John Dominic Crossan: quién es y tres libros para empezar a leerlo
Es el biblista irlandés que reconstruyó la Galilea real: un campesino judío bajo el Imperio romano, comidas abiertas y sanidades gratis. Quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
¿De qué vivía Jesús? La pregunta parece tonta hasta que uno intenta contestarla. Los evangelios dicen que era tektón, la palabra que traducimos «carpintero», y Crossan fue de los primeros en preguntar qué significaba eso en la Galilea del año 30: no un artesano con taller propio, sino un jornalero, alguien que ya no tenía tierra y vivía de lo que le pagaran por día, en las obras de las ciudades que Herodes Antipas levantaba con el trabajo de los pobres. El que dice «bienaventurados los pobres» no está hablando de otros. Está hablando de su casa.
Quién es John Dominic Crossan
Crossan nació el 17 de febrero de 1934 en Nenagh, un pueblo del condado de Tipperary, en Irlanda. A los dieciséis años entró en la orden de los Servitas, a los veintitrés lo ordenaron sacerdote, y su orden lo mandó a estudiar: doctorado en Maynooth, lenguas bíblicas en el Instituto Bíblico de Roma, arqueología en la École Biblique de Jerusalén, poco antes de la guerra de 1967.
En 1969 dejó el sacerdocio para casarse. Ese mismo año entró a la Universidad DePaul, en Chicago, donde enseñó religión comparada hasta 1995. En 1985 Robert Funk fundó el Jesus Seminar y Crossan lo copresidió durante su primera década: un grupo de biblistas que se reunía a votar, con bolitas de colores, qué frases de los evangelios dijo Jesús con más probabilidad. El método fue muy discutido y el grupo, muy atacado, pero puso el Jesús histórico en la conversación pública de una manera que nadie había logrado. En 2012 Crossan presidió la Sociedad de Literatura Bíblica, la asociación más grande de biblistas del mundo. Sigue escribiendo, ya retirado, y todavía viaja a dar charlas.
El contexto en que escribió
Crossan escribió su libro grande a finales de los ochenta, cuando se juntaron tres cosas. La arqueología de Galilea: se estaba excavando Séforis, la ciudad de Herodes Antipas a una hora a pie de Nazaret, y por primera vez se podía ver el mundo económico en que creció Jesús. La historia social del Imperio romano: se sabía cuánto cobraba Roma, cómo perdían la tierra los campesinos, qué pasaba con quien no podía pagar. Y los textos: los evangelios apócrifos, los manuscritos del mar Muerto, los escritos judíos del siglo uno, todos disponibles.
Con esas tres cosas, Crossan hizo una pregunta que la teología había evitado: no qué significa Jesús, sino quién fue. Y respondió con un retrato que incomodó a todos. Para los creyentes, porque su Jesús no hace milagros sobrenaturales ni resucita con cuerpo. Para los historiadores escépticos, porque su Jesús sí existió, sí fue judío hasta los huesos, y sí lo mataron por razones políticas. Crossan, que había sido sacerdote, no escribía para destruir la fe. Escribía porque creía que la fe que no aguanta la historia no sirve. En 2005 debatió en público con N. T. Wright sobre la resurrección, dos horas, con respeto y sin ceder ninguno: Wright sosteniendo que la resurrección con cuerpo es la mejor explicación de lo que pasó, Crossan que la resurrección es la manera en que los primeros cristianos dijeron que Jesús seguía vivo entre ellos. Ese debate se puede leer en un libro, y es la mejor introducción a lo que está en juego.
Por qué importa
Un campesino judío bajo un imperio. El título de su libro más famoso dice todo: Jesús no fue un maestro espiritual flotando sobre su época, sino un campesino de un pueblo ocupado, en un momento en que Roma y sus reyes aliados estaban exprimiendo a Galilea. El reino de Dios que anunció era, en ese contexto, una alternativa concreta al reino del César. Por eso lo mataron como se mataba a los rebeldes: en una cruz.
Mesa abierta y sanidad gratis. Para Crossan, el programa de Jesús cabe en dos gestos. Comer con cualquiera, sin mirar quién es puro o impuro, rico o pobre, lo que él llama comensalidad abierta. Y sanar sin cobrar y sin intermediarios, lo que él llama un reino sin corredores: nadie entre tú y Dios. Los dos gestos eran una amenaza al orden, porque el orden se sostenía en quién come con quién y quién controla el acceso a lo sagrado.
