TeoCotidiana
La Casona de San Marcos, en el centro de Lima, la sede histórica de la universidad en la que estudió Samuel Escobar
Foto: Casona de San Marcos, Lima · Ovruni · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
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Por Tomás Castaño Marulanda

Samuel Escobar: Quién es y tres libros para empezar a leerlo

En los años sesenta, Samuel Escobar descubrió que el único diccionario bíblico que había en español no traía la palabra «pobreza».

Samuel Escobar fue un teólogo evangélico peruano, nacido en Arequipa en 1934 y muerto en Valencia, España, en 2025. Pasó buena parte de su vida recorriendo las universidades de América Latina para acompañar a los grupos de estudiantes evangélicos. Fue el primer presidente de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, una red de teólogos evangélicos del continente, y estuvo en el grupo que redactó el Pacto de Lausana, la declaración de un congreso mundial de evangélicos, en 1974. Con René Padilla y otros latinoamericanos defendió la misión integral: anunciar a Jesús y trabajar por la justicia como una sola tarea.

En los años sesenta, en las universidades de América Latina, se discutía de opresión, de pobreza, de liberación, de revolución, de clases sociales y de reforma agraria. Samuel Escobar trabajaba con los grupos evangélicos de esas universidades, y tenía que ir a la Biblia a buscar con qué responder en los estudios bíblicos y con qué aconsejar a los muchachos y las muchachas sobre su vida y su carrera. Los comentarios bíblicos que había en español, los libros que explican la Biblia capítulo por capítulo, eran traducciones de autores británicos y estadounidenses. Eran libros pensados para lectores de esos países, y no decían nada sobre lo que le preguntaban a Escobar los estudiantes latinoamericanos. Y descubrió que el único diccionario bíblico que existía en español, traducido de una edición estadounidense de 1890, no traía palabras como «pobreza» ni «opresión». Y eso que, como dijo años después, la Biblia «has so much to say about these issues!», «¡tiene tanto que decir sobre estos temas!».

En un escrito de 1970 les hizo una pregunta a los evangélicos, su propia gente: «¿Cómo es que los evangélicos se han vuelto una fuerza conservadora temerosa de cuestionar el status quo y levantar una voz profética […]? ¿No será que la hemos amordazado a la Biblia?».

Quién es Samuel Escobar

Samuel Escobar (1934–2025). Foto: IFES
Samuel Escobar (1934–2025). Foto: IFES

Nació el 28 de noviembre de 1934 en Arequipa, en el sur del Perú. Su papá era oficial de policía. Sus padres se separaron. Estudió la primaria en una escuela de misioneros británicos, donde una maestra neozelandesa, Iza Elder, fue, en sus palabras, «quien primero me hizo entender el mensaje de Jesucristo». A los doce años pasó a un colegio público, y entre quinientos alumnos solo él y otro muchacho eran evangélicos.

En 1951 entró a estudiar letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, y ese mismo año lo bautizaron en la Iglesia Bautista Ebenezer, en Miraflores. En julio de 1953, con dieciocho años, volvía de un congreso de jóvenes bautistas en Río de Janeiro cuando lo recibió en Buenos Aires Juan A. Mackay, un misionero escocés que había vivido nueve años en el Perú y cuyo libro El sentido de la vida había sido, según contó Escobar, «un catalizador de mi conversión consciente a Jesucristo». De ese encuentro, Escobar escribió: «pude ser recibido por el maestro escocés durante una larga y para mí preciosa hora […] Aun me arde el corazón con la memoria».

En 1955 empezó a trabajar con los estudiantes de San Marcos, en los grupos que se reunían a estudiar la Biblia. Por esos años era novio de Lilly Artola, a quien había conocido en la iglesia. Entonces Stacey Woods, el secretario general de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, la red mundial de grupos cristianos universitarios, lo invitó a ser su secretario viajero para América Latina: a recorrer las universidades del continente acompañando esos grupos. Ese trabajo le iba a cambiar la vida a ella también, y antes de cerrar el trato Woods fue a hablar con Lilly. Quería saber si aceptaba «vivir por fe y tolerar a un esposo viajero»: vivir de lo que llegara en donaciones, sin un sueldo fijo, y con el esposo casi siempre de viaje. Lilly le dijo a Woods que sí. En marzo de 1958, Samuel y Lilly se casaron, y tuvieron dos hijos: una hija, también llamada Lilly, y Alejandro. Desde entonces la familia vivió donde ese trabajo la necesitaba: en Córdoba, en Argentina, y en São Paulo; en Madrid, adonde llegaron en 1966 para que Samuel estudiara en la Universidad Complutense, donde más tarde se doctoró con una tesis sobre el pedagogo brasileño Paulo Freire; en Toronto, donde entre 1972 y 1975 dirigió la organización de esos grupos universitarios en Canadá; y otra vez en Argentina, entre 1975 y 1978. Allá, contó años después, «descubrí que estaba bajo vigilancia policial y que, como extranjero, cada vez me sería más difícil continuar mi ministerio pastoral».

