Greg Boyd: quién es y tres libros para empezar a leerlo
Es el pastor que perdió a mil personas de su iglesia por negarse a predicar política, y el teólogo que lee toda la Biblia desde la cruz. Quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
Casi todo el mundo que se propone leer la Biblia en un año se atasca en el mismo sitio. Génesis va bien, Éxodo también, y en algún momento de marzo uno llega a Josué: ciudades enteras pasadas a cuchillo, mujeres y niños incluidos, y la orden viene de Dios. Ahí muchos cierran el libro. Otros lo dejan abierto pero con una pregunta que no se atreven a decir en la iglesia: ¿ese es el mismo Dios que en Jesús pide poner la otra mejilla? Boyd se pasó diez años con esa pregunta y escribió casi mil quinientas páginas para responderla. Su respuesta cabe en una frase: si un texto muestra un Dios violento, el problema es la lectura, no Dios.
Quién es Greg Boyd
Gregory A. Boyd nació el 2 de junio de 1957 en Estados Unidos. Creció católico, se declaró ateo de adolescente y a los dieciséis años se convirtió en una iglesia pentecostal unicitaria, de las que no creen en la Trinidad; años después se pasó a un cristianismo clásico. Estudió filosofía en la Universidad de Minnesota, teología en Yale y se doctoró en Princeton en 1987.
Durante dieciséis años fue profesor de teología en Bethel, una universidad bautista de Minnesota, y en 1992 fundó con otros la iglesia Woodland Hills, en Saint Paul, que todavía pastorea. Dejó la universidad a comienzos de los dos mil, después de un pleito largo con su propia denominación por el teísmo abierto, y desde entonces vive entre el púlpito, los libros y ReKnew, la organización desde la que publica y enseña. Se define como anabautista: un cristianismo de no violencia, de comunidad y de distancia frente al poder del Estado.
El contexto en que escribió
La primera pelea de Boyd fue por el teísmo abierto, la idea de que el futuro no está escrito. Dios sabe todo lo que hay que saber, y lo que todavía no ha sido decidido no existe, porque Dios hizo criaturas libres de verdad. Para un calvinista eso es negar la soberanía de Dios; para Boyd es tomarse en serio que la Biblia muestra a un Dios que se arrepiente, que cambia de planes cuando la gente ora, que se sorprende. Boyd la defendió en God of the Possible (2000) y John Piper, el pastor reformado más influyente de la misma ciudad, impulsó que la Baptist General Conference cambiara su declaración de fe para dejar fuera a los que pensaban como Boyd. En la asamblea del año 2000 los delegados declararon que el teísmo abierto era contrario a la comprensión histórica de la denominación, pero votaron 423 contra 363 que las ideas de Boyd cabían dentro del espectro evangélico y no justificaban echarlo de la universidad. Se quedó, y poco después se fue por su cuenta.
La segunda pelea fue por la política. En 2004, en plena campaña presidencial de Estados Unidos, con la guerra de Irak encima y las iglesias evangélicas convertidas en maquinaria de un partido, Boyd predicó una serie de seis sermones, La cruz y la espada. Le habían pedido, como a tantos pastores ese año, que repartiera guías de votación y que pusiera a la iglesia del lado «correcto». Dijo que no, y explicó por qué desde el púlpito: el reino de Dios no se parece a ninguna bandera, el poder de la cruz es el de un Dios que muere por sus enemigos, y una iglesia que busca el poder de la espada ya no es la del reino de la cruz. De unas cinco mil personas, cerca de mil se fueron. El New York Times lo puso en primera página en 2006, y de esos sermones salió The Myth of a Christian Nation (2005), el mito de una nación cristiana.
Las dos peleas se juntan en su libro grande. Si Dios es como Jesús en la cruz, que se deja matar antes que matar, ¿qué hacemos con los textos del Antiguo Testamento donde Dios ordena la guerra? Boyd no los recorta ni los explica como «otra época». Los lee como lo que la cruz permite ver. El libro salió en 2017, en dos tomos, después de diez años de trabajo. Boyd cuenta que empezó queriendo escribir una justificación de los retratos violentos de Dios en el Antiguo Testamento y que pronto abandonó ese plan, porque encontró que esos retratos apuntaban al Cristo crucificado. Es a la vez su obra más discutida y la que mejor explica cómo lee la Biblia.