Las parábolas dan vuelta al mundo. Antes de su libro grande, Crossan pasó los años setenta estudiando las parábolas, y de ahí salió una idea que sigue viva: las parábolas de Jesús no son ilustraciones de una moraleja, son relatos que subvierten el mundo del que escucha. En el buen samaritano, el héroe es el enemigo; en los obreros de la viña, el patrón paga igual al que trabajó una hora. Quien oye una parábola de Jesús sale con el mundo un poco al revés, y ese revés es el reino.
El reino contra el imperio. En God and Empire (2007) Crossan sostiene que Roma tenía su propia teología, con el emperador como hijo de dios y salvador del mundo, y su propio evangelio: paz por medio de la victoria. El movimiento de Jesús usó las mismas palabras, hijo de Dios, evangelio, paz, para anunciar lo contrario: paz por medio de la justicia. Leer el Nuevo Testamento sin oír ese choque de vocabularios es leerlo a medias.
El método a la vista. Crossan muestra cómo llega a cada conclusión: qué fuentes usa, de qué fecha son, cuántas veces aparece un dicho. Uno puede no estar de acuerdo, pero sabe con qué está en desacuerdo. Eso, en un campo lleno de opiniones, es una forma de honestidad.
Lo que me enseñó a mí
Hubo un tiempo en que Crossan fue mi número uno. En 2019, cuando hice una lista de los libros que más me habían enseñado sobre Jesús, puse su Jesús: vida de un campesino judío de primero, y todavía sé por qué. Su Jesús jornalero, su Galilea con deudas y con obras de construcción, su mesa donde se sentaba cualquiera, me dieron un suelo para el evangelio que yo no tenía. Cuando escribo que la familia de Jesús posiblemente vivía de vender su trabajo por días, estoy citando a Crossan aunque no ponga la nota.
Hasta ahí llego con él. En la resurrección no lo sigo: Crossan la lee como una parábola, y yo creo que la tumba estaba vacía. Pero de él aprendí que se puede amar al Jesús de la historia y al Jesús de la fe al mismo tiempo, y que quien se niega a mirar la Galilea real se pierde la mitad del evangelio.
Su bibliografía, para ubicarse
Crossan tiene dos épocas. La primera, de los años setenta, es de libros sobre las parábolas, cortos y agudos: In Parables (1973) es el más conocido. La segunda empieza en 1991 con The Historical Jesus, su libro de quinientas páginas, y sigue con versiones más cortas y con libros sobre el cristianismo primitivo y sobre el Imperio: Jesus: A Revolutionary Biography (1994), The Birth of Christianity (1998), God and Empire (2007). Con Marcus Borg escribió dos libros para leer en Semana Santa y en Navidad, The Last Week (2006) y The First Christmas (2007).
En español, la editorial Crítica publicó los dos que importan: Jesús: vida de un campesino judío (1994) y Jesús: biografía revolucionaria (1996). También están en español El nacimiento del cristianismo (Sal Terrae), La última semana de Jesús (PPC) y La primera Navidad (Verbo Divino, 2009), los dos últimos con Borg. Varias ediciones están descatalogadas: hay que buscarlas en librerías de segunda mano.
Tres libros para empezar
1. Jesús: biografía revolucionaria (1994; en español, Crítica, 1996). La versión corta de su libro grande, escrita para cualquiera. Si solo vas a leer uno, es este: ahí están el jornalero, la mesa abierta y el imperio, en doscientas páginas.
2. Jesús: vida de un campesino judío (1991; en español, Crítica, 1994). El libro completo, con el método a la vista. Para cuando la biografía corta te deje con hambre.
3. La última semana de Jesús (2006, con Marcus Borg; en español, PPC). Día por día, desde el Domingo de Ramos hasta la Pascua, siguiendo a Marcos: qué pasó, por qué, y contra quién. Se lee en una Semana Santa.
Este artículo es parte de la serie 10 autores que me enseñaron a leer el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
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A Crossan le debo el suelo del evangelio: un jornalero de Galilea, con deudas y con Roma encima, que comía con cualquiera y sanaba sin cobrar.