A finales de 1978 volvió a Lima, y en 1979 lo ordenaron pastor bautista y entró al equipo pastoral de Ebenezer. En esos años, su esposa, Lilly, descubrió que en una cárcel de mujeres de Lima vivían sesenta niños con sus mamás, sin comida digna y sin camas, y con jóvenes de las iglesias montó un programa con campamentos, una cocina y un comedor. En 1985 se fueron a Filadelfia, en Estados Unidos, donde Samuel enseñó misionología, el estudio de cómo la iglesia lleva el evangelio a otros pueblos y culturas, en un seminario bautista hasta 2005.

En 2004 a su esposa, Lilly, le diagnosticaron alzhéimer. Ya en España, Samuel enseñó hasta 2019 en la facultad de teología de los bautistas españoles, en Alcobendas, al lado de Madrid, y pasó sus últimos años en Valencia, donde vivía su hija. Samuel y su hija cuidaron a Lilly hasta que ella murió, en 2015. Samuel murió en Valencia el 29 de abril de 2025, a los noventa años.

El contexto en que escribió

Escobar creció evangélico en una ciudad que conservaba algo del carácter colonial español, y de sus años de colegio dijo que «ser parte de una minoría se convirtió en una marca de mi identidad». Cuando llegó a San Marcos, en 1951, se encontró con el marxismo, que, contaba, «nunca me convenció del todo», aunque con la miseria del país era «evidente» que hacía falta un cambio. Era un país en el que mucha gente se estaba yendo del campo a la ciudad. En 1950, el 59 % de los peruanos vivía en los Andes, y en los años siguientes miles de campesinos bajaron a vivir en las barriadas, los barrios pobres que crecían en las afueras de las ciudades de la costa. A las universidades de América Latina llegó en 1959 la noticia de la Revolución cubana, y desde entonces Marx fue la voz más influyente en las aulas. Y el poder se tomaba con las armas: en el Perú hubo golpes militares en 1962 y en 1968.

En 1966, en el Congreso Mundial de Evangelización de Berlín, convocado por el predicador estadounidense Billy Graham, le tocó hablar en un panel sobre el totalitarismo, los gobiernos que lo controlan todo y no dejan libertad, como obstáculo para el evangelio. Para los otros ponentes, el totalitarismo era el comunismo. Escobar dijo que en América Latina el obstáculo era «el totalitarismo militar y la derecha política extrema». Al año siguiente, Pedro Arana, otro evangélico peruano, reunió en un libro las conferencias que Escobar había dado en las universidades: Diálogo entre Cristo y Marx; el libro se usó en una campaña evangelística universitaria, y ese año se vendieron diez mil ejemplares.

En noviembre de 1969, en Bogotá, en el primer Congreso Latinoamericano de Evangelización, Escobar presentó una ponencia sobre lo que le toca hacer a la iglesia frente a la pobreza y la injusticia, y según Padilla lo ovacionaron «varios minutos». En diciembre de 1970 nació en Cochabamba, en Bolivia, la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Sus fundadores no querían una teología importada de Norteamérica, y tampoco la que veían como «elitista» en las iglesias protestantes del movimiento ecuménico, el que reúne a las iglesias que buscan la unidad entre ellas. Escobar fue su primer presidente, hasta 1984.

En julio de 1974, Escobar fue uno de los ponentes del Congreso Internacional de Evangelización Mundial, en Lausana, Suiza, un encuentro de unos 2.700 evangélicos de más de 150 países. Antes del congreso, su ponencia circuló por escrito y recibió «setecientas respuestas y comentarios»; con ellos preparó la versión que presentó en Lausana. Lo que dijeron él y René Padilla puso la responsabilidad de la iglesia frente a la pobreza y la injusticia en la agenda de los evangélicos del mundo, y Escobar entró en el grupo que redactó el Pacto de Lausana, la declaración final del congreso. Lo presidía el pastor anglicano británico John Stott.

Decir que la iglesia también tiene que responder ante la pobreza y la injusticia le trajo críticas. Harold Lindsell escribió en Christianity Today, «el cristianismo hoy», una revista evangélica de Estados Unidos, que «Escobar seemed to be saying that socialism is preferable to capitalism», «Escobar parecía decir que el socialismo es preferible al capitalismo». Sus ideas incomodaron incluso a sus compañeros de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos.

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Lo que propone

Anunciar a Jesús y servir son una sola misión. En 1970, Escobar, René Padilla, Orlando Costas y Pedro Arana empezaron a hablar de «misión integral»: la evangelización y la justicia social como partes de la vida cristiana que no se pueden separar. En Lausana, Escobar sostuvo que «la respuesta principal y más poderosa a las necesidades sociales y políticas del hombre, a su búsqueda de libertad, justicia y realización, está dada por Jesús en su propia obra y en la iglesia». Y advirtió contra un evangelio recortado: «Ningún sentido de urgencia por el crecimiento cuantitativo de la iglesia debería llevarnos a callar alguna parte de todo el consejo de Dios». Es decir: por querer más gente en las iglesias, no se puede dejar de predicar parte de lo que la Biblia enseña.

Una teología pensada desde aquí. Dos años después de fundar la Fraternidad, en 1972, escribió: «La reflexión tiene que ser nuestra, nacida de nuestra situación, surgida ante la urgencia de los problemas que la iglesia confronta aquí».

