa y nueve ovejas y aun así se da cuenta de que le falta una: alguien que cuenta. La mujer que barre la casa buscando una moneda entre diez hace lo mismo.

El papá que no contó a sus dos hijos. Cuando Jesús dice «un hombre tenía dos hijos», un judío de Galilea oye a Caín y Abel, a Isaac e Ismael, a Jacob y Esaú: las parejas de hermanos de sus Escrituras, por lo general con el menor preferido por encima del mayor. El oyente espera saber a cuál de los dos va a preferir el papá. Levine se fija en otra cosa. El papá tuvo tiempo de mandar a matar el becerro y de armar la fiesta, y no salió a buscar al mayor, que estaba en el campo y se enteró cuando, al acercarse a la casa, «oyó la música y las danzas» (Lucas 15:25). Tenía dos hijos y solo contó a uno. En 2017, Levine publicó con Sandy Eisenberg Sasso un libro para niños sobre las tres parábolas de Lucas 15, la oveja, la moneda y los dos hijos, y lo tituló Who Counts?, que en inglés quiere decir las dos cosas: quién cuenta y quién importa.

El samaritano sin caricatura. Durante siglos se predicó que el sacerdote y el levita pasaron de largo por miedo a volverse impuros si tocaban al herido, como si el judaísmo prefiriera el rito a la misericordia. Levine lo desmonta: tocar a alguien «medio muerto» no volvía impuro a nadie, y la ley les mandaba a los dos atender al hombre de la zanja. El filo de la parábola está en otra parte. Cuando se nombra a un sacerdote y a un levita, dice Levine, cualquiera que conozca el judaísmo sabe quién viene después: un israelita, un judío común, como los que estaban oyendo a Jesús. El que escuchaba ya se estaba viendo de héroe. Pero el tercero que llega es un samaritano, y samaritanos y judíos llevaban siglos odiándose. Levine dice que es como si en Los Tres Chiflados, después de Larry y de Moe, en lugar de Curly entrara Osama bin Laden.

La parábola no le pregunta al oyente si está dispuesto a ayudar a su enemigo. Lo tira a la zanja, medio muerto, y lo deja en manos de la persona que más desprecia. Levine resume lo que eso provoca por dentro: prefiero morirme antes que reconocer que uno de esos me salvó. Y cuando Jesús le pregunta al experto en la ley quién fue el prójimo del herido, el experto no es capaz de decir «el samaritano». Dice «el que usó de misericordia con él» (Lucas 10:37).

Por qué la pongo en esta lista

Porque nos obliga a quienes de alguna manera predicamos a revisar cómo contamos a los fariseos. Yo hablo constantemente contra la religión que llena a la gente de reglas y de culpa, y es muy fácil, en ese camino, poner a todo un pueblo de fondo oscuro para que Jesús se vea mejor. Pero la gracia que Jesús predicaba la aprendió en las Escrituras de su pueblo. Cuando los fariseos criticaron que comiera con pecadores, les contestó con el profeta Oseas: «Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio» (Mateo 9:13).

También porque sus parábolas terminan en la calle. Hay un pasaje de Levine que me hizo parar de leer. Ella cuenta que la mejor explicación que conoce de por qué el sacerdote y el levita no ayudaron al hombre de la zanja la dio Martin Luther King:

«Es posible que estos hombres tuvieran miedo… Y entonces, la primera pregunta que hizo el sacerdote [y] el levita fue: "Si me detengo a ayudar a este hombre, ¿qué me pasará?"… Pero luego vino el Buen Samaritano, e invirtió la pregunta: "Si no me detengo a ayudar a este hombre, ¿qué le pasará?"»Martin Luther King, citado por Amy-Jill Levine · Relatos cortos de Jesús

King lo predicó en Memphis el 3 de abril de 1968. Había ido a apoyar a los recolectores de basura en huelga, y al día siguiente lo asesinaron. Levine cierra el pasaje con una frase corta: hay bandidos en la carretera. Después de leerlo escribí esta oración: «Dios, yo quiero pasar de las ideas a los hechos. Hazme una persona que ama al caído del camino».

Su bibliografía, para ubicarse

La obra de Levine tiene dos estantes. En el primero están los libros académicos: su tesis sobre Mateo, los trece volúmenes de comentarios feministas al Nuevo Testamento que editó y un comentario a Lucas que escribió con Ben Witherington, un biblista metodista, para que una voz judía y una cristiana leyeran juntas el mismo evangelio.

En el segundo están los libros para cualquier lector. Además de The Misunderstood Jew (2006) y Short Stories by Jesus, «relatos cortos de Jesús» (2014), escribió con Marc Zvi Brettler The Bible With and Without Jesus, «la Biblia con Jesús y sin él» (2020), sobre cómo judíos y cristianos leen las mismas historias de maneras distintas, y publicó con Abingdon guías sobre los milagros, las palabras difíciles de Jesús y el evangelio de Marcos.

Con Brettler editó también The Jewish Annotated New Testament, «el Nuevo Testamento anotado por biblistas judíos», que salió en 2011 en la editorial de la Universidad de Oxford y tuvo una segunda edición en 2017. Es el Nuevo Testamento completo, con notas y ensayos de biblistas judíos que explican cada pasaje desde el judaísmo de la época. De toda esta obra, en español solo está publicado el libro de las parábolas.

Tres libros para empezar

Portada de Relatos cortos de JesúsRelatos cortos de JesúsVerbo Divino
Portada de The Misunderstood JewThe Misunderstood JewHarperOne
Portada de The Jewish Annotated New TestamentThe Jewish Annotated New TestamentOxford University Press

1. Relatos cortos de Jesús. Las parábolas enigmáticas de un rabino polémico (2014; en español, Verbo Divino, 2016). Verbo Divino es una editorial católica de Estella, en Navarra, dedicada casi por completo a la Biblia. Levine toma las parábolas más conocidas, desde la oveja perdida hasta el samaritano y la semilla de mostaza, y las devuelve a su primer público. Empieza por aquí, con la Biblia abierta en Lucas 15.

2. The Misunderstood Jew, «el judío malentendido» (2006, en inglés). Por qué la iglesia necesita al Jesús judío y qué pierde cuando lo olvida. Es el libro que responde a aquella tarde del bus.

3. The Jewish Annotated New Testament, «el Nuevo Testamento anotado por biblistas judíos» (con Marc Zvi Brettler; Oxford, 2011 y 2017, en inglés). Un libro para tener al lado cuando uno prepara un estudio y quiere saber qué oía un judío del primer siglo en cada frase.

Este artículo es parte de la serie 10 autoras del mundo que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada una, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

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Una niña de siete años fue a catequesis a buscar de dónde salía el odio, y aprendió que el Nuevo Testamento se puede leer sin odiar a nadie.

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