Por qué importa
Lee toda la Biblia desde la cruz. Para Boyd, la cruz no es un capítulo de la revelación: es el centro que ilumina todo lo demás. En la cruz Dios asume el pecado del mundo y, visto desde afuera, parece un criminal condenado. Boyd propone que los retratos violentos de Dios en el Antiguo Testamento funcionan igual: Dios se deja retratar con la violencia de la gente que lo estaba conociendo a medias, y asume ese retrato como asumió la cruz. Por eso llama a esos textos «crucifijos literarios»: anticipan lo que pasó en el Calvario. El lector que mira desde el Calvario ve, debajo del guerrero, al mismo Dios que se entrega.
La fe no es certeza. En Benefit of the Doubt (2013) desmonta la idea de que creer es estar seguro y de que dudar es fallarle a Dios. La fe bíblica, dice, es una relación de confianza, y en una relación las preguntas no son traición. Quien tiene que aferrarse a la certeza termina adorando su propia seguridad.
El reino no tiene partido. Boyd es de los pocos pastores evangélicos estadounidenses que dijo en voz alta, y en año electoral, que la iglesia no es de derecha ni de izquierda, que la cruz no bendice ninguna espada y que cuando la iglesia busca poder político deja de parecerse a Jesús. Lo dijo, le costó, y no se retractó.
Lo que me enseñó a mí
En la iglesia en que crecí, el Dios del Antiguo Testamento y el Dios de Jesús se pegaban con cinta: el mismo que mandó matar a los cananeos era el que decía «amen a sus enemigos», y uno no debía preguntar mucho. Boyd me dio permiso de preguntar, y un lugar desde donde mirar. Si quiero saber cómo es Dios, miro a Jesús en la cruz. Todo lo demás en la Biblia se lee desde ahí, y lo que no se parece a esa cruz se lee con más cuidado, no con menos fe.
Eso me sirvió para dejar de defender a Dios de sus propios textos. Me gusta pensar que Dios prefiere un lector que se detiene en Josué y pregunta, a uno que pasa la página con miedo.
Su bibliografía, para ubicarse
Boyd escribe en dos registros. Los libros de estudio, con notas y con los filósofos discutidos por nombre: Satan and the Problem of Evil (2001), The Crucifixion of the Warrior God (2017, dos tomos). Y los libros de pastor, escritos para su congregación: Letters from a Skeptic (1994), las cartas con su papá ateo; God of the Possible (2000); Repenting of Religion (2004); The Myth of a Christian Nation (2005); Benefit of the Doubt (2013); y Cross Vision (2017), la versión corta del libro grande.
En español, Editorial Vida publicó tres: Cartas de un escéptico (2004), Satanás y el problema de la maldad (2006) y El Dios de lo posible. Los demás siguen en inglés, y es una lástima, porque los dos que más falta hacen hoy en nuestras iglesias, el de la nación cristiana y el del Dios guerrero, hablan de lo que estamos viviendo ahora.
Tres libros para empezar
1. Cartas de un escéptico (1994; en español, Vida, 2004). Tres años de cartas entre Boyd y su papá, que no creía en nada, sobre el mal, la Biblia, el infierno y la iglesia. Es el mejor lugar para entrar, porque las preguntas las hace alguien que no está dispuesto a tragar entero.
2. Cross Vision (2017, en inglés). Todo el argumento del Dios guerrero, sin las mil cuatrocientas páginas: cómo la crucifixión de Jesús le da sentido a la violencia del Antiguo Testamento. Si lees inglés, empieza por aquí.
3. El Dios de lo posible (2000; en español, Vida). Una introducción bíblica, corta, al teísmo abierto: qué significa que el futuro esté abierto y por qué eso no le quita nada a Dios.
Y cuando quieras ir más lejos, The Crucifixion of the Warrior God (Fortress, 2017), los dos tomos, en inglés.
Este artículo es parte de la serie 10 autores que me enseñaron a leer el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
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Boyd me dio permiso de detenerme en Josué y preguntar. Desde entonces, para saber cómo es Dios, miro a Jesús en la cruz.