¿Qué Cristo nos predicaron? En un ensayo sobre el Cristo de Iberoamérica escribió que a Cristo lo recibimos envuelto en una historia, y que hay que buscar al de los Evangelios: «Pero este Cristo nos ha llegado en historia. Tenemos que descubrirlo antes que oírlo, tenemos que oírlo antes que aceptarlo. El Cristo de los Evangelios nos quiere confrontar». Cuarenta y dos años después le dedicó a esa búsqueda En busca de Cristo en América Latina, un libro que entra, en sus palabras, en «un mundo fascinante de poetas sacerdotes, novelistas, guerrilleros, profetas sociales, misioneros heterodoxos y agitadores políticos».

La misión desde abajo. Para Escobar, la misión del Nuevo Testamento «fue una misión "desde abajo", llevada a cabo por personas que no representaban un país poderoso o una cultura superior ni tampoco una situación de afluencia económica». Él mismo terminó siendo migrante, y en 2015 dijo: «me siento parte de una diáspora latinoamericana en España».

Por qué lo pongo en esta lista

Porque dejó por escrito cómo le cambió la cara a la palabra «misionero». En A Time for Mission, «un tiempo para la misión», recordaba que en el siglo veinte «the word missionary in Peru was reserved for blond-haired, blue-eyed British or American Christians», «la palabra misionero en el Perú se reservaba a cristianos británicos o estadounidenses rubios y de ojos azules». Y contaba que cada vez más mestizos peruanos, «dark-eyed, brown-skinned», «de ojos oscuros y piel morena», salían como misioneros a las sierras y las selvas del Perú, a Europa, a África y a Asia. Muchas personas en nuestras iglesias crecieron con la idea de que el evangelio llegaba de afuera, con la cara y el idioma de otros. Escobar lo contó para que supiéramos que también sale de aquí.

Y por una pregunta que le hicieron en México. En 1973, después de una conferencia en la Universidad Nacional Autónoma de México, un estudiante le dijo: «My generation is not interested anymore in changing the world following Marxist formulas», «a mi generación ya no le interesa cambiar el mundo con fórmulas marxistas». Lo que buscaban los de su generación, le explicó el estudiante, era desarrollar el increíble potencial que los seres humanos tienen en sí mismos, y le preguntó qué tenía Cristo para ofrecer frente a eso. Escobar le respondió con palabras de Jesús: «yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Juan 10:10).

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Su bibliografía, para ubicarse

Sus primeros libros nacieron de su trabajo con los universitarios: Diálogo entre Cristo y Marx (Publicaciones AGEUP, Lima, 1967) y ¿Quién es Cristo hoy? (Certeza, Buenos Aires, 1970), que escribió con René Padilla y Edwin Yamauchi. Después publicó dos libros en la Casa Bautista de Publicaciones, la editorial de los bautistas en El Paso, Texas. Evangelio y realidad social (1985) reúne, entre otros textos, sus ponencias de Lausana, y La fe evangélica y las teologías de la liberación (1987) trata de la corriente que había abierto en Lima el sacerdote Gustavo Gutiérrez.

Luego vinieron los libros sobre la misión: Tiempo de misión (Semilla y Clara, Guatemala y Bogotá, 1999), del que salió en inglés Changing Tides, «mareas que cambian» (Orbis, Maryknoll, 2002), y The New Global Mission (InterVarsity Press, 2003), que en el Reino Unido se tituló A Time for Mission, aunque no es la traducción de Tiempo de misión, y en español Cómo comprender la misión. Y después, los libros sobre Cristo: En busca de Cristo en América Latina (Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2012) e Imágenes de Cristo en el Perú (Sociedad Bíblica Peruana, 2013).

Tres libros para empezar

1. Cómo comprender la misión. De todos los pueblos a todos los pueblos (Ediciones Certeza Unida, Buenos Aires, 2008; lo distribuye Ediciones Puma, de Lima). Es la versión en español de The New Global Mission. The Gospel from Everywhere to Everyone, «la nueva misión global: el evangelio de todas partes para todos». Escrito para quien no es especialista, explica cómo la misión dejó de salir solo de Europa y Estados Unidos. Empieza por aquí.

2. En busca de Cristo en América Latina (Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2012). Las imágenes de Cristo en nuestro continente, de la Colonia a los poetas, los guerrilleros y la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Tiene casi quinientas páginas, pero se lee por capítulos. Es uno de los libros de teología latinoamericana que ofrecí cuando vendía libros. Para quien quiere saber de dónde salió el Cristo que le predicaron.

3. Tiempo de misión. América Latina y la misión cristiana hoy (Semilla y Clara, Guatemala y Bogotá, 1999). Su panorama breve de la misión cristiana pensada desde América Latina. Para quien quiere entender de dónde viene la iglesia evangélica de nuestros países y hacia dónde puede caminar.

Este artículo es parte de la serie 11 autores latinoamericanos que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

En los años sesenta, el único diccionario bíblico en español no traía la palabra pobreza, y la Biblia tiene tanto que decir de ella.

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