TeoCotidiana
El órgano del templo de la Primera Iglesia Evangélica Metodista, en la avenida Corrientes de Buenos Aires, en cuyo salón de actos la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos hizo su primera reunión pública, en abril de 1976
Foto: Primera Iglesia Metodista de Buenos Aires · Leandro Kibisz · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
Mi biblioteca
· 12 min de lectura

Por Tomás Castaño Marulanda

José Míguez Bonino: Quién es y tres libros para empezar a leerlo

Lo eligieron presidente del Consejo Mundial de Iglesias en una asamblea a la que no viajó, por miedo a que no lo dejaran volver a su país.

José Míguez Bonino fue un pastor y teólogo metodista argentino, nacido en Santa Fe en 1924 y muerto en Tandil en 2012. Fue rector de la Facultad Evangélica de Teología de Buenos Aires, el único observador protestante latinoamericano en el Concilio Vaticano II y uno de los presidentes del Consejo Mundial de Iglesias. En 1975, poco antes del golpe militar, ayudó a fundar la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, y durante la dictadura acompañó a las familias de los desaparecidos.

En los años de la dictadura argentina, Míguez Bonino pasaba casi la mitad de su tiempo recibiendo a familias de desaparecidos. Una de esas personas fue una mujer judía que le contó que se habían llevado a su hijo. Le pidió ayuda, porque se estaba dando cuenta de que empezaba a odiar a quienes se lo habían llevado.

Él le contestó que no podía ayudarla mucho, pero que si a él le pasara algo así, oraría, porque no conocía otra manera de no odiar. Le dijo que sabía que ella no compartía esa fe, y le preguntó si quería que orara por ella. Oraron juntos unos minutos.

Quién es José Míguez Bonino

José Míguez Bonino (1924–2012), en 1974. Foto: W. Punt / Anefo · Nationaal Archief · CC0 · Wikimedia Commons
José Míguez Bonino (1924–2012), en 1974. Foto: W. Punt / Anefo · Nationaal Archief · CC0 · Wikimedia Commons

Nació el 5 de marzo de 1924 en Santa Fe, en Argentina, hijo único de una familia obrera. Su papá era un gallego que había llegado al país en 1900, a los dieciséis años, y trabajaba en el puerto para una compañía inglesa. Su mamá, hija de piamonteses recién llegados, había crecido católica, y cuando tenía un poco más de veinte años se hizo evangélica escuchando predicar a Juan Thomson, el pastor metodista que en 1867 había dado en Buenos Aires el primer sermón evangélico en castellano. El papá conoció a la familia de ella en el trabajo, y fue ella quien lo llevó a la fe.

En 1931 se mudaron a Rosario, a un barrio de trabajadores del puerto. José iba a la escuela con los hijos de los estibadores y tomaba mate con ellos en los conventillos, y los domingos iba con sus papás a una iglesia metodista de aleluyas y de oración en voz alta, varios a la vez. No lo bautizaron de bebé: se bautizó por decisión propia, en 1938, a los catorce años, y empezó a enseñar en la escuela dominical.

En 1941 entró a estudiar medicina en Rosario. Seguía enseñando en la escuela dominical y dirigía el grupo de jóvenes de su iglesia, y contaba que, con gusto, les robaba un par de horas a sus libros para dedicárselas a la iglesia. A mediados de 1942, leyendo las cartas de Pablo a los filipenses y a los efesios, sintió el llamado, y a los dos años y medio de carrera dejó la medicina para estudiar teología en la Facultad Evangélica de Buenos Aires.

Como estudiante, entre 1945 y 1946, pasó casi un año en Cochabamba, en Bolivia, reemplazando a dos misioneros que habían vuelto a Estados Unidos. Daba clases de religión y de ética en un colegio, predicaba y enseñaba en una congregación metodista que tenía apenas tres años, y recorrió veintitrés iglesias y lugares de predicación. Allí vio a evangélicos metodistas y bautistas que predicaban y servían a los demás aunque a ellos mismos los perseguían. Y al volver les hizo una pregunta a las iglesias de su país: si esa fe no tenía algo que decirle a nuestro cristianismo cómodo.

