
Por Tomás Castaño Marulanda
Delores S. Williams: Quién es y por dónde empezar a leerla
En 1993 publicó un libro sobre Agar, la esclava egipcia que tuvo que darle un hijo a Abraham, porque en ella reconoció a las mujeres negras de su país: esclavas primero, empleadas domésticas después.
Agar era egipcia y era esclava. Su dueña, Sarai, no podía tener hijos y decidió tenerlos por medio de ella: se la entregó a su esposo, Abram, y el hijo que naciera sería de Sarai. Agar quedó embarazada, y Sarai la maltrató tanto que ella se escapó al desierto. Ahí, junto a una fuente, la encontró el ángel. Y Agar, la esclava, la extranjera, la que nadie había consultado, le puso un nombre a Dios:
«Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?»Génesis 16:13 · Reina Valera 1960
Años después la echaron de la casa con su hijo, un pan y un odre de agua. Cuando el agua se acabó, puso al muchacho debajo de un arbusto y se sentó lejos, a la distancia de un tiro de arco, porque decía: «No veré cuando el muchacho muera» (Génesis 21:16). Dios oyó llorar al niño, le abrió los ojos a ella, y ella vio una fuente de agua.
Delores Williams leyó esa historia y reconoció en Agar a las mujeres negras de Estados Unidos: esclavas primero, empleadas domésticas después. En 1993 publicó sobre ella el libro que la hizo conocida.
Quién es Delores S. Williams

Nació el 17 de noviembre de 1934 en Louisville, Kentucky, y creció en el sur rural de Estados Unidos, en una familia adventista del séptimo día. Se hizo presbiteriana al casarse con Robert Williams, pastor de esa iglesia. En 1991 terminó el doctorado en teología sistemática en el Union Theological Seminary de Nueva York, y allí mismo ocupó después la cátedra Paul Tillich de Teología y Cultura. En los seminarios y universidades de Estados Unidos, una cátedra con el nombre de alguien es un puesto de profesor sostenido con una donación, y es de los más altos a los que se llega. Williams fue la primera mujer negra en tener una en Union. En 1993 publicó Sisters in the Wilderness, hermanas en el desierto. Murió el 17 de noviembre de 2022, el día en que cumplía ochenta y ocho años.
El contexto en que escribió
En los años setenta y ochenta había en Estados Unidos dos teologías de la liberación que tocaban la vida de Williams por dos lados: por ser negra y por ser mujer. Una era la teología negra, y la otra, la teología feminista.
El libro que le dio forma a la teología negra salió en 1969, un año después del asesinato de Martin Luther King. Lo escribió James Cone, un pastor metodista que había crecido en un pueblo segregado de Arkansas, y se llamó Black Theology and Black Power, «teología negra y poder negro». Su tesis era que Jesús vino a liberar a los oprimidos, y que una iglesia blanca que predicaba a Jesús y callaba ante el racismo predicaba otro evangelio. Salió dos años antes de que el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez publicara en Lima su Teología de la liberación. Desde 1970, Cone enseñó en el seminario en el que años después se formaría Williams.
La teología feminista tuvo su frase más citada en 1973. Mary Daly, que enseñaba teología en el Boston College, una universidad de los jesuitas, escribió en Beyond God the Father, «más allá de Dios Padre»: «si Dios es varón, entonces el varón es Dios». Diez años después, en 1983, salieron dos libros que la volvieron materia de seminario. Uno fue Sexism and God-Talk, «el sexismo y el hablar de Dios», de la teóloga católica Rosemary Radford Ruether, que se preguntaba: «¿Puede un salvador varón salvar a las mujeres?». El otro fue En memoria de ella, de Elisabeth Schüssler Fiorenza, que buscó en el Nuevo Testamento a las mujeres que las iglesias habían dejado por fuera de la historia. Ella también está en esta serie.
