Gerd Theissen: quién es y tres libros para empezar a leerlo
Es el biblista alemán que leyó a los primeros cristianos con las herramientas de la sociología, y cuyo libro más leído es una novela. Quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
Andrés es un comerciante judío de Séforis, la capital de Galilea, y los romanos lo tienen agarrado: lo detuvieron en una protesta y Pilato le ofrece la libertad a cambio de un informe sobre los movimientos religiosos que andan por la región. Andrés recorre Galilea preguntando por un tal Jesús de Nazaret. Habla con gente que lo oyó, con un recaudador que comió con él, con una familia de un pueblo donde sanó a alguien, con esenios, con bandidos, con un hombre que le tiene miedo. Nunca lo ve. Y el lector termina la novela sabiendo más sobre Jesús que después de muchos sermones, porque lo ha visto como lo vieron los vecinos: de lado, en la sombra que dejaba. Así es La sombra del Galileo, y así lee Theissen todo el Nuevo Testamento: desde la gente de alrededor.
Quién es Gerd Theissen
Theissen nació el 24 de abril de 1943 en Rheydt, hoy parte de Mönchengladbach, en el oeste de Alemania, en plena guerra. Estudió teología y filología alemana en Bonn, se doctoró en 1968 con una tesis sobre la carta a los Hebreos y en 1972 obtuvo la habilitación, el segundo doctorado alemán, con un estudio sobre los relatos de milagros de los evangelios: no si ocurrieron, sino cómo se contaban y para qué. Ese trabajo, publicado en 1974, sigue siendo referencia para quien estudie los milagros como relatos.
Dio clases en Copenhague de 1978 a 1980 y desde ese año en Heidelberg, la universidad más antigua de Alemania, donde fue catedrático de Nuevo Testamento hasta jubilarse en 2008. En 2002 la Academia Británica le dio la Medalla Burkitt por sus servicios a los estudios bíblicos, y tiene doctorados honoris causa en Glasgow y St Andrews. Es, además, pastor ordenado de la iglesia evangélica alemana, y predica. Sus sermones se han publicado en varios tomos, y en ellos hace lo contrario de lo que uno esperaría de un sociólogo: habla de fe, de oración y de la presencia de Dios, sin renunciar a nada de lo que investigó.
El contexto en que escribió
Theissen empezó a publicar en los años setenta, en una Alemania que acababa de pasar por el 68, con la sociología de moda en las universidades y con una exégesis que llevaba medio siglo dominada por Bultmann y sus discípulos, que leían el Nuevo Testamento como palabra que interpela al individuo y desconfiaban de cualquier pregunta histórica. Theissen, formado en esa escuela, se salió por el otro lado: tomó las herramientas de la sociología, de Max Weber a los estudios sobre movimientos milenaristas, y las aplicó a los textos.
Su primer libro importante, Sociología del movimiento de Jesús (1977), preguntaba cosas que pocos preguntaban: por qué el movimiento de Jesús produjo predicadores itinerantes sin casa ni familia, quién los mantenía, qué crisis social los explicaba, por qué Galilea. Su respuesta tiene dos piezas que todavía se discuten. Los «radicales itinerantes»: gente que dejó la barca, la casa y a los muertos sin enterrar, y vivió como Jesús, de pueblo en pueblo. Y las comunidades sedentarias que los recibían, les daban de comer y guardaban sus dichos. Las palabras más duras del evangelio, las de dejarlo todo, se entienden si uno sabe quién las decía y quién las oía. Y sobre las cartas de Pablo preguntó quiénes eran los cristianos de Corinto, cuántos eran ricos, cómo se sentaban a la mesa, y descubrió que los pleitos de la comunidad que Pablo regaña eran pleitos de clase: en la cena del Señor de Corinto, los que tenían comían primero y los que no tenían llegaban tarde del trabajo a encontrar la mesa vacía, y eso es lo que Pablo tiene delante cuando escribe que cada uno se examine antes de comer el pan.
Eso le valió críticas de los dos lados: los conservadores decían que reducía la fe a sociología, y los sociólogos, que era un teólogo jugando. Theissen siguió. En 1986 hizo algo raro para un catedrático alemán: escribió una novela, para que sus investigaciones las leyera gente que nunca abriría una monografía. La novela se tradujo a más de diez idiomas y sigue vendiéndose cuarenta años después. En español la publicó Sígueme.