En 1947 se casó con Noemí Nieuwenhuize, a quien conoció en la escuela dominical, y tuvieron tres hijos, Néstor, Eduardo y Daniel. Fue pastor en Ramos Mejía, un barrio obrero de las afueras de Buenos Aires, y en San Rafael, en Mendoza, donde la congregación pasó de veinticinco a cuarenta y cinco miembros y construyó su templo. Después se fue a estudiar a Estados Unidos: una maestría en teología en Atlanta y el doctorado en el Union Theological Seminary de Nueva York, que terminó en 1960. Ese mismo año volvió a Buenos Aires como rector de la Facultad Evangélica. Aceptó con una condición, quedarse solo diez años, y en 1970 dejó el cargo. Siguió enseñando allí, en la facultad que desde finales de los sesenta se llamó ISEDET, cuando se unió con la facultad luterana, hasta 2003. Y toda su vida siguió ligado a la iglesia de Ramos Mejía, como pastor o como pastor asociado.

El contexto en que escribió

Durante más de un siglo, las iglesias evangélicas de Argentina leyeron la Biblia con una teología que llegaba de afuera, con los misioneros y los inmigrantes, pensada en Europa y en Estados Unidos. Míguez lo dijo de toda la teología del continente: «fue siempre una teología importada». Desde los años cuarenta, los hijos y los nietos de esos primeros evangélicos, que ya se sentían argentinos, empezaron a preguntarse qué tenía que ver su fe con lo que pasaba en su país. Míguez era uno de ellos.

En 1962, la Iglesia católica abrió el Concilio Vaticano II, la gran reunión de los obispos del mundo en la que revisó su manera de relacionarse con las demás iglesias, y por primera vez invitó a observadores protestantes y ortodoxos. Míguez fue en la delegación del Consejo Metodista Mundial, y fue el único protestante latinoamericano. Estuvo en tres de las cuatro sesiones, y allí se hizo amigo de teólogos católicos de América Latina con los que siguió conversando el resto de su vida.

A mediados de los setenta, en Argentina, grupos paramilitares como la Triple A secuestraban y asesinaban a opositores. Frente a eso, el 18 de diciembre de 1975, un grupo de católicos, metodistas, judíos y personas de distintos partidos fundó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, la APDH, y Míguez estaba entre ellos. Él mismo contó de dónde salió el nombre: «En una ocasión en que estábamos reunidos entre diez o doce personas sentimos que la represión iba a ir aumentando, y que necesitábamos estar alerta. Entonces alguien dijo: "Tenemos que estar permanentemente en asamblea para defender los derechos humanos". Y de esa frase quedó el nombre». Ese mismo año, el Consejo Mundial de Iglesias lo eligió como uno de sus presidentes, en una asamblea en Nairobi a la que no viajó, por miedo a que no lo dejaran volver a su país. Fue presidente hasta 1983, y Paul Davies, el investigador que reconstruyó su vida en una tesis doctoral, cree que ese cargo internacional probablemente le salvó la vida.

El 24 de marzo de 1976, los militares derrocaron al gobierno y empezaron a secuestrar a miles de personas que nunca volvían; en Argentina las llamaron desaparecidos. Muchas familias que buscaban a sus hijos llegaban a la Asamblea, y allí recibían sus denuncias y las presentaban ante los jueces: en mayo de 1977 ya habían presentado 425 casos. Míguez pasaba casi la mitad de su tiempo recibiendo a esas familias. Cuando volvió la democracia, una comisión del Estado, la CONADEP, investigó lo que había pasado, y en 1984 su informe, Nunca más, documentó 8.961 personas desaparecidas.

En 1994 lo eligieron para la asamblea que reformó la Constitución argentina, y fue uno de los dos ministros religiosos elegidos para ella; el otro fue el obispo católico Jaime de Nevares. Trabajó en las comisiones que se ocuparon de los tratados de derechos humanos y de los nuevos derechos, como los de los pueblos indígenas y el cuidado del ambiente. En 2003 tuvo un accidente cerebrovascular y dejó de dar clases. Murió en 2012, a los 88 años, en Tandil, en la provincia de Buenos Aires.

Donar a este proyecto

Lo que propone

Evangélico de adentro. Lo llamaron muchas cosas, y en Rostros del protestantismo latinoamericano hizo la lista él mismo: «He sido catalogado diversamente como conservador, revolucionario, barthiano, liberal, catolizante, moderado, liberacionista. Probablemente todo eso sea cierto. No soy yo quien tiene que pronunciarse al respecto. Pero si trato de definirme en mi fuero íntimo, lo que "me sale de adentro" es que soy evangélico».

