TeoCotidiana
La fachada del Palacio del Santo Oficio, junto a la plaza de San Pedro, en Roma, donde Leonardo Boff respondió por su libro en 1984
Foto: Palacio del Santo Oficio, Roma · Ruthven · CC0 · Wikimedia Commons
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· 12 min de lectura

Por Tomás Castaño Marulanda

Leonardo Boff: Quién es y tres libros para empezar a leerlo

En 1984, el cardenal Joseph Ratzinger convocó a Leonardo Boff a Roma para que respondiera por un libro sobre el poder dentro de la Iglesia. Años antes, ese mismo Ratzinger le había ayudado a publicar su tesis.

Leonardo Boff es un teólogo brasileño, nacido en 1938 en Concórdia, en el sur de Brasil. Fue fraile franciscano y sacerdote, enseñó teología durante veintidós años en Petrópolis y en 1972 publicó Jesucristo el Liberador, un libro sobre Jesús pensado desde América Latina. En 1985 el Vaticano le impuso silencio por Iglesia: carisma y poder, y en 1992 dejó el sacerdocio y siguió escribiendo.

El 7 de septiembre de 1984, Leonardo Boff entró en el Palacio del Santo Oficio, junto a la plaza de San Pedro, en Roma. Tenía cuarenta y cinco años. Allí funcionaba la Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina del Vaticano encargada de vigilar lo que enseñan los teólogos, heredera de la antigua Inquisición. Su prefecto, el cardenal Joseph Ratzinger, que en 2005 sería elegido papa con el nombre de Benedicto XVI, lo había convocado para que respondiera por un libro, Iglesia: carisma y poder. Para respaldarlo, estaban en Roma dos cardenales de su país, Aloísio Lorscheider y Paulo Evaristo Arns. Según contó el periodista Juan Arias, que estaba en Roma, Boff llegó con su hábito franciscano, pidió que rezaran antes de empezar, y él y Ratzinger recitaron juntos el Veni Sancte Spiritus, «Ven, Espíritu Santo». Después hablaron a puerta cerrada durante unas cuatro horas. Años más tarde, Boff lo recordó así: «Me senté donde fueron juzgados todos los juzgados por la Inquisición. [...] Allí se sentaron Galileo Galilei, Giordano Bruno y otros».

Catorce años antes, en 1970, Boff había terminado su doctorado en Múnich. Ratzinger, que entonces era profesor en Alemania, leyó la tesis. Boff lo contó en un texto de su página: «Con el profesor Joseph Ratzinger tengo una deuda de gratitud por haber apreciado mi tesis doctoral. [...] Me ayudó económicamente con una suma considerable de marcos y encontró una editorial para publicarla».

Quién es Leonardo Boff

Leonardo Boff (1938), en la Cumbre de los Pueblos, en Río de Janeiro, en 2012. Foto: Florian Kopp / CIDSE · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons
Leonardo Boff (1938), en la Cumbre de los Pueblos, en Río de Janeiro, en 2012. Foto: Florian Kopp / CIDSE · CC BY 2.0 · Wikimedia Commons

Nació el 14 de diciembre de 1938 en Concórdia, en el estado de Santa Catarina, nieto de inmigrantes italianos del Véneto. Su papá, Mansueto, era maestro, y su mamá, Regina, venía de una familia campesina. Lo bautizaron Genézio Darci Boff; Leonardo es el nombre que tomó en la vida religiosa. Su hermano Clodovis también se hizo teólogo, en otra orden católica, la de los Siervos de María.

Entró al seminario a los trece años y a los veinte se hizo franciscano. Estudió filosofía y teología en Curitiba y en Petrópolis, y en 1964 lo ordenaron sacerdote. Después los franciscanos lo mandaron a Europa: estudió en Würzburg, en Alemania, y en Oxford, en Inglaterra, y en 1970 se doctoró en la Universidad de Múnich con una tesis sobre la Iglesia.

De vuelta en Brasil enseñó teología sistemática, la que ordena y explica lo que la Iglesia cree, durante veintidós años en el Instituto Teológico Franciscano de Petrópolis, y dirigió la Revista Eclesiástica Brasileira, «revista eclesiástica brasileña». En 1993, después de dejar el sacerdocio, entró como profesor de ética, filosofía de la religión y ecología a la Universidad del Estado de Río de Janeiro, de la que es profesor emérito. En 2001 recibió en Estocolmo el Right Livelihood Award, «premio al recto sustento», al que llaman el «Nobel alternativo», por ayudar a la gente a ver lo que une la espiritualidad, la justicia social y el cuidado del medio ambiente. Ha escrito más de sesenta libros. Vive en Petrópolis con la educadora Márcia Maria Monteiro de Miranda.

