Marcos es el evangelio más corto y el que menos se predica. No tiene el sermón del monte, no tiene el nacimiento, no tiene el hijo pródigo, y termina, en los manuscritos más antiguos, con unas mujeres que salen corriendo de una tumba sin decirle nada a nadie. Durante siglos se leyó como un resumen de Mateo. Pikaza lo lee como lo que es: el primer intento de contar quién fue Jesús, escrito para una comunidad perseguida, y contado desde abajo. En su Marcos, Jesús casi nunca está en el templo; está en las casas, en la orilla del lago, en los caminos de Galilea, con leprosos, con una extranjera que discute con él por su hija, con un ciego que grita desde el borde de la calle. Es un evangelio de gente que sobra, y Pikaza lo lee con ellos.
Quién es Xabier Pikaza
Antonio Xabier Pikaza Ibarrondo nació el 12 de junio de 1941 en Orozko, un pueblo de Vizcaya, en el País Vasco. Entró de joven en la Orden de la Merced, la de los frailes que en la Edad Media se ofrecían como rehenes para liberar cautivos, y se ordenó sacerdote. Se doctoró en teología en Salamanca en 1965, con una tesis sobre el amor en Ricardo de San Víctor, y en filosofía en Roma en 1972, con una tesis sobre Bultmann, el biblista alemán que quiso «desmitologizar» el Nuevo Testamento. Ese mismo año estudió filología bíblica en el Instituto Bíblico de Roma.
Desde 1972 dio clases en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, y en 1975 ganó la cátedra. Ahí escribió durante treinta años, hasta 2003. Después dejó la orden y el sacerdocio, se casó y siguió escribiendo desde su casa, con un ritmo que asusta: libros de mil páginas, diccionarios enteros, y un blog en Religión Digital donde publica casi a diario. Un día comenta el evangelio del domingo, otro día escribe sobre un teólogo que acaba de morir, otro sobre lo que pasa en su país. A los ochenta y cinco años sigue publicando.
El contexto en que escribió
Pikaza empezó a enseñar en la España que salía de cuarenta años de dictadura y de nacionalcatolicismo, con una iglesia acostumbrada a bendecir al poder y una teología que se estudiaba en latín. Al mismo tiempo, el Concilio Vaticano II acababa de abrir las ventanas: se podía leer la Biblia con los métodos históricos, se podía hablar de Jesús como judío de Galilea, se podía preguntar qué pasó de verdad.
Pikaza tomó esa libertad en serio, y le costó. En 1985 Roma le retiró el nihil obstat, el permiso para enseñar teología católica, por sus ideas en teología dogmática. En 1989 lo dejaron volver, pero solo a fenomenología e historia de las religiones, no a teología. Y en 2003, otra vez por cuestiones doctrinales, la universidad prescindió de él. No dejó la iglesia: se fue a escribir más.
Pikaza es vasco, y escribe desde un pueblo que conoce lo que es ser periferia dentro de un Estado y tener una lengua que no se podía hablar en público. Cuando lee a Jesús como galileo, un provinciano del norte al que en Jerusalén miraban por encima del hombro, no está haciendo un ejercicio académico. Sabe de qué habla.
Por qué importa
Marcos, leído desde los que sobran. En su comentario al evangelio de Marcos, Pikaza no explica versículo por versículo desde arriba; va con Jesús por Galilea y se detiene en cada persona que Jesús toca. El endemoniado de Gerasa, la hemorroísa, la sirofenicia, el ciego Bartimeo, la viuda de las dos monedas: para Pikaza no son ilustraciones de una doctrina, son el evangelio mismo. El reino de Dios es que esa gente, la que no cuenta, vuelva a contar.
La iglesia es una casa, no un templo. Uno de sus libros sobre Marcos se titula Pan, casa y palabra. La Iglesia en Marcos, y el título dice de qué está hecha esa iglesia: del pan que se comparte, de la casa donde se reúne y de la palabra que se escucha. El templo, en Marcos, es el lugar que Jesús limpia y del que anuncia que no quedará piedra sobre piedra. Pikaza toma eso en serio para pensar qué debería ser la iglesia hoy: menos edificio, más mesa.