No salvar a la gente desde afuera. En 1961 se reunió en Lima la segunda Conferencia Evangélica Latinoamericana. Allí Míguez les hizo a las iglesias evangélicas del continente una serie de preguntas, entre ellas estas dos: «¿No hemos querido nosotros salvar a la gente desde afuera, sin acercarnos demasiado a ellos por temor de contaminarnos? ¿No hemos despreciado incluso un tanto a nuestros pueblos sintiéndonos nosotros superiores, demasiado santos para mezclarnos con sus turbios problemas y pasiones?». Y en esa misma conferencia dijo dónde está Jesús: «Él no está nunca lejos de los que sufren, de los que buscan o de los que anhelan».

La fe que busca ser eficaz. Su libro más conocido se llama La fe en busca de eficacia. Para él, una fe que no se vuelve amor concreto por el otro se queda a medias, y cuando los creyentes revisan lo que hacen, la medida es la persona que tienen al lado: «el criterio de evaluación es la existencia del prójimo».

Una Biblia sin respuestas prefabricadas. Contaba que desde niño estaba convencido de algo: «en ella no se encuentran respuestas hechas, pero sí dirección, conducción y orientación, y por eso es necesario volver a ella constantemente».

Los rostros de nuestra iglesia. En Rostros del protestantismo latinoamericano describió las caras de la iglesia evangélica de aquí. Son cuatro: la de las iglesias históricas, que llegaron con el proyecto de modernizar los países; la de las misiones que vinieron con los avivamientos; la pentecostal, que creció con la gente que se iba del campo a la ciudad; y la de las iglesias de inmigrantes. Y en el mismo libro les hizo a los protestantes esta crítica: «De alguna manera [los protestantes] nos hemos autodesignado como los únicos poseedores y jueces de una tradición doctrinal pura y absoluta».

El Espíritu no está en lo que hace daño. En muchas iglesias se dice «el Espíritu me dijo» para justificar cualquier cosa. Para esos casos, Míguez escribió en el mismo libro: «Cuando el poder y la libertad del Espíritu son invocados y reclamados para acciones y conductas que conspiran contra la vida, la justicia y la misericordia, tenemos razón para dudar de que sea el Espíritu Santo».

Sin creérsela. A quienes hacían teología de la liberación, empezando por él, les pidió humildad: «Que no nos tomemos demasiado en serio como "teólogos de la liberación." Como si fuéramos nosotros los "liberadores."».

Por qué lo pongo en esta lista

Porque es la prueba de que se puede ser evangélico de pies a cabeza, de bautismo por decisión propia, escuela dominical y aleluyas, y no mirar para otro lado cuando, en su propio país, los militares secuestraban a miles de personas y sus familias llegaban a pedir ayuda. En muchas de nuestras iglesias se enseñó que meterse con el dolor del país era cosa de católicos o de comunistas, y que lo nuestro era salvar almas. Míguez pasó los peores años de Argentina recibiendo a madres de desaparecidos.

Y por sus preguntas de 1961. Todavía hay iglesias que quieren salvar a la gente desde afuera, sin acercarse demasiado, y que se sienten demasiado santas para mezclarse con los problemas del barrio. Jesús se sentaba a comer con quienes nadie quería tener cerca.

Hay que leerlo sabiendo que en los años setenta escribió que el socialismo era, para él, la manera de obedecer su fe en la política, y que esa ponencia causó una discusión fuerte entre los evangélicos de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Con los años habló de una «estrategia de la paciencia», y en 1990 volvió a acercarse a la Fraternidad, invitado por René Padilla.

Y por la manera en que vivió la humildad que les pedía a los teólogos. Le decían «Don José». Su amigo y discípulo, el teólogo Osvaldo Mottesi, lo recordaba con su estilo de «humildad, humanidad y humor». La teóloga bautista Nancy Bedford, también argentina, cuenta que cuando le pidió consejo para su doctorado, él le dio ideas para conseguir becas y después le mandó por correo una hojita escrita a máquina con libros para leer. Y cuenta que al final de su vida, cuando ya no podía dar clase, iba a las clases de sus colegas más jóvenes como un estudiante más.

Donar a este proyecto

Su bibliografía, para ubicarse

Su primer libro de ética, Ama y haz lo que quieras (1972), es corto y pastoral, escrito para el creyente que quiere responder en su vida al llamado de Jesús: «Lo que Jesucristo pone en este mundo es una nueva humanidad, una nueva forma de ser hombre». Espacio para ser hombres (1975) nació de charlas evangelísticas en su pequeña iglesia de Ramos Mejía. La fe en busca de eficacia (Sígueme, 1977) es su obra clásica, y en 1983 publicó en inglés una ética política que en español salió en 2013 como Militancia política y ética cristiana.

