Por Tomás Castaño Marulanda
Beth Allison Barr: Quién es y por dónde empezar a leerla
Es historiadora de la iglesia, con doctorado, y en su iglesia no la dejaban enseñar la escuela dominical de los jóvenes porque en la clase había muchachos. En 2016, a su esposo, el pastor de jóvenes, lo despidieron por pedir que la dejaran enseñar.
Beth Allison Barr creció creyendo que Dios había diseñado a la mujer para ser una esposa sumisa, una madre virtuosa y un ama de casa alegre, y al hombre para dirigir la casa y la iglesia. Así vivió más de cuarenta años. Se hizo historiadora de la Edad Media y profesora de historia de la iglesia en una universidad bautista. Aun así, en su propia iglesia, una congregación evangélica de Waco, en Texas, no la dejaban enseñar la escuela dominical de los jóvenes, porque en la clase había muchachos. Se quedó callada, como se había quedado callada otras veces.
Su esposo, Jeb, era el pastor de jóvenes de esa iglesia desde hacía catorce años. Cuando la clase quedó sin maestro, los líderes le permitieron a Beth dictarla mientras conseguían a otro, pero sin llamarla maestra. Y cuando otra mujer se ofreció a dictarla de manera fija, junto con un hombre, le dijeron que no. Jeb cuestionó ante los líderes esa regla rígida de que una mujer no pudiera ser maestra en la iglesia; al fin y al cabo, Beth tenía una formación excepcional para serlo. El 19 de septiembre de 2016, después de una reunión con ellos, le escribió a Beth: «La reunión no salió bien». Lo habían despedido, con un mes de sueldo.
Unos amigos dentro de la iglesia consiguieron que les dieran tres meses para que pudieran despedirse de los muchachos a los que Jeb había pastoreado por años. Un domingo de diciembre, en la entrada de la iglesia, había una mesa con una foto de la familia y una cajita para que la gente dejara notas de despedida, como se hace cuando un pastor se va a otro trabajo. Ese día Beth salió de la iglesia y no volvió.
Años después, en el libro que la hizo conocida, escribió por qué se había quedado callada tanto tiempo: por miedo a que Jeb perdiera el trabajo, por los muchachos del grupo, por sus amigos, por comodidad. «Tenía buenas razones», escribió. «Pero estaba equivocada.»
Quién es Beth Allison Barr

Estudió historia en la Universidad Baylor, en Waco, Texas, y se graduó en 1996. Hizo la maestría y el doctorado en historia medieval en la Universidad de Carolina del Norte, y en 2002 volvió a Baylor como profesora. Su especialidad son las mujeres de la Inglaterra medieval y lo que se les predicaba: su primer libro, de 2008, trata del cuidado pastoral de las mujeres a finales de la Edad Media en Inglaterra. Entre 2018 y 2020 presidió la Conferencia sobre Fe e Historia, una asociación de historiadores cristianos.
Después de aquel despido, Jeb se hizo pastor de la Primera Iglesia Bautista de Elm Mott, un pueblo cerca de Waco: una congregación pequeña que apoya a las mujeres en el ministerio desde los años treinta. En 2021, Beth publicó The Making of Biblical Womanhood, «la construcción de la feminidad bíblica», y el libro llegó a la prensa de todo el país.
En noviembre de ese año, el Consejo sobre Masculinidad y Feminidad Bíblica, la organización que defiende que las mujeres no pueden pastorear, mandó un correo pidiendo donaciones en el que atacaba el libro de Beth y, de paso, la iglesia de Jeb. El pretexto fue la declaración de fe que esa iglesia tenía publicada en internet: se refería a Dios con una palabra sin género, Godself, «Dios mismo», en lugar de Himself, «Él mismo», y el Consejo la llamó un revisionismo peligroso. Beth respondió que atacar a una congregación que no tenía nada que ver con su libro era un golpe bajo. Esa iglesia venía golpeada: en la pandemia había pasado de unas setenta personas a menos de treinta, y una exsecretaria estaba acusada de robarle más de ciento cincuenta mil dólares. Cuando Beth contó en redes lo que había pasado, en dos días 182 personas le enviaron a esa iglesia más de quince mil dólares.
El contexto en que escribió
Barr es bautista, enseña en una universidad bautista y escribe, sobre todo, para las iglesias bautistas y evangélicas del sur de Estados Unidos. En buena parte de esas iglesias se enseña que una mujer no puede enseñarle la Biblia a un hombre. Se apoyan en una frase de la primera carta a Timoteo: «Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio» (1 Timoteo 2:12). A esa manera de ver las cosas se la llama complementarismo: hombres y mujeres valen lo mismo, dicen, pero Dios les dio papeles distintos, y el de enseñar y dirigir les toca a los hombres. En el año 2000, la Convención Bautista del Sur, la denominación protestante más grande de ese país, cambió su confesión de fe para declarar que el oficio de pastor está limitado a los hombres. En 2019, el Houston Chronicle, el diario más grande de Houston, publicó una investigación sobre cerca de 380 pastores, líderes y voluntarios de iglesias bautistas del sur acusados de abuso sexual desde 1998. Las víctimas eran más de 700, y muchos de esos casos los habían encubierto sus propias iglesias. Barr une esa enseñanza con esos abusos: cuando a las mujeres se les enseña que deben obedecer y callar, las que sufren abuso tampoco tienen voz para denunciarlo.