Jesús fue un hombre de su tiempo y de su tierra. Pikaza escribe historia de Jesús con los pies en la Galilea del siglo uno: los campesinos endeudados, los jornaleros, el Imperio cobrando, Herodes construyendo ciudades con el trabajo de los pobres. No para quitarle nada a la fe, sino para que la fe tenga suelo. En sus libros uno aprende de qué vivía la gente que seguía a Jesús y por qué lo seguía.
La palabra, explicada para todos. Sus diccionarios bíblicos, sus comentarios y su blog tienen una misma intención: que nadie necesite un título para leer la Biblia con seriedad. Escribe en un castellano claro, sin miedo a repetir, y con la paciencia del que ha dado clase treinta años.
Lo que me enseñó a mí
Cuando escribo sobre Jesús como jornalero, sobre lo que costaba vivir en Galilea bajo Roma, sobre por qué el reino que anunciaba era una buena noticia para los que no tenían nada, estoy caminando por un terreno que Pikaza me ayudó a ver. Él me enseñó a leer los milagros de Marcos como lo que hacen: devolverle un lugar en la comunidad a alguien que había sido expulsado. El leproso no solo queda sano; queda adentro otra vez. Bartimeo no solo ve; se levanta del borde del camino, donde lo tenían pidiendo, y se va con Jesús por la mitad de la calle. El endemoniado de Gerasa, que vivía entre las tumbas y al que el pueblo encadenaba, termina sentado, vestido y en su juicio, y Jesús lo manda a su casa a contarlo. Cada milagro es alguien que vuelve a la mesa.
Y me enseñó algo sobre el oficio. Pikaza perdió su cátedra por pensar en voz alta, y en vez de callarse siguió escribiendo, libro tras libro, durante veinte años más. Me gusta pensar que esa es la manera cristiana de perder.
Su bibliografía, para ubicarse
Pikaza ha publicado cerca de cien títulos, y no hay manera de leerlos todos. Se ordenan en tres grupos. Los libros sobre Jesús y los evangelios, que son el centro: el comentario a Marcos, la Historia de Jesús, Pan, casa y palabra (Sígueme, 1998) y Fiesta del pan, fiesta del vino (Verbo Divino, 1999). Los diccionarios, que son herramientas: el Gran diccionario de la Biblia y los diccionarios de la Biblia y de las religiones. Y los libros de teología y de pensamiento, los que le costaron la cátedra: sobre Dios, sobre la Trinidad, sobre la iglesia.
Buena parte de su obra la publica Verbo Divino, una editorial de Navarra, y se consigue en América Latina.
Tres libros para empezar
1. Evangelio de Marcos. La buena noticia de Jesús (Verbo Divino, 2012). Su libro madre: más de mil páginas que siguen el evangelio pasaje por pasaje. Se lee como se camina, un tramo al día, con Marcos abierto al lado, y no hace falta terminarlo para que sirva: cada sección se sostiene sola. Si solo vas a leer uno, es este.
2. Historia de Jesús (Verbo Divino, 2013). Quién fue Jesús, contado con la historia, la arqueología y los textos judíos del siglo uno, y escrito para quien no es especialista. Es la Galilea real: la economía, la religión, el Imperio.
3. Gran diccionario de la Biblia (Verbo Divino, 2015). No es para leer de corrido: es para tener en la mesa. Cada vez que un nombre, un lugar o una palabra te detenga, ahí está explicado sin jerga.
Y para seguirlo cada día, su blog en Religión Digital, donde publica gratis desde hace años. Es la mejor manera de empezar si los libros gordos te asustan: un texto suyo cada mañana, con el evangelio del día, y en un mes ya sabes si quieres más.
Este artículo es parte de la serie 10 autores que me enseñaron a leer el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.
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Cada milagro de Marcos es alguien que vuelve a la mesa: el leproso queda adentro otra vez, y Bartimeo se levanta del borde del camino y se va con Jesús por la mitad de la calle.