TeoCotidiana
Una calle empinada de La Candelaria, el centro antiguo de Bogotá, la ciudad donde René Padilla pasó su infancia
Foto: calle 11, barrio La Candelaria, Bogotá · Felipe Restrepo Acosta · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons
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· 12 min de lectura

Por Tomás Castaño Marulanda

C. René Padilla: Quién es y tres libros para empezar a leerlo

Hacia 1940, camino de la escuela, en una calle de Bogotá, a un niño de siete años le tiraron piedras por ser evangélico. Le quedaron cicatrices.

C. René Padilla fue un teólogo evangélico ecuatoriano, nacido en Quito en 1932 y criado en Colombia. Vivió desde 1967 en Buenos Aires y fue uno de los fundadores de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Le puso nombre a la misión integral, la convicción de que anunciar a Jesús y servir a la gente van juntos. Murió en Buenos Aires en 2021.

Hacia 1940, René Padilla tenía siete años y vivía en Bogotá. Su familia había salido de Quito cuando él tenía dos, por la crisis económica, y su papá, que era sastre, plantaba iglesias evangélicas en Colombia. A la familia le atacaron las casas con bombas incendiarias, y hubo varios intentos de matarlos a él y a su papá. Un día, camino de la escuela, en las calles de Bogotá, a René le tiraron piedras por ser evangélico. Le quedaron cicatrices. «En Colombia tenías que identificarte como cristiano evangélico, y si lo hacías, tenías que pagar las consecuencias», recordó años después.

De vuelta en Quito, ya adolescente, un profesor del colegio Mejía le preguntó si la fe cristiana tenía algo que aportarle a la realidad de América Latina. Padilla se llevó esa pregunta a Estados Unidos, y allá, con todas las herramientas que le dieron para estudiar la Biblia, no encontró una respuesta clara. La respuesta la armó después, de vuelta en el continente, y la llamó misión integral.

Quién es C. René Padilla

C. René Padilla (1932–2021). Foto: Fraternidad Teológica Latinoamericana, vía Christianity Today
C. René Padilla (1932–2021). Foto: Fraternidad Teológica Latinoamericana, vía Christianity Today

Se llamaba Carlos René Padilla y nació en Quito el 12 de octubre de 1932, hijo de Dolores Jijón y Carlos Padilla, que se habían hecho evangélicos antes de que él naciera. Antes de cumplir dieciocho años, ya de regreso en Quito, predicaba en la radio HCJB, La Voz de los Andes, en la cárcel y al aire libre.

En 1953 llegó a Wheaton College, una universidad evangélica de Illinois, en Estados Unidos, con dinero prestado y casi sin hablar inglés. Las clases empezaban en enero de 1954, y mientras tanto trabajó en el comedor de los estudiantes para pagar esa deuda. Estudió filosofía y teología, y de ese tiempo escribió después: «Los seis años que pasé en Wheaton […] me mostraron la posibilidad de ser cristiano sin cometer un suicidio intelectual».

Al terminar en Wheaton, en 1959, no se quedó en Estados Unidos. Se puso a trabajar con la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, la CIEE, la red de grupos evangélicos de universitarios, y empezó a recorrer las universidades de Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador. A Catharine Feser, una estadounidense que había conocido en Wheaton, le hizo una propuesta doble: casarse con él y casarse con América Latina. Se casaron en 1961, y ella editó casi todo lo que él escribió. Entre 1963 y 1965 hizo el doctorado en Nuevo Testamento en la Universidad de Manchester, en Inglaterra, con el biblista F. F. Bruce. Y con la CIEE la familia se fue mudando por el continente: primero Bogotá, después Lima y, desde 1967, Buenos Aires, donde Padilla dirigió la editorial Ediciones Certeza y fue pastor de la Iglesia Bautista de La Lucila.

Si alguna vez has leído la Biblia en la Nueva Versión Internacional, la NVI, esa traducción salió de un comité que Padilla dirigió junto con Luciano Jaramillo. Se publicó completa en 1999. Le ofrecieron muchas veces puestos en Estados Unidos, y escogió quedarse en América Latina, pastoreando entre los pobres.

Catharine murió en 2009, y años después él se casó con Beatriz Vásquez. Tuvo cinco hijos; una de sus hijas, Ruth Padilla DeBorst, es teóloga. Pasados los ochenta y cinco años terminó de editar el Comentario Bíblico Contemporáneo, con más de cien autores, en el que trabajó más de una década. Murió en Buenos Aires el 27 de abril de 2021, a los ochenta y ocho.

El contexto en que escribió

En 1959, el año en que Padilla empezó a recorrer las universidades con la CIEE, la Revolución cubana derrocó a Fulgencio Batista, el dictador de Cuba, y sacudió a los universitarios del continente. Como anotó años después Christianity Today, «el cristianismo hoy», una revista evangélica estadounidense, la mayoría de los materiales evangélicos que circulaban en América Latina tenían poco que decir sobre el atractivo del marxismo.

