TeoCotidiana
El patio de la Escuela de Teología de Yale, con la capilla Marquand al fondo, donde Justo L. González hizo su maestría en 1958
Foto: Escuela de Teología de Yale · Carol M. Highsmith · Dominio público · Wikimedia Commons
Mi biblioteca
· 13 min de lectura

Por Tomás Castaño Marulanda

Justo L. González: Quién es y tres libros para empezar a leerlo

Escribió la historia de la iglesia en diez libros pequeños, para los pastores de América Latina que no iban a leer un libro grueso.

Justo L. González es un historiador de la iglesia y teólogo metodista, nacido en La Habana en 1937. Salió de Cuba a estudiar en 1957, se doctoró en la Universidad de Yale y enseñó en Puerto Rico y en Atlanta. Ha escrito más de cien libros, entre ellos una historia del cristianismo y una historia del pensamiento cristiano traducidas a varios idiomas, y dedicó buena parte de su vida a que hubiera teólogos latinos en los seminarios de Estados Unidos.

Cuando Justo González era muchacho, en Cuba, una maestra le elogió mucho un ensayo. Su papá lo leyó varias veces y le preguntó: «¿Qué quisiste decir?». Justo se lo explicó. Y el papá le respondió: «Entonces, ¿por qué no lo dijiste?».

Ese papá, Justo González Carrasco, era novelista y editor de periódico, y trabajaba para el Ministerio de Agricultura de Cuba escribiendo sobre agricultura, higiene y plantas medicinales para gente con poca escolaridad. Con su esposa y con Eulalia Cook fundó en 1961, en Costa Rica, Alfalit, una organización que enseña a leer. Su mamá, Luisa García Acosta, era profesora de literatura y escribía libros de gramática y ortografía. El hijo de esa casa terminó escribiendo la historia de la iglesia para quienes nunca la habían leído.

Quién es Justo L. González

Justo L. González (1937). Foto: Hispanic Theological Initiative, Princeton Theological Seminary
Justo L. González (1937). Foto: Hispanic Theological Initiative, Princeton Theological Seminary

Nació el 9 de agosto de 1937 en La Habana. De estudiante le gustaban más las matemáticas que la historia, y eso cambió en el seminario: «fue estudiando teología en el seminario que empecé a interesarme por la historia», le contó en 2006 a Ultimato, «ultimátum», una revista evangélica de Brasil. Se refería al Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, donde se graduó en 1957, el mismo año en que lo ordenaron ministro de la iglesia metodista.

Ese año se fue a Estados Unidos a estudiar en Yale. Pasó un año en la Universidad de Estrasburgo, en Francia, volvió a Yale y en 1961 terminó allí el doctorado en Teología Histórica, con una tesis sobre san Buenaventura, un teólogo franciscano de la Edad Media. Nadie tan joven había recibido ese doctorado en Yale.

Con el doctorado en la mano se fue a enseñar a un seminario donde se hablaba español: el Seminario Evangélico de Puerto Rico, donde dio clases de Teología Histórica durante ocho años. En 1969 pasó a Atlanta, a la escuela de teología Candler, de la Universidad Emory, y allí enseñó hasta 1977. Su esposa, Catherine Gunsalus González, historiadora presbiteriana, enseñó Historia de la Iglesia en el Seminario Columbia, en Decatur, cerca de Atlanta, y con ella ha escrito varios libros. Es ministro jubilado de la Iglesia Metodista Unida.

El contexto en que escribió

En 1910 se reunió en Edimburgo, Escocia, la Conferencia Misionera de la que nació el movimiento ecuménico moderno, el esfuerzo de las iglesias por acercarse y trabajar juntas. González lo cuenta en su Historia del cristianismo: «cuando comenzó el movimiento ecuménico moderno, en la Conferencia de Edimburgo de 1910, la América Latina fue excluida». La dejaron por fuera porque la consideraban un continente ya cristiano: era católico. En esa exclusión ve una de las raíces de la desconfianza que les quedó a los protestantes latinoamericanos frente al ecumenismo.

González creció dentro de esa desconfianza. En la Cuba de los años cincuenta los protestantes eran una minoría, y él mismo recuerda que, de muchachos, buscar a un sacerdote para discutir con él era casi su deporte favorito. Con los años pasó de discutir a sentarse a la mesa con los de otras iglesias. Llegó a ser miembro de la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias, que reúne a buena parte de las iglesias protestantes y ortodoxas del mundo para buscar en qué creen juntas. Y en 1991, los teólogos católicos lo premiaron a él, un metodista: la Academy of Catholic Hispanic Theologians, «academia de teólogos hispanos católicos», de Estados Unidos, le dio su premio Virgilio Elizondo.