Por qué importa
Los primeros cristianos eran gente. Theissen le devolvió cuerpo a la iglesia primitiva: gente con oficio, con deudas, con familia o sin ella, en pueblos concretos, bajo un imperio concreto. Después de leerlo, uno no puede volver a imaginar a los discípulos como figuras de vitral.
Los milagros se estudian como relatos. Su habilitación sobre los relatos de milagros no pregunta si Jesús sanó a alguien, sino qué hacía un relato de sanación en una comunidad del siglo uno: qué esperanza sostenía, qué protesta contenía, contra qué se levantaba. Eso permite leer los milagros con seriedad sin tener que elegir entre el crédulo y el escéptico.
Los detalles del paisaje son pruebas. En Colorido local y contexto histórico en los evangelios Theissen muestra que los pequeños datos de los relatos, un nombre de pueblo, una moneda, una costumbre, un cargo romano, permiten fechar y ubicar las tradiciones sobre Jesús con más precisión que las grandes teorías. Es trabajo de detective, y se lee como tal.
Se puede investigar y contar. Theissen es de los pocos académicos de primer nivel que se tomó el trabajo de escribir para todos. La novela es el ejemplo, pero también sus libros sobre el Jesús histórico, ordenados como manuales, con las fuentes y los argumentos a la vista, para que el lector juzgue.
Lo que me enseñó a mí
Cuando escribo que Jesús creció en Nazaret oyendo las historias de sus antepasados, las de un Dios que se ponía del lado de los que perdían, las de un pueblo sacado de la esclavitud, estoy siguiendo a Theissen, que fue el primero que me hizo preguntarme qué oía un niño judío en una aldea de Galilea. Él me enseñó a mirar alrededor de Jesús: a los vecinos, a los que lo mantenían, a los que se fueron con él dejando la barca, a los que se quedaron. Y me enseñó que las dos cosas eran seguir a Jesús: irse con él por los caminos y quedarse en el pueblo a abrirle la puerta al que volvía. Eso me sirve cuando alguien se siente menos cristiano por no haber dejado todo: la iglesia de Galilea también era la casa que ponía la mesa.
Y me enseñó que la investigación bíblica más seria puede caber en una novela. Cada vez que intento contar el evangelio sin resumirlo, con gente y con calles, le debo algo al comerciante Andrés.
Su bibliografía, para ubicarse
Theissen tiene tres estantes. El de sociología, que lo hizo famoso: Sociología del movimiento de Jesús (1977) y los Estudios de sociología del cristianismo primitivo (1979), sobre Corinto. El de Jesús: La sombra del Galileo (1986), la novela, y El Jesús histórico (1996, con Annette Merz), un manual de setecientas páginas que es una de las mejores puertas de entrada a la investigación sobre Jesús. Y el de teología: La religión de los primeros cristianos (1999) y sus libros sobre la Biblia y la fe.
Casi todo está en español en Sígueme, la editorial de Salamanca, con ediciones que se consiguen fácil en América Latina.
Tres libros para empezar
1. La sombra del Galileo (1986; en español, Sígueme). Empieza por aquí. Es una novela, se lee en dos tardes, y al final de cada capítulo Theissen explica en unas cartas qué fuentes usó. Si solo vas a leer uno, es este.
2. Sociología del movimiento de Jesús (1977; en español, Sígueme, 1979). Cien páginas que cambiaron la manera de estudiar el Nuevo Testamento: quiénes seguían a Jesús, por qué, y qué pasó con ellos.
3. El Jesús histórico. Manual (1996; en español, Sígueme, 1999). Para cuando quieras tener todo el mapa: las fuentes, los métodos, cada tema con sus argumentos a favor y en contra. Es un libro para consultar durante años.
Y si te gusta la novela, en La puerta abierta (Sígueme, 1993) Theissen vuelve a contar, como relatos, textos bíblicos que había predicado.
Este artículo es parte de la serie 10 autores que me enseñaron a leer el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
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A Jesús se le conoce también por la sombra que dejó en la gente de al lado. Theissen me enseñó a mirar ahí.