TeoCotidiana
El altar de la iglesia de Solentiname, en la isla Mancarrón, con una pintura primitivista de los campesinos en la pared
Foto: altar de la iglesia de Santa María de Solentiname · Óscar Badillo Pérez · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
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Por Tomás Castaño Marulanda

Ernesto Cardenal: Quién es y tres libros para empezar a leerlo

En un seminario de Antioquia, en Colombia, el nicaragüense Ernesto Cardenal escribió una oración por Marilyn Monroe.

Ernesto Cardenal fue un sacerdote y poeta nicaragüense, nacido en Granada en 1925 y muerto en Managua en 2020, a los 95 años. Fue novicio de Thomas Merton en un monasterio de Estados Unidos, estudió teología en Antioquia, en Colombia, y en 1966 fundó una comunidad en el archipiélago de Solentiname, en el lago de Nicaragua. Allí, en la misa del domingo, los campesinos comentaban el evangelio, y él recogió esos diálogos en un libro.

En los años setenta, los domingos, en la iglesia de la isla Mancarrón, Ernesto Cardenal leía el evangelio y no daba un sermón. Les preguntaba a los campesinos qué entendían, y ellos contestaban. Un domingo leyeron que María dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada (Lucas 2:7). José, el carpintero, dijo: «Hemos leído ahora que Jesús nació pobre, entre los animales». Tomás Peña, un campesino viejo que además era buen pescador, y que no sabía leer, contestó: «Para enseñarnos a no buscar riquezas, una casa grande donde poder tener un hijo ¿verdad?».

Cardenal lo explica en la introducción del libro: «en vez de un sermón sobre el evangelio, un diálogo». Al principio guardaba los comentarios en la memoria; después, con más sentido práctico, usaron grabadora. Y escribió que esos campesinos tenían muchas veces «mayor profundidad que la de muchos teólogos».

Quién es Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal (1925–2020), en 2008. Foto: Jorge Mejía Peralta · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
Ernesto Cardenal (1925–2020), en 2008. Foto: Jorge Mejía Peralta · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Nació el 20 de enero de 1925 en Granada, Nicaragua, en una familia acomodada. Estudió con los jesuitas, en el Colegio Centroamérica de su ciudad, después letras en México, y entre 1947 y 1949 en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Volvió a Nicaragua, y en 1954 participó en la Rebelión de Abril, un intento armado de tomarse el palacio presidencial para sacar a Anastasio Somoza, que fracasó.

En sus memorias cuenta que se entregó a Dios un mediodía de sábado de 1956. Al año siguiente entró al monasterio trapense de Gethsemani, en Kentucky, Estados Unidos, una orden de monjes que vive en silencio, del trabajo y de la oración. Su maestro de novicios fue el monje y escritor Thomas Merton, uno de los autores espirituales más leídos del siglo XX, y se hicieron amigos para toda la vida. Allí lo llamaban Frater Lawrence, «hermano Lorenzo». A los dos años le aconsejaron salir por su salud. Desde entonces, y hasta el final, se levantaba a las tres de la mañana a meditar, como en el monasterio.

Pasó por un monasterio benedictino en Cuernavaca, México, y desde 1961 estudió teología en La Ceja, en el oriente de Antioquia, en un seminario para quienes descubrían tarde su vocación. En ese seminario escribió Salmos (1964) y la Oración por Marilyn Monroe, que se publicó por primera vez en Medellín, en 1965. El 15 de agosto de ese año se ordenó sacerdote en Managua. En 1966 llegó con otros dos compañeros a Mancarrón, una de las islas de Solentiname, en el sur del lago de Nicaragua, a fundar una pequeña comunidad contemplativa. Merton, que soñaba con una comunidad así en América Latina, fue su consejero desde lejos.

El contexto en que escribió

Desde 1937, Nicaragua estaba en manos de la familia Somoza. Anastasio Somoza García, jefe de la Guardia Nacional, llegó a la presidencia ese año, y después de su asesinato, en 1956, el poder pasó a sus hijos, Luis y Anastasio Somoza Debayle. En diciembre de 1972, un terremoto destruyó buena parte de Managua, y se denunció que la ayuda internacional se desviaba; el régimen empezó a perder apoyos. En enero de 1978 asesinaron a Pedro Joaquín Chamorro, el director del diario La Prensa, y el país se levantó contra el régimen. El 17 de julio de 1979, Somoza huyó a Miami, y dos días después el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el FSLN, entró en Managua.