En 1959, mientras él estudiaba fuera de Cuba, triunfó la Revolución cubana. Desde 1961 su vida y su trabajo estuvieron en Puerto Rico y en Estados Unidos, y desde ahí escribió para la iglesia del continente. Pensaba en los pastores que no son historiadores ni tienen por qué serlo: «Hay muchos pastores y líderes en América Latina que no tienen que leer la historia de la iglesia, pero que deberían saber algo de la misma». A un pastor así no se le puede pedir que lea un libro grueso, y por eso, entre 1978 y 1988, publicó con Editorial Caribe, de Miami, una historia del cristianismo en diez libros pequeños, desde La era de los mártires hasta La era inconclusa. En esos libros cuenta también la historia que él estaba viendo pasar: la reunión de los obispos católicos del continente en Medellín, en 1968, y la teología de la liberación, que nació en esos años. Explica que esa teología quería mirar toda la doctrina cristiana «desde la perspectiva de los pobres y los oprimidos», y que por eso algunos la llamaron una teología hecha «desde abajo».

En Estados Unidos vio que en los seminarios casi no había profesores latinos. Cuando renunció a la docencia, recuerda, era «el único latino miembro del profesorado en un seminario protestante del país». En lugar de quedarse siendo el único, se dedicó a que hubiera otros. En 1986 le encargaron un estudio sobre cómo se formaban los pastores y teólogos hispanos del país. Salió en 1988 como The Theological Education of Hispanics, «la educación teológica de los hispanos», y en los años siguientes se propuso llenar ese vacío. Dirigió entre 1989 y 1998 el Hispanic Summer Program, «programa hispano de verano», que cada verano reúne a estudiantes latinos de distintos seminarios a tomar cursos con profesores latinos. Presidió a comienzos de los noventa la Asociación para la Educación Teológica Hispana, que apoya a los institutos bíblicos y seminarios donde se forman los pastores hispanos. Y dirigió con Daisy Machado la Hispanic Theological Initiative, «iniciativa teológica hispana», que desde 1996 da becas a latinos que hacen el doctorado en teología, para que lleguen a ser profesores. Desde antes, en 1980, había fundado con Roy Barton Apuntes, una revista de teología hispana que dirigió durante veinte años.

En 2020 dijo que lo que tiene en problemas a muchos seminarios no es la falta de dinero: las iglesias que les exigen a sus pastores haber estudiado en un seminario para ordenarlos ya no crecen. Y recordó que los latinos son entre el 16 y el 17 % de la población de Estados Unidos y apenas cerca del 4 % de los profesores de seminario.

Donar a este proyecto

Lo que propone

La historia de la iglesia es la historia de nuestra familia. Para González, estudiar a los cristianos de otros siglos no es revisar un archivo de muertos. En las primeras páginas de su Historia del cristianismo escribe que «relatar la historia de aquellos de quienes somos herederos, es escribir un prefacio extenso a nuestra propia historia», y por eso considera ese libro «autobiográfico en gran medida». Dice que Ireneo y Atanasio, obispos de los siglos II y IV, y los demás «me han acompañado en las muchas vueltas y giros de la vida» y «han llegado a ser parte de mí». Ahí mismo le agradece a su «secretaria», el procesador de palabras del computador, por ser «paciente, cuidadoso, sin queja». Pero cuando escribía las últimas líneas, una tormenta eléctrica lo dejó sin computador y lo obligó, cuenta, «a tomar la pluma una vez más». Escribir a mano le recordó que no estamos tan lejos «del tiempo de Orígenes y Eusebio», dos escritores cristianos de los primeros siglos.

El evangelio ocurre dentro de la historia. González no cree en una fe que flota por encima de lo que pasa en el mundo. Lo dice en el primer capítulo de su Historia del cristianismo: «Desde sus mismos orígenes, el evangelio se injertó en la historia humana. De hecho, eso es el evangelio: las buenas nuevas de que en Jesucristo Dios se ha introducido en nuestra historia, en pro de nuestra redención». Se fija en un detalle del libro de los Hechos: termina sin final, con Pablo viviendo dos años en una casa alquilada en Roma y recibiendo a quienes iban a verlo (Hechos 28:30-31). Para él, ese libro casi parece haber quedado «inconcluso», y así tenía que ser, porque esa historia «no ha de tener fin hasta que el Señor venga». No es casual que el último de sus diez libritos se llame La era inconclusa.