Entre los evangélicos, en cambio, los congresos, los libros y los temas llegaban casi siempre de Estados Unidos. En noviembre de 1969, la asociación del predicador estadounidense Billy Graham organizó en Bogotá el primer Congreso Latinoamericano de Evangelización, el CLADE I, y Padilla lo llamó made in the USA, «hecho en Estados Unidos». Un año después, en diciembre de 1970, veinticinco personas se reunieron en Cochabamba, Bolivia, y fundaron la Fraternidad Teológica Latinoamericana, la FTL. Padilla estaba entre ellas. La Declaración de Cochabamba describió a la iglesia como «una comunidad que expresa el espíritu de justicia, misericordia y servicio que el Evangelio implica».

En 1973, Christianity Today publicó su primer artículo sobre la teología de la liberación, y lo escribió Padilla. Les pidió a los evangélicos conservadores que revisaran sus prejuicios contra esa teología, aunque él tampoco la aceptaba, y preguntó: «¿Dónde está la teología evangélica que propondrá una solución con la misma elocuencia pero también con una base más firme en la Palabra de Dios?».

En julio de 1974 se reunieron en Lausana, Suiza, unos 2.500 líderes evangélicos de más de 150 países, en el Congreso Internacional de Evangelización Mundial, financiado sobre todo por la asociación de Billy Graham. Padilla tenía una de las ponencias principales. El día de su charla, en la casa de Buenos Aires, Catharine reunió a los hijos alrededor de un atlas. Ruth recuerda lo que les dijo su mamá: «Hoy, cuando dé su charla aquí, en Lausana, Suiza —dijo mientras señalaba la ciudad en el mapa—, Papi dirá algunas cosas que no todos van a querer escuchar. Oremos por él y por que la gente lo escuche».

Habló en la mañana del tercer día, y según el editor de la revista Crusade, «cruzada», recibió «la ronda de aplausos más larga concedida a cualquier orador hasta ese momento». Con Samuel Escobar puso en el centro del congreso la responsabilidad de la iglesia frente a la pobreza y la injusticia, y parte de lo que dijeron los dos quedó en el Pacto de Lausana, el documento final. Después del congreso, Oliver Barclay, el secretario general de InterVarsity, la red de estudiantes evangélicos del Reino Unido, no estuvo de acuerdo con el fondo de la ponencia e intentó frenar la influencia de Padilla.

En 1976, el año del golpe militar en Argentina, Padilla fue uno de los fundadores de la Fundación Kairós, en Buenos Aires. En Kairós recuerdan lo que trajo ese año: «Junto con los riesgos de secuestro llegaron las preguntas urticantes: ¿Qué tiene que ver el evangelio con la pobreza, la injusticia, las dictaduras?». En 1982, cuando buena parte del pueblo evangélico argentino apoyaba la guerra de las Malvinas, el grupo de Kairós la denunció como una estrategia de la dictadura.

Aun así, pasaron treinta y seis años. Fue en 2010, en el tercer congreso, en Ciudad del Cabo, cuando «por primera vez, la misión integral se incluyó en los documentos oficiales del movimiento de Lausana». Y en 2017, en Río de Janeiro, una facultad de teología de las Asambleas de Dios, una de las iglesias pentecostales, suspendió una actividad porque algunos de sus directivos dijeron que Padilla, el invitado principal, «es un cristiano marxista». El teólogo colombiano Harold Segura recordó entonces que ya en los años setenta y ochenta a quienes hablaban de la responsabilidad social de las iglesias los tildaban de comunistas: «René sufrió esas diatribas de parte de sus hermanos evangélicos».

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Lo que propone

Las dos alas. Padilla sacó el nombre de misión integral del pan integral que hacía en su casa. Para explicarla usaba una imagen: anunciar el evangelio y servir a la gente son «como las dos alas de un avión». En Lausana se negó a que la iglesia tuviera una tarea de primera y otra de segunda: «Me niego [...] a abrir una brecha entre una tarea principal, a saber, la proclamación del Evangelio y una tarea secundaria (en el mejor de los casos) o incluso opcional (en el peor) de la iglesia. [...] Porque el amor a Dios es inseparable del amor a [las personas]; porque la fe sin obras está muerta; porque la esperanza incluye la restauración de todas las cosas en el Reino de Dios».

Un Robinson Crusoe en su isla. En esos años usó al náufrago de la novela para describir la predicación que le habla a cada persona como si viviera sola: «La falta de apreciación de las dimensiones más amplias del Evangelio conduce inevitablemente a un malentendido de la misión de la iglesia. El resultado es un evangelismo que considera al individuo como una unidad autocontenida, un Robinson Crusoe al que se dirige el llamado de Dios como si estuviera en una isla». Y lo dijo en primera persona: «Jesucristo no vino sólo a salvar mi alma, sino a formar una sociedad nueva».