El contexto en que escribió

Boff se ordenó sacerdote en 1964, el año del golpe militar que dejó a Brasil en manos de una dictadura hasta 1985. En esos mismos años, en los barrios y en el campo, empezaban a reunirse las comunidades eclesiales de base: grupos pequeños de católicos que leían juntos un pasaje de la Biblia y se preguntaban qué tenía que ver con lo que estaban viviendo esa semana: el patrón que no pagaba lo justo, el barrio sin agua, la tierra que les estaban quitando. En 1968, los obispos de América Latina, reunidos en Medellín, hicieron de la justicia y la paz un asunto de la Iglesia. Tres años después, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez publicó Teología de la liberación, el libro que hizo conocer en el mundo a la teología de la liberación.

Boff volvió de Alemania con el doctorado y en 1972 publicó Jesucristo el Liberador. Contó que lo escribió bajo la dictadura y que la policía lo buscaba por su nombre de bautismo, Genézio Darci Boff. Y ubicó los orígenes de su teología de la liberación en Manaos, en la Amazonía, a su regreso de Alemania, con una pregunta: cómo predicarles la resurrección a indígenas que estaban siendo asesinados.

Después escribió desde las comunidades de base y para ellas: Eclesiogénesis en 1977 y El Padrenuestro en 1979. Ese mismo año, los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla, en México, fijaron «la opción preferencial por los pobres»: que la Iglesia se pusiera primero del lado de quienes no tienen lo necesario para vivir. En 1981, Boff publicó Iglesia: carisma y poder. Ahí decía que en la Iglesia católica las decisiones se habían quedado en manos del papa, los obispos y los sacerdotes, y que al resto de los creyentes le tocaba recibir y obedecer. La primera en reaccionar fue la arquidiócesis de Río de Janeiro, la de su propio país: en febrero de 1982, cuando su arzobispo era el cardenal Eugênio Sales, su comisión de doctrina publicó una crítica dura del libro, y Boff respondió por escrito que lo habían leído mal. Después reaccionó Roma. En mayo de 1984, la Congregación para la Doctrina de la Fe le mandó una carta con todo lo que le objetaba al libro. En agosto, Ratzinger firmó un documento que advertía contra las teologías de la liberación que tomaban ideas del marxismo. Y en septiembre llamó a Boff a Roma.

El 11 de marzo de 1985, la Congregación publicó su notificación. Concluía que «las opciones de L. Boff aquí analizadas son tales que ponen en peligro la sana doctrina de la fe». En mayo se supo el castigo: la orden de callar por obediencia. Boff lo describió así: «la imposición de un "silencio obsequioso" que me impedía hablar, enseñar, dar entrevistas y publicar cualquier cosa». También lo apartaron de sus cargos de editor y de profesor. Boff dijo que no era marxista y que iba a obedecer. Se le atribuye una frase de esos días: «Prefiero caminar con la Iglesia que ir solo con mi teología». Según contó después, la sanción la decidieron trece cardenales, y Ratzinger «votó a mi favor, pero perdió la votación».

El silencio se levantó en 1986, menos de un año después, por la presión que llegó de muchos países. Desde entonces, un censor tenía que aprobar todo lo que escribiera. Ese mismo año, Juan Pablo II les escribió a los obispos de Brasil, refiriéndose a una teología de la liberación fiel a la enseñanza de la Iglesia: «estamos convencidos, nosotros y ustedes, de que la teología de la liberación no solo es oportuna, sino útil y necesaria».

En 1992, Roma volvió a amenazarlo con imponerle silencio, como en 1985. Esta vez no se dejó callar. Como fraile franciscano y sacerdote, estaba obligado a obedecer lo que le mandaran sus superiores; para no tener que callarse otra vez, dejó la Orden y el ejercicio del sacerdocio. Lo explicó después: la primera vez había sido un acto de humildad, y aceptó; la segunda era una humillación, y no pudo aceptarla. El 28 de junio de 1992 escribió una carta a sus compañeros y compañeras de camino. En ella dijo que la estructura de poder de la Iglesia no olvida nada, no perdona nada y todo lo cobra, y que dejaba la Orden Franciscana sin dejar el sueño tierno y fraterno de san Francisco de Asís. Desde entonces, la mayoría de sus libros son sobre el cuidado de la Tierra: la tala de los bosques, la contaminación del agua, el calentamiento del planeta, y lo que todo eso les hace a los pobres, que son quienes primero lo sufren.

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Lo que propone

La cabeza piensa desde donde pisan los pies. En El águila y la gallina, de 1997, Boff escribe: «Cada uno lee con los ojos que tiene. E interpreta desde donde pisan sus pies». Y lo resume en portugués con un juego de palabras: «Todo ponto de vista é a vista de um ponto», «todo punto de vista es la vista desde un punto». Para Boff, el lugar desde donde lee un cristiano es el de los pobres. En 2024, en la fiesta literaria de Petrópolis, habló del basural de la ciudad: «Aquí [en el basural] empieza la teología de la liberación, junto con los cerdos y los gallinazos, hurgando la basura para sobrevivir».