En 1977 coordinó Jesús: ni vencido ni monarca celestial, un libro colectivo sobre las imágenes de Jesús que hay en América Latina. A finales de los ochenta trabajó con Justo L. González en la traducción al español de las obras de Juan Wesley, el fundador del metodismo. En 1995 salió Rostros del protestantismo latinoamericano, que nació de unas conferencias que dio en el ISEDET en 1993 y que editó René Padilla en Nueva Creación.

Tres libros para empezar

1. Rostros del protestantismo latinoamericano (Nueva Creación / Eerdmans, 1995). La mejor puerta de entrada para quien viene de una iglesia evangélica: qué somos, de dónde venimos y qué cara tiene cada una de nuestras tradiciones. Se consigue en algunas librerías evangélicas y usado.

2. Ama y haz lo que quieras. Hacia una ética del hombre nuevo (1972). El más corto y el más cercano a Jesús: una ética cristiana para la vida diaria, que vuelve una y otra vez a la vida de Jesús para saber qué es amar en concreto. Solo se consigue usado.

3. La fe en busca de eficacia (Sígueme, 1977). Sígueme es una editorial católica de Salamanca. Es su libro más citado, la versión en español, ampliada, de un libro que había publicado en inglés en 1975: qué tiene que ver la fe con la historia que estamos viviendo. Se consigue en bibliotecas de seminarios y usado.

Este artículo es parte de la serie 11 autores latinoamericanos que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

Cuando una madre le dijo que empezaba a odiar a quienes se habían llevado a su hijo, Míguez le preguntó si quería que orara por ella, y oraron juntos.

«Nuevos comienzos» · PDF · 17 páginas
El primer capítulo, gratis

Cada semana escribo sobre Jesús, la iglesia y la vida real. Si quieres que te llegue, deja tu correo.

Revisa tu correo y confirma — ahí va el capítulo.

Cada artículo nuevo también sale en el canal de WhatsApp. Síguelo y te llega ahí, sin depender de ningún algoritmo.

Si algo de esto te sirvió, te habló al corazón o quieres contarme tu historia, escríbeme a teocotidiana [arroba] gmail.com.

¿Conoces a alguien que cree que ser evangélico es mirar el dolor de los demás desde lejos?
Facebook Telegram X

Todos los días hay algo nuevo en Instagram y en Facebook.

Dona y haz parte de este proyecto

Primero se hace. Después se busca cómo sostenerlo.

Jesús sanaba gratis, y con él andaba un grupo de personas, especialmente mujeres, que sostenía ese camino con sus bienes (Lucas 8:3). Lucas nombra a algunas de ellas: María Magdalena, Juana, Susana, «y otras muchas».

Aquí pasa algo parecido. Lo que acabas de leer es gratis, y cada mes algo de lo que escribo llega a entre 800 mil y 2 millones de personas. No hay publicidad, ni patrocinadores, ni una iglesia detrás: lo sostienen quienes deciden ser parte de esto. A ese grupo te invito.

Un café es una donación a TeoCotidiana: el valor de un café, una sola vez o cada mes, con tarjeta, en Buy Me a Coffee.

Cada café cuenta.

— Tomás Castaño Marulanda

Desde Colombia, sin comisionesNequi o Bancolombia (llave) · 300 424 1270
Por qué pido esto y a dónde va tu café →
Gratis · PDF · 17 páginas

Léete el primer capítulo

Se llama «Nuevos Comienzos» y habla del miedo que da empezar algo. Lo escribí pensando en cuando estaba arrancando el pódcast y llevaba meses sin atreverme a grabar.

Te lo mando al correo. Ese es el único requisito: dime a dónde te lo envío y en un minuto lo tienes.

¿Lo prefieres completo? «Jesús para la vida real» está en Amazon, en papel y en Kindle.

Te llega un correo para confirmar; al confirmarlo recibes el PDF. Y te aviso el día que salga «Dios sigue ocurriendo». No le paso tu correo a nadie y te puedes salir cuando quieras.

Cada artículo nuevo también sale en el canal de WhatsApp. Síguelo y te llega ahí, sin depender de ningún algoritmo.

Si algo de esto te sirvió, te habló al corazón o quieres contarme tu historia, escríbeme a teocotidiana [arroba] gmail.com.

Revisa tu correo. Te llegó un mensaje para confirmar. Dale clic y ahí mismo te mando el capítulo. Si no lo ves en un minuto, mira en Promociones o Spam.
El primer capítulo, gratis «Nuevos Comienzos» en PDF · te llega al correo

Revisa tu correo y confirma.