Cristianismo-cultura. Treinta y cuatro años después recordó lo que había dicho en Suiza: «condené la identificación del cristianismo con "el estilo de vida estadounidense" y argumenté que "la Iglesia debe ser liberada de cualquier cosa en su cultura que le impida ser fiel al Señor en el cumplimiento de su misión dentro y fuera de la propia cultura"». A un evangelio que deja intacta la manera de vivir y se acomoda al ánimo de la época lo llamó culture Christianity, «cristianismo-cultura».

Iglesias segregadas. Allí también se enfrentó al iglecrecimiento, un método para que las congregaciones crezcan en número. Ese método sostenía que crecen más rápido si reúnen a gente parecida, y Padilla denunció «la mundanalidad implícita en la tesis de que "a la gente le gusta estar con los de su propia raza y clase y, por lo tanto, debemos plantar iglesias segregadas, que sin duda crecerán más rápido"».

La teología es de todo el pueblo. En ¿Qué es la misión integral? escribió: «La teología, como la misión, no es propiedad de una elite: es una responsabilidad y un privilegio de todo seguidor de Jesucristo». Dedicó mucho tiempo a ayudar a otras personas a publicar, y poco a sus propios libros.

Por qué lo pongo en esta lista

Porque le puso palabras a una costumbre que muchos conocemos: orar por el enfermo y despedirlo sin preguntarle si tiene con qué comprar los remedios. «Yo creo que en América Latina por mucho tiempo hemos trabajado como si la gente no tuviera cuerpo, solo tuviera alma», decía Padilla. Yo también creo que no se puede predicar la salvación del alma sin mirar al Jesús que sanaba cuerpos, que les daba de comer a quienes lo seguían y que tocaba a quienes nadie tocaba. Y si en tu iglesia te enseñaron que ocuparte del hambre de tu barrio era distraerte del evangelio, sus libros te van a servir.

También porque sus libros pasaron por mis manos. Cuando distribuía en Colombia los libros de Kairós, tenía unas pocas unidades de tres títulos suyos, los mismos tres que recomiendo abajo. Cuando estuvo enfermo, pedí oración por él y escribí que era «un referente innegable de la teología latinoamericana».

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Su bibliografía, para ubicarse

Entre sus libros están El Evangelio hoy (Certeza, 1975) y Mission Between the Times, «misión entre los tiempos» (Eerdmans, 1985), su obra central, que salió en español como Misión integral (Nueva Creación, 1986). Eerdmans es una editorial estadounidense, y Nueva Creación fue el sello en español que Padilla dirigió con ella entre 1986 y 1994.

En la Nochebuena de 1994, Eerdmans le comunicó que cerraba Nueva Creación «unilateralmente y sin consulta», porque no era rentable. Padilla respondió: «¡Pues iniciaremos nuestra propia editorial!». Así nació Ediciones Kairós, en Buenos Aires, y su primer libro fue sobre el sida. Allí salió casi todo lo que vino después: Discipulado y misión (1997), Misión integral y pobreza (2001) y La iglesia local como agente de transformación (2003), estos dos con Tetsunao Yamamori, y ¿Qué es la misión integral? (2006). El último libro que coordinó fue Raíces de un evangelio integral (Kairós, 2021), y alcanzó a verlo circular antes de morir.

Tres libros para empezar

1. ¿Qué es la misión integral? (Ediciones Kairós, 2006). Empieza por aquí. Son 128 páginas de textos cortos, con guías para leer en grupo. Padilla explicaba que se habían usado tanto porque «son breves, van al grano, no desperdician palabras y éste es el tipo de lectura para gente ocupada». Sirve para el grupo de la iglesia o de amigos que quiere leer algo juntos.

2. Misión integral. Ensayos sobre el Reino de Dios y la Iglesia (Nueva Creación, 1986; segunda edición revisada y aumentada, Ediciones Kairós, 2012). Reúne los ensayos que salieron de Lausana y de la discusión con el iglecrecimiento. La edición de Kairós suma un ensayo sobre la historia de la idea. Para cuando el primero te haya dejado preguntas.

3. Una iglesia capaz de volver a pensar la misión (Ediciones Kairós). Un libro de 126 páginas sobre la iglesia local, pensada, según la presentación de Kairós, «a la luz de Pentecostés… la unidad, la koinonia y el amor». Koinonía es la palabra griega del Nuevo Testamento para la comunión, la vida compartida. Para quien se pregunta qué tendría que cambiar en su propia congregación.

Este artículo es parte de la serie 11 autores latinoamericanos que hay que leer para entender el evangelio: un artículo por cada uno, con quién es, de dónde viene y por dónde empezar.

En Buenos Aires, Catharine señaló Lausana en el atlas y les advirtió a sus hijos que su papá diría cosas que no todos iban a querer escuchar.

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