Para entonces, Solentiname ya no existía. En octubre de 1977, varios jóvenes de la comunidad participaron en el asalto de la guerrilla al cuartel de la Guardia Nacional en San Carlos, y la Guardia destruyó la comunidad. Cardenal se exilió en Costa Rica, y desde allí le escribió una carta al pueblo de Nicaragua sobre lo que había perdido: «Teníamos allí en ese alejado rincón del lago una gran biblioteca, libros recogidos durante toda una vida». Y más adelante: «Ahora solo ha quedado allí la belleza salvaje».

El 19 de julio de 1979 lo nombraron ministro de Cultura del gobierno sandinista, y lo fue hasta 1987. El 4 de marzo de 1983, el papa Juan Pablo II llegó a Managua. Según lo contó Cardenal, en el aeropuerto se quitó la boina y se arrodilló para besarle el anillo; el papa no lo dejó, le agitó el dedo y le dijo: «Usted debe regularizar su situación». Como Cardenal no contestó, se lo repitió. En febrero de 1984 el Vaticano lo suspendió del ejercicio del sacerdocio.

En 1994 salió del FSLN, en protesta por la manera en que Daniel Ortega conducía el partido, y años después llamó al gobierno de Ortega «una dictadura familiar». En febrero de 2019, el papa Francisco le levantó la suspensión. Estaba hospitalizado en Managua, y el nuncio celebró la misa con él en su habitación: era la primera vez en más de treinta años que celebraba una eucaristía.

Murió el 1 de marzo de 2020. En la misa de su funeral, en la catedral de Managua, un grupo de simpatizantes del FSLN entró gritándole «traidor» al muerto. El 6 de marzo enterraron sus cenizas, en secreto, en Mancarrón, bajo la piedra donde están enterrados los guerrilleros de la comunidad que murieron en su lucha contra la dictadura de Somoza.

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Lo que propone

El evangelio en la orilla del lago. En El evangelio en Solentiname, Cardenal presenta a la gente de la isla por lo que cada quien aporta: Marcelino es el místico, Olivia la más teológica, Rebeca, la esposa de Marcelino, «siempre insiste en el amor», y Tomás Peña «no sabe leer pero habla con una gran sabiduría». Los diálogos se hacían en la iglesia, en un rancho de paja frente a ella, donde almorzaban juntos después de la misa, y a veces al aire libre, en otras islas. Leían el pasaje, lo comentaban entre todos y lo aterrizaban en sus vidas, en el lago, en la pesca, en la pobreza.

Los pastores de Belén. Cuando leyeron que el ángel les anunció el nacimiento a unos pastores que cuidaban su rebaño en el campo (Lucas 2:8-12), Cardenal recordó que los pastores eran lo más bajo de la escala social en Israel. Y Alejandro, uno de los jóvenes, dijo que la noticia era que iban a encontrar a otro igual que ellos: «¡un pobre, envuelto en pañales!».

La mujer del pozo. Jesús le pidió agua a una samaritana, una mujer de un pueblo despreciado, que había tenido cinco maridos (Juan 4:7-18). Tomás Peña lo leyó así: «Jesús pidió el agua, pero me parece que no la pidió por sed, sino para conversar con la mujer». Y cuando leyeron que quien bebe de esa agua vuelve a tener sed, Alejandro dijo de ella: «Seguramente tenía grandes capacidades de amar y no había sido saciada».

El pan que da vida. Cuando leyeron que Jesús les pidió trabajar «no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna» (Juan 6:27), Olivia dijo: «El pan que se acaba es el pan buscado egoístamente, y el pan que da vida es el que se busca comunitariamente».

En Solentiname el evangelio también se pintó. Cardenal le pidió un cuadrito a Elba Jiménez, una mujer de la isla que tallaba jícaros, y lo vendió; el pintor Róger Pérez de la Rocha daba talleres en la iglesia, y el campesino Eduardo Arana, que lo miraba pintar, recibió de él unos lápices de colores. Así nació lo que Cardenal llamó «una escuela de pintura primitiva que ha sido famosa en muchas partes del mundo». Pintaron las escenas del evangelio en el paisaje de las islas, y esas pinturas ilustran el libro.