Williams se formó en medio de las dos teologías, y a las dos les hizo la misma objeción: ninguna hablaba de la vida de las mujeres negras. La teología negra la escribían sobre todo hombres negros, y la feminista, sobre todo mujeres blancas. Cone lo reconoció al final de su vida, en Said I Wasn't Gonna Tell Nobody, «dije que no se lo iba a contar a nadie» (2018), el libro en el que contó cómo se hizo teólogo. Escribió que la voz de Williams «tenía filo» y que se estaba volviendo una fuerza «con la que la teología negra iba a tener que hacer cuentas». Y admitió que él no tenía «la experiencia ni el conocimiento» para oír lo que ella le estaba diciendo.
La escritora Alice Walker había propuesto una palabra para las mujeres negras, womanist, en un cuento de 1979 y en un libro de ensayos de 1983. Williams la llevó a la teología: una teología cuya fuente principal es la fe, el pensamiento y la lucha de las mujeres negras.
Lo que propone
El desierto, no solo el éxodo. La teología negra había leído la historia de su pueblo desde el éxodo: Dios libera a los esclavos. Williams señaló algo incómodo. En el éxodo, los liberados son hebreos, y en la Biblia hay una esclava egipcia de los hebreos a la que Dios no saca de la esclavitud. La primera vez que Agar huye, el ángel incluso le dice que vuelva donde su señora (Génesis 16:9). Dios la acompaña en el desierto, la ve, le abre los ojos a una fuente y le promete futuro para su hijo. Williams sostuvo que esa historia, la de sobrevivir en el desierto y sacar adelante a los hijos, se parecía más a la vida de las mujeres negras que la del mar que se abre.
La subrogación forzada. Agar tuvo que darle un hijo a otra mujer. Williams vio ahí a las esclavas negras de Estados Unidos, obligadas a tener hijos para el amo, a criar a los niños blancos y a trabajar en casas ajenas, y que después de la abolición siguieron haciendo lo mismo por un salario miserable. A eso lo llamó subrogación: ocupar a la fuerza el lugar de otro.
La cruz, leída desde Agar. De ahí salió su propuesta más discutida. Si la vida de estas mujeres había sido una sustitución forzada, ¿qué oían cuando la iglesia les predicaba a un Jesús que sustituye a otros en un acto de sangre? Williams dijo que no hay «poder en la sangre». Con esa frase le respondía a un himno que se canta en muchas iglesias. Y propuso dejar las teorías de la expiación centradas en un Jesús sustituto. Para ella, lo que salva de Jesús es su vida: por medio de Jesús, Dios nos da ojos nuevos para ver lo que hace posible una vida plena y compartida. Como a Agar, que tenía la fuente delante y no la veía.
Por qué la pongo en esta lista
Porque yo tampoco creo en un Dios que necesitaba que alguien pagara. En los evangelios leo a un Jesús que perdonaba y sanaba gratis, por fuera del templo, a gente que no tenía con qué pagar un sacrificio. Williams llegó a una pregunta parecida por otro camino, desde la historia de las mujeres negras obligadas a vivir en el lugar de otros, y su pregunta me obliga a revisar con qué palabras predicamos la cruz.
Y por Agar. En nuestros barrios hay muchas mujeres a las que dejaron solas con los hijos y con poco más que un pan y un odre de agua. La primera vez que la Biblia nombra al ángel de Jehová es para contar que fue a buscar a una mujer así, embarazada y fugitiva, junto a una fuente en el desierto (Génesis 16:7).
Por dónde empezar

Williams escribió pocos libros. Casi toda su obra son ensayos y artículos en revistas y libros colectivos, y toda está en inglés.
1. Sisters in the Wilderness. The Challenge of Womanist God-Talk, «hermanas en el desierto: el desafío de hablar de Dios desde las mujeres negras» (1993; edición de aniversario en 2013; en inglés). Su libro central: Agar, la subrogación, el desierto y la cruz. Léelo con Génesis 16 y 21 abiertos.
2. «Black Women's Surrogacy Experience and the Christian Notion of Redemption», «la experiencia de subrogación de las mujeres negras y la noción cristiana de redención» (1991, en inglés). Un ensayo de catorce páginas en el libro colectivo After Patriarchy, «después del patriarcado». Es la versión corta de su pregunta sobre la cruz.
Este artículo es parte de la serie 10 autoras del mundo que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada una, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
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Una esclava sola en el desierto le puso nombre a Dios: el Dios que ve.