El Padre nuestro y el pan nuestro van juntos. En El Padrenuestro, de 1979, comenta frase por frase la oración que casi todos aprendimos de memoria, y muestra que llamar Padre a Dios y pedir el pan son una sola oración. Años después escribió que «solamente está en la herencia de Jesús quien mantenga siempre unidos el Padre Nuestro con el Pan Nuestro. Sólo ese podrá decir Amén».

El poder sagrado también se enferma. En Eclesiogénesis, Boff cuenta cómo las comunidades de base estaban reinventando la Iglesia desde abajo. En Iglesia: carisma y poder sostuvo que los dones que el Espíritu reparte entre los creyentes valen más que la estructura de mando. Roma le reprochó varias frases del libro: que la Iglesia como institución «no estaba en el pensamiento del Jesús histórico», que su forma histórica fue «una mundanización» al «estilo romano y feudal», y que la Iglesia romana sufría una «grave patología», nacida del ejercicio hegemónico del poder sagrado, de la que debía liberarse.

El grito de la Tierra es también el de los pobres. En 1995 publicó Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres. Ahí sostiene que la injusticia social y la destrucción de la naturaleza nacen de la misma lógica de explotación. En 2015, el papa Francisco preparaba una encíclica, una carta a toda la Iglesia, sobre el cuidado de la creación: la Laudato si', «alabado seas». «Él me pidió material para la Laudato si'», contó Boff. Francisco le advirtió que se lo mandara por medio del embajador argentino, y no directamente, para que no se lo interceptaran en la Curia, el gobierno del Vaticano. Y, según Boff, «un día antes de publicarse la encíclica, el Papa todavía mandó que me llamaran para darme las gracias». La encíclica no lo nombra, pero en su número 49 pide «escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres».

Por qué lo pongo en esta lista

Porque el Padre nuestro se reza cada domingo, con su petición del pan de cada día, y a la salida del templo pocas veces alguien se entera de si el vecino tiene con qué hacer el almuerzo. Boff no deja separar esas dos cosas. Alguna vez compartí esa idea suya con mis palabras: «Una iglesia que no es capaz de articular el "Padre nuestro" con el "pan nuestro" no puede decir "Amén"». Lo creo así. La oración que Jesús enseñó pide el pan para todos, y un templo que se olvida del hambre de su barrio está rezando a medias.

Y por cómo lo trataron. Lo llevaron a Roma a responder por un libro sobre el poder dentro de la Iglesia, y la respuesta fue usar ese poder para callarlo. Muchas personas que leen esta página conocen esa historia en pequeño: a quien pregunta cómo se manejan el dinero o la autoridad en su congregación le piden silencio, o le quitan el ministerio. Boff obedeció la primera vez y se fue la segunda. Y aun así, sobre Ratzinger escribió: «La amistad es más fuerte que cualquier doctrina, que siempre es humana».

A Boff lo he puesto, con Gustavo Gutiérrez y Xabier Pikaza, en la lista de los autores que me han acompañado en mi reflexión del evangelio.

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Su bibliografía, para ubicarse

La obra de Boff tiene dos épocas. La primera es la de la liberación, en los años setenta y ochenta: Jesucristo el Liberador (1972), Eclesiogénesis (1977), El Padrenuestro (1979), San Francisco de Asís: ternura y vigor (1981), Iglesia: carisma y poder (1981) y Cómo hacer teología de la liberación (1986), que escribió con su hermano Clodovis. Casi todos salieron en español en Sal Terrae, la editorial de los jesuitas en Santander, y en Paulinas, en Madrid.

La segunda empieza en los noventa y mira a la Tierra: Ecología: grito de la Tierra, grito de los pobres (1995), El águila y la gallina (1997) y Saber cuidar (1999), que en español se llama El cuidado esencial. Los sacó en español Trotta, una editorial madrileña de filosofía y teología, que tiene buena parte de su obra de las últimas décadas. En 2026, Trotta publicó Jesús y su Dios-Abba. Una pequeña cristología; Abba es la palabra aramea, familiar y cercana, con la que Jesús llamaba Padre a Dios.

Tres libros para empezar

1. El Padrenuestro. La oración de la liberación integral (1979; en español, Paulinas, 1982, y nueva traducción en San Pablo, una editorial católica de Madrid, 2023). El Padre nuestro comentado frase por frase, con la oración y el hambre en la misma página. Empieza por aquí: es el más cercano a la vida de todos los días y el más fácil de conseguir.

2. El águila y la gallina. Una metáfora de la condición humana (1997; en español, Trotta, 1998). Parte de una parábola africana: un águila criada entre gallinas. Es corto, se lee como un relato y no tiene tecnicismos. Para quien nunca ha leído teología.

3. San Francisco de Asís: ternura y vigor (1981; en español, Sal Terrae, 1982). Francisco de Asís leído desde los pobres, con la ternura, la pobreza y la creación juntas. Ahí está la raíz de lo que Boff escribió después sobre la Tierra. Para quien quiera conocer su espiritualidad franciscana.

Este artículo es parte de la serie 11 autores latinoamericanos que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

Quien reza el Padre nuestro y se olvida del pan nuestro todavía no puede decir amén.

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