Un Dios al que le duele lo que pasa. En la teología clásica se enseñó durante siglos que Dios es impasible: que Dios no puede sufrir ni ser afectado por nada. González no encuentra eso en la Biblia: «En vano [buscamos] un pasaje donde la Biblia diga que Dios es impasible. Al contrario, lo que sí podemos encontrar son muchas referencias a la ira divina, al amor ¡y aun al arrepentimiento de Dios! Sí encontramos un Dios que camina en el jardín de Edén, que lucha con Jacob y regatea con Abraham. […] Dios es amor». Y explica por qué ese Dios que no siente nada le sirvió tanto al poder: con Constantino, el emperador romano que ayudó a poner fin a la persecución de los cristianos y empezó a favorecerlos, escribe, la iglesia «tendía a identificar en consecuencia a su Dios con el Dios de los poderosos, es decir, con el Dios impasible, quien en virtud de su inactividad tendía a sacralizar el statu quo»: a volver sagrado el orden de las cosas tal como estaba. A eso lo llama la «constantinización de Dios».

Una teología Fuenteovejuna. En 1990 publicó Mañana: Christian Theology from a Hispanic Perspective, «mañana: teología cristiana desde una perspectiva hispana», que en español salió con el título Teología liberadora. Para la Universidad Emory es «una de las primeras articulaciones teológicas sostenidas» desde la vida de los hispanos en Estados Unidos. Su punto de partida es que toda teología se hace desde algún lugar, y que los latinos de Estados Unidos, que viven lejos de su tierra, en los márgenes y entre dos culturas, ven en la Biblia cosas que le sirven a toda la iglesia. A eso lo llamó una teología Fuenteovejuna, por la obra del español Lope de Vega en la que, cuando el juez pregunta quién mató al comendador, el pueblo entero responde: «Fuenteovejuna, señor». En el pueblo de la obra nadie respondió solo. Para González, la teología tampoco la hace un experto solo en su oficina: la hace una comunidad que lee la Biblia junta y responde junta.

Leer la Biblia desde los pobres. En Santa Biblia: The Bible through Hispanic Eyes, «la Biblia a través de ojos hispanos» (1996), propone cinco claves para leerla desde la experiencia latina: la marginalidad, la pobreza, el mestizaje y la mulatez, el exilio y la extranjería, y la solidaridad. Sobre la pobreza, además de preguntar qué dice la Escritura de los pobres, pregunta qué se aprende cuando la leemos desde ellos. Y en la entrevista de Ultimato dijo: «un cristianismo que odia o repudia a otros simplemente por razones raciales, culturales y teológicas no merece llamarse evangelio de Jesucristo».

Por qué lo pongo en esta lista

Porque escribió pensando en los pastores del continente: «quise escribir una historia para ellos, para que comiencen a leer y se interesen. ¡Y la gente lo lee!». Le pasó lo mismo con las obras de Juan Wesley, el fundador del metodismo. Un misionero jubilado le contó que en Perú las querían en español; entre 1996 y 1998 él las editó en catorce tomos, y la primera edición se agotó en pocos meses. González lo llamó «a sign of the thirst of the people», «una señal de la sed de la gente». Si tienes esa sed, empieza por él. Su consejo para escribir cabe en una línea: «Write to communicate, not to impress», «escribe para comunicar, no para impresionar».

También porque su Historia del cristianismo en América Latina, que escribió con la historiadora Ondina E. González, está en mi top 10 de libros. La tuve a la venta en Colombia, junto con su Teología liberadora, cuando ofrecía los libros que Kairós, una editorial de Buenos Aires, publicaba de grandes escritores como él, René Padilla y Juan Stam. Y cada vez que he hecho la lista de los autores que me han acompañado en mi reflexión del evangelio, su nombre ha estado entre los primeros.

Donar a este proyecto

Su bibliografía, para ubicarse

Buena parte de su obra cuenta una de dos historias. La primera es lo que han vivido los cristianos. Los diez tomos de Y hasta lo último de la tierra (Caribe, 1978-1988) los reunió Unilit, una editorial de Miami, como Historia del cristianismo (1994; en un tomo, 2009). En inglés es The Story of Christianity, «la historia del cristianismo» (1984-1985), su libro más vendido. A esa misma línea pertenece Historia del cristianismo en América Latina, con Ondina E. González (Kairós, 2013), que había salido en inglés en 2008, en la editorial de la Universidad de Cambridge.