Dios antes que la religión. Antes de Solentiname estuvo Gethsemani, y Cardenal nunca dejó de ser un contemplativo. En Vida en el amor, las meditaciones que escribió en el monasterio, dice que el fondo del alma es infinito y que «no se puede llenar con nada sino con Dios». Y en 2004, pensando en la historia de su vida, en un recital de poesía en una universidad de Estados Unidos, dijo: I did not embrace religion; I embraced God. God showed himself to me as love in beauty, «no abracé una religión; abracé a Dios. Dios se me mostró como amor en la belleza».

La oración por los que nadie defiende. En el seminario de La Ceja, cuando Marilyn Monroe murió, en agosto de 1962, escribió una oración por ella, que empieza: «Señor / recibe a esta muchacha». En el poema, la culpa no es de ella: es de quienes la mirábamos en las revistas y en el cine: «Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes». Y la oración termina con un ruego a Dios: «contesta Tú el teléfono».

Por qué lo pongo en esta lista

Porque en muchas de nuestras iglesias la Biblia la explica uno solo, desde el púlpito, y los demás escuchan y toman nota. Jesús hizo lo contrario: explicó a Dios con las cosas que la gente tenía en las manos, la levadura, la semilla, la red, la oveja que se pierde. En Solentiname el evangelio lo comentaban pescadores que muchas veces no sabían leer, y vieron cosas que muchos sermones no ven: que Jesús le pidió agua a la samaritana para conversar con ella, que la señal del Salvador era un niño pobre en pañales.

Y por la manera de mirar a la mujer del pozo y a Marilyn Monroe. Alejandro vio en la samaritana a alguien con grandes capacidades de amar que no habían sido saciadas, y Cardenal vio en Marilyn a una muchacha con hambre de amor a la que le dimos tranquilizantes.

Hay que leerlo sabiendo que fue ministro de un gobierno, que la Iglesia lo suspendió, y que el partido al que sirvió terminó persiguiéndolo. Por debajo de todo eso siguió siendo lo que había empezado a ser en Gethsemani: un hombre que se levantaba a las tres de la mañana a buscar a Dios.

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Su bibliografía, para ubicarse

Empezó como poeta antes que como sacerdote. Sus Epigramas (1961) son poemas cortos de amor y contra la dictadura de Somoza. En Colombia publicó Salmos (1964), los salmos de la Biblia reescritos para el siglo XX, con los gánsteres, la propaganda y los campos de concentración, y la Oración por Marilyn Monroe (1965). De Gethsemani salieron los poemas de Gethsemani, Ky (1960) y las meditaciones de Vida en el amor (1970).

En Solentiname escribió los diálogos de El evangelio en Solentiname, que Ediciones Sígueme, la editorial católica de Salamanca, publicó en varios tomos entre 1975 y 1978. En 1989 publicó Cántico cósmico, un poema larguísimo sobre la creación, la evolución y el amor de Dios. Contó su vida en tres tomos de memorias; el primero es Vida perdida y el tercero, La revolución perdida. Su correspondencia con Merton se publicó en 2003. En 2012 recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, uno de los más importantes de la poesía en español.

Tres libros para empezar

1. El evangelio en Solentiname (Trotta, 2006). Trotta, una editorial madrileña de filosofía y teología, reunió en un solo tomo, de unas quinientas páginas, todos los diálogos. Es el libro más cercano a lo que intentamos en este sitio: el evangelio leído en la vida de la gente. No hace falta leerlo en orden; se puede abrir en el pasaje que uno está leyendo en su Biblia.

2. Vida en el amor (San Pablo, 2021). Las meditaciones que escribió en Gethsemani, con prólogo de Thomas Merton. San Pablo, la editorial de los paulinos, lo reeditó con una carta testamento del autor. Es el Cardenal contemplativo, antes de cualquier política: un libro para leer despacio, de a pocas páginas.

3. Poesía completa (Espasa, 2025). La edición del centenario de su nacimiento. Trae Salmos, la Oración por Marilyn Monroe y Cántico cósmico. Para empezar, los Salmos y la Oración: son cortos y se entienden a la primera.

Este artículo es parte de la serie 11 autores latinoamericanos que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

En Solentiname, en vez del sermón, había un diálogo, y el evangelio lo explicaban los campesinos.

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