«Feminidad bíblica» es el nombre que esas iglesias le dan a su modelo de mujer: sumisa, dedicada a la casa, que no enseña ni predica. Sus defensores lo presentan como el modelo de la Biblia, el de siempre. Barr, como historiadora, sabía que no siempre había sido así.
Lo que propone
La «feminidad bíblica» tiene fecha. Barr quiso mostrar cómo la sumisión de las mujeres se volvió, con el tiempo, verdad del evangelio. Para eso recorre la historia de la iglesia, la antigua, la medieval, la de la Reforma y la moderna, y muestra que ese modelo se fue armando por partes, en distintas épocas. Con la Reforma protestante se cerraron los conventos, y a la mujer le quedó un solo camino: el de esposa y madre. En el siglo diecinueve, la señora de clase media dedicada a su casa se volvió el retrato de la mujer cristiana. Y en 1987, cuando nació el Consejo sobre Masculinidad y Feminidad Bíblica, ese modelo recibió su nombre y se volvió bandera.
Las mujeres de la Edad Media predicaban. Su testigo favorita es Margery Kempe, una inglesa del siglo quince que dictó el primer libro que se conoce en inglés en el que una persona cuenta su propia vida. Kempe viajaba, hablaba de Dios en público y discutía con los clérigos. En 1417 la arrestaron en York y la llevaron ante el arzobispo, que le reprochó enseñar sin tener formación. Ella le contestó: «No predico, señor; no subo a ningún púlpito. Solo uso la conversación y las buenas palabras, y eso lo haré mientras viva». Barr muestra que la iglesia medieval, con todos sus problemas, recordaba a mujeres que habían guiado, enseñado y predicado, y que muchas iglesias modernas las olvidaron.
¿Y si leímos a Pablo al revés? Barr plantea una pregunta que me parece clave: ¿y si Pablo, en lugar de copiar una jerarquía antigua entre hombres y mujeres, estaba mostrando cómo el evangelio libera incluso a la familia romana? Las reglas para la casa que aparecen en las cartas del Nuevo Testamento se parecen a las de los manuales de la época, que desde Aristóteles le explicaban al señor de la casa cómo gobernar a su esposa, a sus hijos y a sus esclavos. La diferencia está en lo que las cartas les dicen a los que mandaban: «Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas» (Colosenses 3:19); «Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos» (Colosenses 4:1). En los manuales romanos, el señor de la casa no le debía amor ni cuentas a nadie. En las cartas, sí.
La esposa del pastor. En Becoming the Pastor's Wife, «convertirse en la esposa del pastor», de 2025, estudia cómo, en las iglesias que no ordenan mujeres, casarse con un pastor se convirtió en el único camino para que una mujer ejerciera un ministerio. Lo escribió desde adentro: ella misma es la esposa de un pastor.
Por qué la pongo en esta lista
Porque lo que le pasó a su familia pasa en muchas de nuestras iglesias, y casi nunca se cuenta: una mujer preparada, con años de estudio, que no puede enseñarles a unos adolescentes, y un pastor que pierde el trabajo por pedir que la dejen enseñar. Una iglesia que tenía el don sentado en la banca y prefirió la regla de que una mujer no les enseña a los varones. Sobre lo que dice el Nuevo Testamento de las mujeres que pastorean escribí en ¿Puede una mujer ser pastora?; Barr aporta lo que a ese artículo le faltaba, la historia de cómo llegamos hasta aquí.
También porque es bautista y escribe para bautistas. Escribe con la Biblia y con los documentos de la historia en la mano, para decirle a su propia iglesia que lo que defiende como eterno tiene fecha.
Por dónde empezar



1. La construcción de la feminidad bíblica (2021; en español, CLIE, 2024). CLIE es una editorial evangélica de Barcelona. Es su libro principal y está en español: historia de la iglesia contada con su propia historia entre capítulo y capítulo. Empieza por aquí.
2. Becoming the Pastor's Wife, «convertirse en la esposa del pastor» (2025, en inglés). La continuación: cómo el matrimonio reemplazó a la ordenación como el camino de las mujeres al ministerio.
3. El libro de Margery Kempe (siglo XV). Para oír con su propia voz a la testigo favorita de Barr. Kempe no sabía escribir y le dictó su vida a dos escribanos. Hay varias ediciones en inglés moderno.
Este artículo es parte de la serie 10 autoras del mundo que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada una, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
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A una historiadora con doctorado no la dejaron enseñar la escuela dominical de su iglesia: en la clase había muchachos.