La segunda es lo que han pensado. Historia del pensamiento cristiano salió en tres tomos entre 1965 y 1993. CLIE, una editorial evangélica de Barcelona, la publica en un tomo y en una edición ampliada de 2024, junto con la Historia abreviada del pensamiento cristiano (2016). En CLIE están también su Comentario al Evangelio de Lucas y a los Hechos de los apóstoles (2022), Cómo leer el Apocalipsis (2021), con Catherine Gunsalus González, y la Biblia de Estudio Patrística (2025), que editó con Alfonso Ropero.

Su teología desde la experiencia latina está en Teología liberadora (Kairós, 2006), que en inglés es Mañana (1990), y en Santa Biblia (1996, en inglés).

Tres libros para empezar

1. Historia del cristianismo (Unilit, obra completa en un tomo, 2009). Los diez libritos para pastores, en uno solo. Se lee como un relato, con personajes, desde la era de los mártires hasta la nuestra. Empieza por aquí.

2. Historia del cristianismo en América Latina (con Ondina E. González; Kairós, 2013). De los conquistadores al pentecostalismo, con misioneros, campesinos, místicos, dictadores y mártires. Para quien quiere conocer la historia de la fe en nuestro continente, contada desde acá.

3. Historia abreviada del pensamiento cristiano (CLIE, 2016). La versión corta de su Historia del pensamiento cristiano, escrita, según su editorial, como introducción a esa historia para «todos aquellos que se interesan en ella porque son parte de ella». Para cuando quieras saber de dónde salieron las doctrinas que se predican en tu iglesia.

Este artículo es parte de la serie 11 autores latinoamericanos que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

Su papá le preguntó qué había querido decir, y Justo González aprendió a escribir para que lo entendiera cualquiera.

«Nuevos comienzos» · PDF · 17 páginas
El primer capítulo, gratis

Cada semana escribo sobre Jesús, la iglesia y la vida real. Si quieres que te llegue, deja tu correo.

Revisa tu correo y confirma — ahí va el capítulo.

Cada artículo nuevo también sale en el canal de WhatsApp. Síguelo y te llega ahí, sin depender de ningún algoritmo.

Si algo de esto te sirvió, te habló al corazón o quieres contarme tu historia, escríbeme a teocotidiana [arroba] gmail.com.

¿Conoces a alguien que quiere leer la historia de la iglesia y no sabe por dónde empezar?
Facebook Telegram X

Todos los días hay algo nuevo en Instagram y en Facebook.

Dona y haz parte de este proyecto

Nadie compró una sanidad. Alguien sostuvo el pan del camino.

Jesús sanaba gratis, y con él andaba un grupo de personas, especialmente mujeres, que sostenía ese camino con sus bienes (Lucas 8:3). Lucas nombra a algunas de ellas: María Magdalena, Juana, Susana, «y otras muchas».

Aquí pasa algo parecido. Lo que acabas de leer es gratis, y cada mes algo de lo que escribo llega a entre 800 mil y 2 millones de personas. No hay publicidad, ni patrocinadores, ni una iglesia detrás: lo sostienen quienes deciden ser parte de esto. A ese grupo te invito.

Un café es una donación a TeoCotidiana: el valor de un café, una sola vez o cada mes, con tarjeta, en Buy Me a Coffee.

Cada café cuenta.

— Tomás Castaño Marulanda

Desde Colombia, sin comisionesNequi o Bancolombia (llave) · 300 424 1270
Por qué pido esto y a dónde va tu café →
Gratis · PDF · 17 páginas

Léete el primer capítulo

Se llama «Nuevos Comienzos» y habla del miedo que da empezar algo. Lo escribí pensando en cuando estaba arrancando el pódcast y llevaba meses sin atreverme a grabar.

Te lo mando al correo. Ese es el único requisito: dime a dónde te lo envío y en un minuto lo tienes.

¿Lo prefieres completo? «Jesús para la vida real» está en Amazon, en papel y en Kindle.

Te llega un correo para confirmar; al confirmarlo recibes el PDF. Y te aviso el día que salga «Dios sigue ocurriendo». No le paso tu correo a nadie y te puedes salir cuando quieras.

Cada artículo nuevo también sale en el canal de WhatsApp. Síguelo y te llega ahí, sin depender de ningún algoritmo.

Si algo de esto te sirvió, te habló al corazón o quieres contarme tu historia, escríbeme a teocotidiana [arroba] gmail.com.

Revisa tu correo. Te llegó un mensaje para confirmar. Dale clic y ahí mismo te mando el capítulo. Si no lo ves en un minuto, mira en Promociones o Spam.
El primer capítulo, gratis «Nuevos Comienzos» en PDF · te llega al correo

Revisa tu correo y confirma.